"Dando la vida por la abundante Redención"

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Capítulo II

Terminología de la redención

La redención es, pues, una acción esencialmente liberadora y salvadora de Dios realizada en Cristo.  El hombre es liberado de la esclavitud del mal y salvado de la muerte eterna.  En la muerte de Cristo Dios desvela al hombre la naturaleza íntima de la situación en que se halla ante Él… En el Resucitado, Dios ha creado una humanidad nueva que devuelve a su creador la vieja humanidad alejada de Él por el pecado y la muerte”[1].

Vocabulario de la redención

           Hace mucho tiempo, J. F. Sollier escribía en una enciclopedia católica esta definición sobre la redención:

“Es la restauración del hombre, de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios, a través de las satisfacciones y méritos de Cristo… En el Nuevo Testamento, es el término clásico que designa el "gran precio" (I Cor., vi, 20) que el Redentor pagó por nuestra liberación… Por parte del hombre, es doble, liberación de la esclavitud del pecado y restauración a la anterior adopción Divina y esto incluye el completo proceso de vida sobrenatural de la primera conciliación, a la salvación final. Ese doble resultado, a saber la satisfacción de Dios y la restauración del hombre, es provocado por el oficio vicario de Cristo que trabaja a causa de las acciones satisfactorias y meritorias realizadas en nuestro nombre”[2].

 

Esta descripción que hace Sollier, redactada con rigor teológico, refleja el estado de la cuestión a finales del siglo diecinueve y principios del veinte (la publicación es del 1907).  Es un escrito coyuntural, pues marca el paso de un siglo a otro.  Hoy día nos encontramos ya en la primera década del siglo XXI, también en un paso coyuntural entre el siglo veinte y el veintiuno, y también entre el segundo y el tercer milenio. 

            Conviene ver algunos de los vocablos con que se suele identificar el concepto de salvación y redención.  Para esto nos valemos de las aclaraciones que hacen Joseph Doré y otros autores[3].

1.     Redención [apolytrosis]:

 

“Este primer término es probablemente el que ha sido asociado con mayor frecuencia a la palabra “salvación”.  De este modo, junto al misterio de la encarnación aparece el de la redención, otorgada por Dios a los hombres y consumada para ellos por Jesucristo… Efectuada por Dios mismo en Jesucristo, la redención es salvación del pecado, cuyo perdón anuncia y realiza… Se subraya claramente el carácter gratuito de tal salvación… Finalmente, el término señala el aspecto oneroso o exigente del conjunto del proceso salvífico.  Por su muerte, caracterizada como sacrificio que asegura la expiación del pecado, Jesús “merece” salvación para los hombres”[4].

 La redención anuncia el perdón del pecado, por la bondad infinita de Dios.  No sólo lo anuncia, sino que lo lleva a término, lo realiza efectivamente.  En la redención se conjuga misteriosamente la justicia de Dios que exige ajustar cuentas con el ser humano, con la misericordia.  Justicia y misericordia van mano a mano, sin ser opuestas, sino complementarias.  Hasta podría afirmarse que, en la misericordia, Dios revela su más perfecta justicia. 

Pero esa redención no ha sido alcanzada por el ser humano por sus propios medios.  Es Dios quien toma la iniciativa.  Así como es Dios quien toma la iniciativa para sembrar el don de la fe en nosotros, y es Él quien toma la iniciativa para darse a conocer al ser humano, también en la redención, es Dios quien toma la iniciativa.  La gratuidad de la redención es uno de los anuncios esenciales del Nuevo Testamento.  Cuando nosotros estábamos esclavizados por el pecado, fue Dios quien rompió las coyundas de nuestra esclavitud, quien cortó las junturas que tenían atadas nuestra libertad.

El misterio de la iniquidad queda retratado completamente en su aspecto horroroso en la cruz de salvación.  La redención no fue una obra simple, una respuesta fácil al problema del pecado y del mal.  Costó lo más precioso que existe en la creación: la vida humana misma del autor de la vida.  Lo que demuestra el peso asombroso del pecado es el hecho que, para ser liberado del mismo, el ser humano era incapaz de hacerlo solo.  Hemos sido comprados (redimidos) a un gran precio.  Nadie puede imaginar mayor don que el de la redención. Porque colgado del madero de condena, el Inocente de todo, carga con la culpa de todos.  La redención no ha sido un elemento jocoso en la historia de la salvación.  El escándalo de la cruz revela la gravedad del pecado.  Pero en la pedagogía exquisita de Dios, allí donde nosotros sembramos pecado y muerte, Él sembró salvación y gracia.  Nosotros enterramos nuestros pecados bien clavados a la cruz de Jesús, sujetando sus manos y sus pies, como para desafiarlo y no permitirle obrar.  Pero maniatado y vilipendiado, con manos y pies impedidos para salvar, Dios salva al ser humano, cuyo pecado llevó a su propio Hijo a la cruz. 

Eternamente, el amor mutuo del Padre hacia el Hijo y del Hijo hacia el Padre, es la fuerza que los une inseparablemente.  En la cruz, a primera vista, parecería que los seres humanos hubiéramos roto ese vínculo eterno de amor entre Padre e Hijo.  Pero con la mejor visión que nos da la fe, vemos que en el quebranto y la debilidad de la cruz, está también revelado el amor mutuo entre Padre e Hijo.  No, el pecado no logró romper el lazo eterno de amor entre Padre e Hijo.  Precisamente cuando el pecado y la muerte pensaban que habían vencido, al ver al Hijo de Dios hecho hombre aplastado como gusano en la cruz, Dios demuestra que su amor es omnipotente, y que no se amilana ante el pecado de los seres humanos.  El pecado, a primer vista, sólo a primera vista, parece haber vencido en el Calvario.  Pero el leño de muerte que enterramos en el montículo del Calvario, Dios lo convirtió en semilla del reino, en causa de salvación.

2.     Liberación:

 

“En aquellos a quienes beneficia, la salvación designada por este término se realiza como una liberación; se presenta como un alejamiento de la cautividad del pecado y de la esclavitud que implican las “pasiones”, los “poderes de este mundo”, la muerte, etc. Sólo en tiempos recientes se ha utilizado el término “liberación” para designar a la totalidad de la salvación, hasta el punto de haberse llegado a convertir esta palabra en un sustituto puro y simple de la “redención” tradicional…  Por una parte, insiste en un aspecto… político. Según esta perspectiva, el signo y el criterio del acontecimiento de la salvación se consideran realizados en la liberación con respecto a todas las formas de explotación económica, opresión política y violencia institucional.  Por otra parte, se encuentra subrayada… su dimensión de proceso dinámico, de devenir histórico; la salvación incluye luchas y combates… avances y retrocesos, y se abre camino a través de todo este conjunto de condiciones y de condicionamientos que tienden, por el contrario, a desdibujar todas aquellas concepciones de la salvación que valoran sus dimensiones de interioridad y/o eternidad”[5].

 

La palabra libertad apunta a una necesidad básica del ser humano.  Para poder existir, el ser humano necesita la libertad.  Quítale la libertad legítima a un ser humano y lo destruyes.  Libertad y liberación son dos términos que están muy de moda, desde el siglo pasado.  Se habla de la necesidad de liberación en todos los ámbitos:  liberación política, cultural, social, ecológica.  En el ser humano hay un instinto innato que renuncia a lo que sea esclavitud.  Donde el ser humano encuentra su felicidad es en la libertad.

Libertad y liberación son sinónimos frecuentes de redención. Libertad y liberación que incluyen los procesos intrahistóricos de la humanidad, pero que también van más allá.  La libertad que busca el ser humano siempre será una libertad limitada y temporal en este mundo.  La libertad auténtica, que tiene sus raíces en la transformación de este mundo actual, extiende también su horizonte a la vida del más allá.  No podemos llegar a la libertad plena del cielo sin haber hecho nuestra parte en la transformación de este mundo actual. 

3.     Reconciliación [καταλλάσσω, katallássō]:

 

 

Otro de los términos utilizado como corolario de la redención, como uno de sus

resultados, es la reconciliación.

 

“En sí, el término remite a una separación a la que pone fin, a una ruptura que se supera supuestamente.  En el contexto cristiano se piensa en primer término en la ruptura con Dios y, por tanto, en el pecado, que supone el perdón de Dios… Mientras reconcilia a los hombres con Dios, la salvación los sitúa en una relación para con él, que verifica todas las prerrogativas de la filiación: recepción de la vida, participación de la existencia, privilegio de una solicitud y una protección constantes… Pero el que dice filiación en relación con un padre dice fraternidad con respecto a todos aquellos que dependen de su paternidad.  La salvación en cuanto reconciliación con Dios es inconcebible sin la reconciliación con los hermanos…”[6]

“Cabe reconocer, sin embargo, otras dos dimensiones más en esta tercera manera de expresar la salvación… Se sitúa en un primer plano la necesidad de una reconciliación de los hombres con la naturaleza, con su mundo.  Sin ella, como recuerdan las campañas ecologistas, no hay posibilidad de salvación para los hombres en un plazo más o menos largo.  Existe finalmente una reconciliación que no cabe olvidar sin más: es aquella por la que estamos en paz con nosotros mismos, liberados de la ansiedad, capaces de no desfallecer como consecuencia de nuestras propias insuficiencias y errores cotidianos, y serenos ante la realidad, sea cual sea”[7].

“La salvación sólo depende de la iniciativa, benevolencia y misericordia gratuitas de Dios”[8].

                La antropología teológica no puede olvidar el estado del ser humano bajo la influencia del pecado.  La doctrina sobre el pecado original y toda clase de pecado no tendría sentido sin la cruz, pues en la cruz es que descubrimos la verdadera maldad del pecado.  Así como el pecado original originante tuvo consecuencias para toda la humanidad, así la redención tiene consecuencias para toda la humanidad.  Es más, la reconciliación, que es consecuencia de la redención, podría verse como el reverso del pecado original.  Pero la reconciliación resultante de la obra redentora de Cristo sobrepasa por mucho la carga del pecado.  Es que Dios no sólo nos perdona el pecado en atención de los méritos de Cristo en la cruz, sino que va más allá.  Aparte de perdonarnos, nos coloca en una adopción filial o filiación adoptiva con él, por medio de Cristo, por el poder del Espíritu Santo.  Esa filiación adoptiva no es un mero título, sino que es la que nos consigue la participación en la vida divina, la dignidad inquebrantable de los hijos e hijas de Dios.  Nos pone en relación con el Padre Bueno que Jesús predicó, y por esa relación no pone en fraternal relación con los demás.  Por eso, la reconciliación obtenida gracias a la redención, no sólo nos reconcilia con Dios, sino también con los hermanos, con toda la creación, y sobre todo con nosotros mismos.

                Junto a la importante terminología de redención, salvación, y liberación hay otros términos igualmente importantes, como, expiación, y justificación.  Veamos lo que nos dicen esos vocablos.

4.     Expiación [‘ιλασμός, hilasmós]:

“El pensamiento básico de la palabra griega hilasmós es el esfuerzo humano por hacerse propicio el poder inquietante… de los demonios y los dioses, fortaleciendo su propio quehacer con el empleo de fuerzas sobrehumanas. El acto de hacerse propicias las divinidades se realiza en las acciones litúrgicas, en la que tiene lugar víctimas humanas o de animales, ritos de purificación, oración, y también danzas y juegos… En Heb 2, 17 aflora el ritual del día de la reconciliación.  Se describe a Jesús como el sumo sacerdote fiel que expía los pecados del pueblo… Jesús fue determinado y legitimado por Dios para llenar lo que, en realidad, ni las acciones expiatorias del AT ni las de la historia de la religión habían llegado a conseguir… El resultado de la expiación de Jesús es la superación de la culpa y la oferta del perdón al nuevo pueblo de Dios”[9].

No hay duda que la acción de Dios en la redención es la primordial y única necesaria.  Pero en todas las religiones universales aparece el fenómeno de la expiación.  En lo recóndito del inconsciente humano se constata el deseo de hacerse agradable a la divinidad.  Esto se ve en la práctica de los sacrificios a las deidades de todas las religiones mundiales.  El sacrificio es una ofrenda sensible al Ser Supremo que denota externamente una actitud interna de adoración y obediencia hacia Él. El Ser Supremo ofrece favor, perdón, bendición.  El fin del sacrificio es establecer una comunicación con Dios. 

Las religiones védicas hablan del sacrificio a Agni y Soma, el zoroastrianismo en su Avesta atestigua el sacrificio ofrecido a Ahura Mazda para obtener su favor.  Algo semejante pensaban los antiguos griegos hacían ofrendas y ofrecían oraciones a los dioses, al igual que los antiguos romanos, quienes desarrollaron un politeísmo extremo, donde todas las acciones humanas estaban protegidas y condicionadas por los dioses, los genios, los lares y otros protectores espirituales.  En el panteón romano convivían pacíficamente las deidades recogidas de todos los pueblos.  Los chinos, por su parte, que se distinguen por el culto a los ancestros, expresan su fe en los sacrificios, especialmente en el confucianismo.  En éste el emperador es el sacerdote supremo que ofrece sacrificio a Dios.  Entre los egipcios, los templos guardaban las imágenes de los dioses, sus tesoros y vasos sagrados, donde sólo los sacerdotes podían entrar.  A esas imágenes se ofrecía comida y bebida diaria como signos de propiciación.  De igual manera, hallamos rasgos del sacrificio ritual en las culturas babilónicas y asirias.  Los sacrificios eran considerados como los banquetes de los dioses, ante quienes se quemaban fragancias agradables, para obtener su favor.  Más conocidos por los ambientes bíblicos son los sacrificios de Canaán, muy vinculados a la fertilidad de la tierra, que igualmente buscaban agradar a las deidades de la creación.

La religión cristiana es heredera de la rica tradición judía, cuyas prácticas litúrgicas se desarrollaban en torno a los sacrificios. No se permitía el sacrificio humano, porque sólo Dios Yahvé tiene poder sobre la vida.  Pero sí existían muchos tipos de sacrificios, para agradar a Yahvé, incluyendo el derramamiento de la sangre de un animal como sustituto de la sangre humana. También existía el sacrificio por el cual se ofrecían el pan y el vino, el incienso, las lámparas encendidas en el candelabro de oro, el holocausto, las primicias ofrecidas el segundo día de la pascua judía, y el pan y las primicias ofrecidas en Pentecostés.

Para el cristianismo, sin embargo, existe un solo sacrificio, el de Cristo en la cruz, que cumple con todas las expectativas de expiación y reconciliación de los antiguos ritos y sacrificios.  La carta a los Hebreos 2, 17ss, en una excelente muestra de la escritura griega refinada, explica cómo el sacrificio de Cristo supera a todos los demás sacrificios precedentes.  En la cruz coinciden la víctima, el altar del sacrificio y el sacerdote que ofrece la víctima sobre el altar, sin necesidad de repetir dichos sacrificios cada año, pues su sacrificio satisface perfectamente y nos hace agradables a Dios. 

Si por una parte la redención supone el favor y el perdón de Dios, por otra parte supone la actitud de quien recibe estos dones.  Para acercar a nosotros el favor de Dios, debemos expiar, hacernos agradables a Él.  Sólo que, en nuestra fe cristiana, lo que nos hace agradables a Dios no es nuestro esfuerzo humano sin más, sino la expiación ofrecida por Cristo en nombre de toda la humanidad.  Él es quien nos obtiene el favor de Dios, quien nos hace agradables a Él.  Al ofrecer el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo en la eucaristía, la Iglesia ofrece el sacrificio supremo sacramentalmente, uniéndonos a la cruz del perdón y reconciliación.

5.     Justificación [δικαίωσις, dikaíōsis]

 

San Pablo es quien más insiste que:

 

 

“esta justicia de Dios se manifiesta en que Dios, ante el pecado de la humanidad, no se deja llevar, por decirlo así, de su ira, sino que, a pesar de la actitud rebelde del hombre, hace prevalecer su salvación y su soberanía.  La trasgresión de uno (Adán), su desconfianza para con Dios ha traído la desconfianza a la humanidad y así ha sido ocasión de condenación para todos.  Ahora, la acción justificadora (δικαίωμα, dikaíōma) de uno (Cristo), su confianza absoluta en aquel que justifica a los impíos, ha hecho posible para la humanidad la confianza incondicional en Dios, no obstante la maldición del pecado.  Esto conducirá a la justificación (δικαίωσις, dikaíōsis) de la humanidad, a que ésta reciba el don de la justicia… Ningún hombre se justifica por las obras de la ley, ni, por tanto, fundándose en una obediencia perfecta… ciertamente, no hubiese sido necesario que Cristo muriese si hubiese sido posible la δικαωσύνη, dikaiosýnē por medio de la ley…  Pablo concluye de aquí que el hombre sólo puede ser justificado por la fe en Cristo, es decir, por pura confianza en la gracia de Dios… Puesto que el creyente ha muerto con Cristo al pecado y ha sido justificado, sólo vive ya para Dios… Al igual que la resurrección es la anticipación de la manifestación de la soberanía universal de Dios, la justicia en el nyn kairô, en el tiempo presente, es la anticipación de la justicia de Dios que tendrá lugar en la parusía”[10].

          Estos vocablos nos dan una idea general de la semántica de la redención.  Cuando una palabra como “redención” tiene un horizonte semántico tan rico es porque su contenido es muy abarcador.  Ninguna palabra o concepto por sí mismo y aisladamente, podrá agotar la riqueza de su significado.   Pasemos ahora a un estudio más detallado de algunos términos directamente utilizados en el sentido de redención, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Terminología básica:  Lytron, lytrousthai, lytrosis, apolytrosis, agorazein, g’l y pdh.

          Comencemos aclarando los términos tradicionales con que la Sagrada Escritura se refiere a la redención.

 

“El griego emplea principalmente dos términos para expresar la idea de redención: los derivados de lytron (lytrousthai, lytrosis, apolytrosis, etc.) y el verbo agorazein.  Lytron expresa la idea de desligar y de liberar.  De aquí el sentido de redimir o rescatar a un cautivo, mediante el pago del valor de la persona redimida de la esclavitud… Esta forma griega traduce dos radicales hebreas, g’l y pdh. 

 

            Agorazein y exagorazein originariamente se refieren a todo lo relacionado con la plaza pública… Más frecuente es el sentido de comprar lo que se vende en la plaza y, por extensión, ir al mercado y, sobre todo, comprar…    

 

            El go’el es el pariente más próximo a quien corresponde velar por la familia.  Así interviene cuando algún miembro o parte de la familia ha caído en la esclavitud o ha perdido sus bienes… El go’el es igualmente el “vengador de sangre”, es decir, el que debía castigar al asesino de un familiar…

 

            En el ámbito religioso este término es utilizado para expresar la relación privilegiada de Israel con su Dios.  Dios es el go’el de Israel.  En Ex 6, 6 Yahwéh se manifiesta a Moisés como el liberador de la esclavitud egipcia: ‘yo os libraré de la esclavitud y os rescataré.’  El sentido de liberación y de redención van juntos… Israel es un pueblo redimido que se ha hecho propiedad de su Dios”[11].

 

El ágora, la plaza pública, es el lugar preferido de comercio entre las gentes en la antigüedad.  Algo de eso prevalece aun hoy día en los centros comerciales modernos, donde se realizan múltiples transacciones comerciales diariamente.  El término agorazein está íntimamente ligado a este concepto:  Dios, el redentor de Israel, paga el precio para adquirir título de propiedad.  Yahvé, a la misma vez, redime, rescata, desliga, libera (lytron) a Israel.

El uso de estos dos términos, agorazein y lutrousthai, es intercambiable. Lytron traduce el hebreo Kopher, que es un don compensativo.  Traduce también pādāh, decir  rescatador, o el precio del rescate.  Similarmente, se usa para traducir gheu’llāh (de gā’al= pagar el rescate). Este mismo autor que acabamos de cita, aclara el sentido de agorazein:

 

“El problema planteado por el uso del verbo agorazein es fundamentalmente idéntico al que nos ofrecía lytrousthai… El sentido más exacto de agorazein, cuando es usado dentro del contexto religioso de la redención, es más bien el de adquirir mediante algo.  Dios adquiere para sí, de nuevo, la humanidad mediante la muerte o sangre de Cristo, vista ésta como sacrificio por los pecados.  Por el pecado precisamente el hombre se había apartado de Dios; conforme al pensamiento bíblico, la eliminación del pecado a través de un sacrificio expiatorio que lo borra y lo destruye, es el medio por el que Dios re-adquiere a una humanidad envuelta en el pecado.  Por tanto, la sangre de Cristo no es un precio sino un medio de redención y liberación (cfr. Eph 1, 7-14).

 

            Eph 1, 14 confirma plenamente este sentido cuando nos habla de una ‘redención de adquisición’: Dios redime al hombre de los poderes malos que le dominan volviéndole hacia Él.  El contexto de este pasaje es escatológico: la eclosión final de la redención se realizará en la resurrección; de momento, el cristiano tiene la garantía de que tal realidad se está gestando en el presente por la presencia del Espíritu de Dios en él, que es arra y prenda de la total y definitiva redención final (cfr. Rom 8, 23; Lc 21, 28.  En Col 1, 13-14: ‘Él (Dios) nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: la remisión de los pecados’; se conjugan con precisión los tres elementos que venimos examinando: poder de las tinieblas, Reino de la libertad y redención efectuada por el perdón de los pecados.

 

            …La redención es, pues, una acción esencialmente liberadora y salvadora de Dios realizada en Cristo.  EL hombre el liberado de la esclavitud del mal y salvado de la muerte eterna.  En la muerte de Cristo Dios desvela al hombre la naturaleza íntima de la situación en que se halla ante Él… En el Resucitado, Dios ha creado una humanidad nueva que devuelve a su creador la vieja humanidad alejada de Él por el pecado y la muerte.”[12]

                El sentido originario de las palabras go’el y padah es socio-legal, porque se refería a las transacciones hechas al comprar un terreno, o una casa; también se usaban en el sentido de rescate por medio de un pago monetario[13].  También se usaba el vocablo Kopher (kpr) (rescate) como sinónimo de redención, por ejemplo, en Éxodo 21, 28-30:

“Si un buey acornea a un hombre o a una mujer, y le causa la muerte, el buey será apedreado, y no se comerá su carne, pero el dueño del buey quedará exculpado.  Mas si el buey acorneaba ya desde tiempo atrás, y su dueño, aun advertido, no le vigiló, y ese buey mata a un hombre o a una mujer, el buey será apedreado, y también su dueño morirá.  Si se le impone un precio por ello, dará en rescate de su vida cuanto le impongan”[14].

            Como ya hemos indicado antes, el go’el era siempre el adulto masculino más cercano, responsable por el bienestar de sus parientes.  Éste debía vengar el asesinato premeditado y toda otra ofensa infligida a un familiar[15].  Por eso se le denominaba también el “redentor de sangre” (go’el haddam)[16].

 

            “Si un Israelita empobrecido… venía forzado a vender su tierra para conseguir dinero, su redentor cercano (es decir, su pariente) estaba supuesto a redimirlo”[17].

            Estos términos, que originalmente tienen su universo en el mundo del negocio y de la venganza familiar, tienen un desarrollo religioso ulterior.  Dios se convierte en el redentor-rescatador de Israel. El pueblo le pedía a Dios que lo librara de los malvados, los opresores, la muerte y del castigo del pecado.  Especialmente, la redención atribuida a Yahvé como go’el de Israel está relacionada con la liberación de la esclavitud de Egipto.

            “Las creencias de que Dios había redimido a Israel de Egipto y que Dios había redimido y seguiría redimiendo al individuo y al grupo de los males presentes, fueron seguidas por la fe que Dios redimiría a Israel del exilio hasta el ‘final de los días’”[18].

 

            Aunque los profetas son muy duros respecto al pecado de Israel y su consiguiente castigo identificado como el exilio, el amor de Dios por Israel es tan fiel, que eventualmente Dios cesaría de su ira y traería una nueva era de redención[19].

“No temas, gusano de Jacob, gente de Israel: yo te ayudo - oráculo de Yahvé - y tu redentor es el Santo de Israel.” (Isa 41,14)

 

“Así dice Yahvé el rey de Israel, y su redentor, Yahvé Sebaot: Yo soy el primero y el último, fuera de mí, no hay ningún dios.” (Isa 44, 6)  

 

“Nuestro redentor, cuyo nombre es Yahvé Sebaot, el Santo de Israel…” (Isa 47, 4)

 

“Así dice Yahvé, tu redentor, el Santo de Israel. Yo, Yahvé, tu Dios, te instruyo en lo que es provechoso y te marco el camino por donde debes ir.” (Isa.48, 17)

 

Así dice Yahvé, el que rescata a Israel, el Santo suyo…” (Isa 49, 7) 

 

Haré comer a tus opresores su propia carne, como con vino nuevo, con su sangre se embriagarán. Y sabrá todo el mundo que yo, Yahvé, soy el que te salva, y el que te rescata, el Fuerte de Jacob.” (Isa 49, 26) 

            Estos textos que acabamos de citar, nos pueden dar una idea de lo que significaba el rol de Yahvé como redentor de Israel.

            “…En los profetas y particularmente en la segunda parte de Isaías es muy frecuente referirse a Dios como redentor y liberador de Israel (cfr, Is 41, 14 donde los Setenta vierten go’el por ho lytroumenos, en otros casos traduce por ho rysamenos, ‘el que libera'; Is 44, 6; 47, 4; 48, 17; 49, 7. 26, etc.)… En esta segunda parte de Isaías encontramos también la asimilación de la liberación de la cautividad de Babilonia y la antigua liberación de Egipto: la nueva liberación, y en realidad todas la liberaciones de que ha sido objeto Israel, van a ser descritas con esta terminología”[20].

 

            En la evolución religiosa del término redención y sus derivados (lytron, lytroō, apolytrosis), también juega un papel importante la idea de que la redención trae consigo el perdón de los pecados.  Esto no era el sentido originario de la palabra.  Pero mediante un proceso de transformación profética, llega a tener ese significado.  El perdón se compara con la liberación personal de un esclavo, la manumisión, práctica por la cual se compraba al esclavo para pagar el precio por su liberación.  Así como por la manumisión el esclavo quedaba libre, así por la redención, el pecador era liberado de la carga del pecado[21].

                        “Si de la radical g’l pasamos a la de pdh, otra de las formas que los Setenta traducen con lytrousthai, observamos un sentido muy similar.  Así, en Dt 7, 8 se describe la liberación de Egipto como un ‘rescate de la casa de la servidumbre’ (cfr. Dt 9, 26; 13, 6; 15, 5; 21, 8 con idéntica referencia a la liberación de Israel de Egipto).  En 2 Sam 7, 23 la idea de redención-liberación está asociada a la de adquisición. ‘¿qué otro pueblo como tu pueble Israel?  Sólo hay una nación sobre la tierra a la que Dios haya ido a rescatar para hacerla su pueblo…’ El amor y la misericordia de Yahwéh están sosteniendo desde el fondo esta actitud y actividad liberadora de Dios hacia su pueblo (cfr. Ps 26, 11 y 130, 7).

 

            El verbo redimir (padah) puede también tener un sentido más bien psicológico, como en 2 Sam 4, 9, cuando exclama David: ‘¡Por vida de Yahwéh, que ha librado mi alma de toda angustia!’ (cfr. Ps 25, 22). 

 

            En Jer 15,20 ss., Yahwéh se declara liberador y redentor de Jeremías: ‘Yo te libraré de la mano de los malos y te rescataré del puño de los tiranos.”  En textos donde se expresa la piedad personal de Israel también está presente la idea de Dios redentor del justo que confía en Él.

            La intervención redentora de Dios a favor de Israel no tiene otro fundamento que el amor y la misericordia divina… Por tanto, la acción divina es gratuita”[22].

            Aunque en sus orígenes, el uso del vocablo redención y sus vocablos relacionados se referían a la salvación colectiva de Israel como pueblo, eventualmente dicha acción se va a referir a personas concretas.  En todo caso, hay una evolución de lo colectivo a lo personal, hasta llegar a identificar la liberación con el perdón de los pecados.

            El Nuevo Testamento usa el concepto de la redención casi en el mismo sentido que hallamos en el A.T.   Pero es necesario indicar tres aspectos propios: (1)  el N.T. subraya la redención como liberación o perdón de los pecados; (2)  Lo que el Antiguo Testamento afirmaba de Dios redentor de Israel, es ahora atribuido a Cristo y (3)  como ya hemos visto arriba, el sacrificio de Cristo es visto como único e irrepetible.

            “La forma más generalizada en el N.T. es la de hablar de la redención de los pecados.  De manera explícita o implícita se encuentra casi siempre este pensamiento.  En Tit 2, 14 la muerte de Jesús es presentada como una muerte para la redención de los pecados: Cristo ‘se entregó por nosotros para redimirnos de toda iniquidad.’… Por su parte, Col 1, 13-14: ‘Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: la remisión de los pecados’; además la redención implica la salida del reino de las tinieblas y la entrada en el reino de Cristo… El pecado es destruido o eliminado en el hombre, con lo que éste queda libre de su poder” [23].

            El motivo de la pasión y, por ende, de la muerte y resurrección, ha sido la cancelación del pecado.  De hecho, siglos más tarde, esta opinión causará choques entre las distintas escuelas de pensamiento, como la franciscana, la tomista y la anselmiana, respecto al motivo de la encarnación.  La pregunta fundamental en ese contexto sería especulativa:  Si el ser humano no hubiera pecado, ¿aun así se hubiera encarnado el Hijo de Dios?  En todo caso, no hay duda que el Nuevo Testamento vincula al menos la muerte y resurrección a la cancelación del pecado.

 

            “… El modo como se ha efectuado la redención de los hombres ha sido la muerte de Cristo.  Los escritos del N.T. están en completo acuerdo sobre esta afirmación… La referencia a la muerte puede hacerse de formas varias: Dios entregó a Cristo por nuestros pecados, Cristo se entregó a sí mismo y, sobre todo, las alusiones a la sangre de Cristo derramada en su pasión y muerte (cfr. Rom 3, 24 ss.; Eph 1, 7; Heb 9, 11-14).

 

            Redimir los pecados de los hombres o, simplemente, redimir a los hombres y expiar los pecados coinciden fundamentalmente. La terminología de la redención nos lleva hacia la idea de esclavitud respecto del pecado y del mal, personificados como señores o poderes tiránicos y de liberación de esa esclavitud.

 

            …El uso de estos dos modelos explicativos, expiación sacrificial y redención, se entrecruza en el N.T…  Entre otros ejemplos señalamos a Rom 3, 21-26 y Heb 9, 11-14.  En el primero la palabra redención (apolytrosis) aparece en un contexto sacrificial: los creyentes han sido redimidos por Cristo, ya que Él es el nuevo lugar del culto y al mismo tiempo la nueva víctima del sacrificio que por su sangre purifica los pecados”[24].

 

            El Nuevo Testamento no vacila en vincular varios conceptos, tales como liberación, expiación, sacrificio y propiciación.  Estos conceptos están todos relacionados entre sí, porque forman parte de un todo complejo.  Pero es bueno recordar que cada uno tiene un contenido o matiz distinto.

 

            “La redención sigue siendo en el N.T. fundamentalmente una liberación de la esclavitud y consiguiente adquisición para Dios de un nuevo pueblo.  Siendo el pecado una fuerza y poder que ha alejado a los hombres de su dueño natural, Dios, y siendo al mismo tiempo concebido como una mancha o impureza que requería ser purificada mediante un rito sacrificial, la conjunción de la idea de redención con la de expiación brota del todo espontánea en una mente bíblica.  El no haber distinguido con suficiente precisión estos dos estratos del pensamiento bíblico ha llevado a algunos a una incorrecta inteligencia del concepto de redención y a una falsa interpretación de algunos textos del N.T.  Así, p. ej., en la historia de la teología cristiana ha habido autores que han pensado en la sangre de Cristo como el precio pagado por Él al mismo demonio para redimir al hombre, idea que no tiene apoyo bíblico”[25].

            Si vamos a ver, en el Nuevo Testamento no es frecuente el sustantivo lytron.  En Marcos 10, 45 leemos: “que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”.  Según algunos autores, este texto viene de la comunidad palestina y representa el testimonio del Jesús terreno sobre el significado de su muerte[26].  No debemos olvidar que, en este estadio de la historia de la salvación, todavía no existía un lenguaje teológico uniforme, ni gozaban los autores de referencia a ningún concilio o enseñanza magisterial oficial.  Todo estaba en período de desarrollo.

            Otros textos iluminan nuestra comprensión del vocablo redención.  En Hebreos 9, 15:

Por eso es mediador de una nueva Alianza; para que, interviniendo su muerte para remisión de las transgresiones de la primera Alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida”

            Se puede entender “remisión” como “apolytrosis”.  De modo que redención y remisión de los pecados están relacionadas.  Igualmente, en Romanos 3, 24-25:

“…son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente”

            La justificación viene a ser equivalente a remisión de los pecados.  Esto muestra que hay un vínculo entre la redención y la muerte de Cristo, interpretada como expiación, y entre ésta y el concepto de propiciación[27].

Otros vocablos

            Otros vocablos equivalentes en significado o cercanos en cuanto a contenido figurativo son ρύομαι (rhýomai) = salvar, proteger y σώζω (sôzō) = salvar, redimir, socorrer, preservar.  También sus derivados sōtēría (σωτηρία), respectivamente salvación, ayuda, liberación, y sōtēr (σωτήρ), salvador[28].  Estos vocablos denotan ser puesto a salvo dentro de una situación peligrosa, ser preservado de un mal, ser beneficiario de un favor.  El Antiguo Testamento, al referirse a Dios, usa sôzō para indicar que Yahvé salva de la opresión, de las tribulaciones, del pecado y de la culpa[29].  En el Nuevo Testamento, sôzō aparece 106 veces, sōtēría 45 veces.  Se usan mucho en las narraciones de los milagros de curación en los sinópticos[30].

            “sôzō y sōtēría adquieren un significado central en la predicación protocristiana por el hecho de ser referidos a Cristo como razón, contenido y fin del evangelio, o por ser caracterizados como acciones específicas de Él… Pablo usa sôzō y sōtēría exclusivamente para indicar la acción salvífica de Dios.  El mensaje de la gracia salvadora llega al hombre mediante el kerigma.  El evangelio obra la sōtēría… Especialmente, la palabra de la cruz es una fuerza divina para quienes son salvados”[31].

            En el Antiguo Testamento, la palabra salvador (σωτήρ) traduce generalmente jēsh‘ y también jeshū‘āh, casi siempre para identificar a Yahvé.  En el Nuevo Testamento, el título es transferido casi con exclusividad al Cristo.  Pocas son las ocasiones en que se atribuye el título salvador a Dios (8 veces), por lo cual la fórmula “Jesucristo, nuestro salvador” refleja una nueva creación de la protocomunidad cristiana.  Nunca, en el Antiguo Testamento, se identifica al Mesías como salvador.  Parece que Jesús mismo nunca usó este título para sí mismo.  Pero al comenzar el anuncio apostólico, el título salvador se atribuye más y más al Mesías, el Cristo, de manera progresiva.  Eso lo veremos con mayor frecuencia en Pablo[32].

            Pablo utiliza todo un horizonte de metáforas para describir la obra de la redención. Veamos lo que nos dice Dunn al respecto. 

“Pablo usa metáforas de las costumbres de su tiempo.  “Justificación” es una metáfora legal; estar justificado significa ser absuelto… Ya hemos visto “redención” –volver a comprar a un esclavo o a un prisionero de guerra.  “Liberación” y “libertad” eran palabras importantes, y más al hecho, eran experiencias importantes para Pablo y sus convertidos.  “Reconciliación”… unir a dos partes enemistadas entre sí hacia una nueva paz y cooperación… Pablo también usa metáforas de la vida diaria.  Una de los términos favoritos de Pablo era “salvación”… Sōtēría (salvación), sería familiar en el sentido de rescate, poner a buen resguardo… Podríamos decir que la “salvación” denotaba para Pablo la integridad de la persona sana… Pablo también usó la agricultura, -sembrar y regar (1 Cor 3, 6-8), riego (1 Cor 12, 13c, y el jarro de agua derramado (Rom 5, 5), la poda (Rom 11, 17-24) y la cosecha (Rom 8, 23).  De igual modo, toma del comercio.  El “sello” estampado en un artículo era una marca visible de propiedad.  El arrabōn constituía el primer pago y la garantía de lo que estaba por llegar…”[33]

 

            Conoce el término apolytrosis y lo usa varias veces.  También usa el término alternativo de “reconciliación”, mediante el cual expresa que la relación entre el Creador y la creatura se restablece en Cristo[34].  Conoce además las metáforas que extrae de las costumbres de su época, tales como “justificación”, “liberación”, “salvación”, e igualmente usa imágenes de la vida diaria, como la siembra y el riego, la poda y la cosecha, el sello de propiedad, etc[35].

            “… a nosotros que creemos en Aquél que resucitó de entre los muertos a Jesús Señor nuestro, quien fue entregado por nuestros pecados, y fue resucitado para nuestra justificación.”  (Rom 4, 24-25)

 

            “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo.” (Rom 5, 1)

            “Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento.  De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer.  Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo”. (1 Cor 3, 6-8)

 

            “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones…” (Rom 5, 5)

 

            “Que si algunas ramas fueron desgajadas, mientras tú - olivo silvestre - fuiste injertado entre ellas, hecho participe con ellas de la raíz y de la savia del olivo, no te engrías contra las ramas. Y si te engríes, sábete que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz que te sostiene.  Pero dirás: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. ¡Muy bien! Por su incredulidad fueron desgajadas, mientras tú, por la fe te mantienes. ¡No te engrías!; más bien, teme.  Que si Dios no perdonó a las ramas naturales, no sea que tampoco a ti te perdone.  Así pues, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad con los que cayeron, bondad contigo, si es que te mantienes en la bondad; que si no, también tú serás desgajado. En cuanto a ellos, si no se obstinan en la incredulidad, serán injertados; que poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. Porque si tú fuiste cortado del olivo silvestre que eras por naturaleza, para ser injertado contra tu natural en un olivo cultivado, ¡con cuánta más razón ellos, según su naturaleza, serán injertados en su propio olivo!” (Rom 11, 17-24)

 

            “Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.” (Rom 8, 23)

 

            “¡vosotros sois el sello de mi apostolado en el Señor!” (1 Cor 9, 2)

            También es importante recordar la centralidad de la muerte de Cristo en la teología de Pablo, no sólo como instrumento de redención, sino como entrada a una nueva experiencia de la muerte.  La muerte de Cristo no es una mera sustitución por los pecadores, puesto que los pecadores no escapan de la muerte, sino que son llamados a participar en la muerte de Cristo.  La justificación permite que el pecador no muera cualquier tipo de muerte, sino la muerte trasformada por Cristo.  El poder de la muerte de Cristo no quedó apresado en el Calvario ni en el sepulcro.  Pues por su resurrección, Cristo cambió para siempre el rostro de la muerte humana.  Ya no se muere igual que antes de Cristo.  Esa muerte de Cristo, que nos alcanzó la justificación, nunca deja de estar presente en la vida del cristiano, porque aunque ya hemos sido salvados en esperanza, seguimos siendo pecadores, necesitados de la ayuda constante de Dios.  La muerte de Cristo nos llama a no “morir en vida”, a no desfallecer.  Esa muerte “vivifica” en nosotros el deseo de seguir a Cristo, en una vida moral comprometida.  Y en ese caminar en seguimiento de Cristo, somos ayudados por el Espíritu vivificador.

            “… Como ha indicado el concepto de la justicia de Dios, la justificación no es un acto de Dios hecho de una vez para siempre.  Más bien es la aceptación inicial por parte de Dios a una relación renovada.  Pero luego, la relación no podría ser sostenida sin que Dios continuara en el ejercicio de su acción justificadora, en vista del acto final de juicio y absolución.  Dicho de otro modo, los justificados no se hacen libres de pecado.  Siguen pecando.  Consecuentemente, sin el ejercicio continuo de la justificación de Dios, el proceso de la salvación quedaría abortado”[36].

La justificación, pues, es un primer paso.  Pero tiene que ser sostenida, de nuestra parte, por la participación en la vida de Cristo.  También tiene que ser sostenida, de parte de Dios, bajo el influjo del Espíritu.  La justificación lleva consigo el llamado a participar en la vida de Cristo y a poseer el Espíritu Santo.  Estos no son tres modelos distintos y separados de hablar sobre la redención, sino tres aspectos unidos entre sí, complementarios y necesarios para el continuo desarrollo del cristiano[37].  La salvación, para Pablo, tiene un inicio importante en la justificación por la fe, pero no se detiene ahí.  La salvación es un proceso constante, que dura toda la vida.  Pues con el presente definimos, con la ayuda de Dios, nuestro futuro.  La salvación no es un proceso cerrado después de la primera conversión, sino un camino por recorrer a lo largo de toda la vida.  La salvación nos coloca en una tensión escatológica entre el presente y el futuro.

¿Qué supone esa tensión escatológica?

       “En términos cósmicos, el proceso de salvación comenzó con la muerte y resurrección de Cristo, el último Adán, cuya obediencia ha deshecho la desobediencia del primer Adán.  La salvación, pues, completa lo que la creación inició.  La nueva época del propósito final de Dios, la nueva creación, ya está en marcha, y con ella el reclamo de la humanidad.  Pero la antigua época aún persiste.  Adán vive todavía.  Y hasta que todos hayan muerto en Adán, el equivalente “todos” no puede ser plenamente vivificado en Cristo… En términos de la teología de la justificación de Pablo, el comienzo decisivo tiene que ser trabajado continuamente hasta el último veredicto del perdón.  La relación con Dios debe ser sostenida por Dios hasta el final…  En términos de la participación en Cristo, la época de coyuntura queda vinculada tanto por la muerte como por la resurrección de Cristo.  El comienzo decisivo no significa que lo que sigue es todo el poder de la resurrección y ya no más la debilidad de la crucifixión.  La teología de la salvación en Pablo no es una theologia gloriae, sino también una theologia crucis.  El camino para la gloria de la resurrección es a través del sufrimiento en la cruz…

 

            En cuanto al don del Espíritu, el Espíritu es el Espíritu de Cristo.  Pero eso también quiere decir el Espíritu de Cristo crucificado.  El don del Espíritu, como ninguno de los otros aspectos del proceso de salvación, no trasciende a la cruz, ni abrevia el proceso de transformación que viene del compartir en los sufrimientos y la muerte de Cristo.  Durante todo el proceso de salvación, el don del Espíritu tiene el carácter de arrabōn y aparchē, el primer pago y los primeros frutos de la herencia total que aguarda la resurrección final.  Mientras tanto, el poder de la resurrección siempre se experimenta en la debilidad de la carne.  El Espíritu vivificador también lleva la marca de la cruz”[38].

El lenguaje y las categorías del pensamiento actual son distintos: términos como “satisfacción”, “mérito”, “restauración”, “oficio vicario”, ya no son muy comunes en nuestro diario vivir.  Hoy suenan más los vocablos “solidaridad”, “lucha por los derechos humanos”, “amor gratuito y don incondicional”, “opción preferencial por los pobres”, “globalización”, etc.  Ante un cambio de lenguaje subyace un cambio de las categorías predominantes del pensamiento actual.  Pasemos a ver cómo los pensadores eclesiásticos elaboraron categorías propias de su tiempo para expresar estas doctrinas bíblicas.


[1] M. A. R. Patón, “Redención, I: Sagrada Escritura”, en Gran Enciclopedia RIALP. Vol. XIX.  Madrid, Ediciones RIALP 1974,  773.

[2] J. F. Sollier, “Redención”, The Catholic Encyclopedia, Volume I. Copyright © 1907 by Robert Appleton Company. Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight.  Enciclopedia Católica. Copyright © ACI-PRENSA.

[3] J. Doré, op. cit., 1587-1596.

[4] Ibid., 1588, columna 1.

[5] Ibid.

[6] Ibid., 1588-1589.  Cf. H. Vorländer, “Reconciliación” en Diccionario teológico del Nuevo Testamento, Vol. IV.  L. Coenen, E. Beyreuther y H. Bietenhard, eds.  Salamanca, Sígueme 1984, 43: “En cuanto obra unilateral de Dios en Cristo, la reconciliación es su regalo… dōron] que va dirigido a nosotros, o al mundo.  A ese regalo corresponde, por parte del hombre, la aceptación de la reconciliación (Rom 5, 11 [λαμβάνω, lambánō]).  Esencialmente, la reconciliación consiste en poner punto final a la enemistad entre Dios y los hombres (Rom 5, 10)… Juntamente la reconciliación consiste en que nosotros “estamos en paz con Dios”… La reconciliación es un supuesto para nuestra salvación y pone las bases para la existencia de una humanidad nueva.”

[7] Ibid., 1589.

[8] Ibid., 1591.

[9] H. G. Link, “híleōs, hiláskomai, propicio, expiar” en Diccionario teológico del Nuevo Testamento, Vol. IV.  L. Coenen, E. Beyreuther y H. Bietenhard, eds.  Salamanca, Sígueme 1984, 40.

[10] H. Seebas, “Justicia” en Diccionario teológico del Nuevo Testamento, Vol. II.  L. Coenen, E. Beyreuther y H. Bietenhard, eds.  Salamanca, Sígueme 1980, 408-410.

[11] M. A. R. Patón, “Redención, I: Sagrada Escritura”, en Gran Enciclopedia RIALP. Vol. XIX.  Madrid, Ediciones RIALP 1974, 770.

                Otro autor, W. Mundle, explica (“λύτρoν” en Dizionario dei Concetti Biblici del Nuovo Testamento. A cura di L. Coenen, E. Beyreuther e H. Bietenhard.  Bologna, Dehoniane 1986), 1507: “Lytron, atestiguado desde el V siglo a.C., significa precio del rescate, rescate; idéntico es el significado de antílytron, todavía más raro y atestiguado en el griego profano sólo en época posbíblica…  Está atestiguado también el significado de expiación, resarcimiento.”  Igualmente, 1508: “…lytron es traducción del hebreo Kopher… Kopher indica un don compensativo a cambio de una vida que, a fuerza de las prescripciones del derecho sacral, estaría destinada a la muerte o al castigo divino… lytron traduce también los vocablos hebreos rescate, precio del rescate (de pādāh= rescatador)… El tercer término hebreo importante, que es traducido con lytron es gheu’llāh (de gā’al= pagar el rescate)… En todos los casos, lytra indica una compensación que tiene como consecuencia un rescate, una liberación.”

[12] Ibid.,  p. 773.

[13] D. N. Freedman, ed. Vol. V.  N.Y., Doubleday 1992, 650.

[14] “Aunque no se entendía estrictamente como redención, la raíz Hebrea kpr (rescate) se equipara a pdh en Éxodo 21, 29-30… por ende, redención y rescate no son conceptos inconexos.”: Unterman, J., op. cit., 651.

[15] Cf. Ibid., 652: “El go’el (redentor) era siempre el pariente adulto más cercano, responsable por el bienestar económico de su pariente, en cuanto el último carecía de suficientes medios para redimir su propia propiedad.  Como vengador de sangre, el go’el se vengaba del asesinato, y por añadidura, de todo mal severo infligido contra un pariente.”

[16] Cf. Ibid., 651.

[17] Ibid., 650.

[18] Ibid. 652. Cf. también Mundle, W., op. cit., 1508: “Más frecuentemente que el sustantivo hallamos en los LXX el verbo λυτροûσθαι (lytroústhai) que generalmente traduce los hebreos pādāh (42 veces) e gā’al (45 veces).  El significado fundamental de liberar mediante rescate es visible… designa, sin referencia a un precio de rescate material, la actividad redentora di Dio mismo, que libera a Israel de Egipto, de una casa de servidumbre.”

[19] Cf. Unterman, op. cit., 652.

[20] Patón, op. cit., 770.  En la página 771 dice: “Jeremías contrapone la idea de redención y rescate a la del castigo de la esclavitud en el destierro (Jer 31,11).  “En Mich 4, 10 Israel es rescatado y liberado de sus enemigos de Babilonia y en Os 13, 14 se habla de una liberación del sheol y de una redención o rescate de la muerte.”

[21] Cf. G. S. Shogren, “Redemption, New Testament” en The Anchor Bible Dictionary. D. N. Freedman, ed. Vol. V.  N.Y., Doubleday 1992, 655.

[22] Patón, op. cit, 771: “Finalmente, es muy importante notar que, a lo largo de la historia sagrada, la idea de redención va derivando de lo colectivo hacia lo personal.  Inicialmente la redención tiene por objeto a la colectividad de Israel; pronto el mismo vocabulario se aplica a personas concretas, a un enviado de Dios o a un justo perseguido. Igualmente, la redención que originariamente se refería a la liberación de una esclavitud externa, se dirá también de la liberación de los pecados: Yahwéh redimirá a Israel de sus pecados.”  W. Mundle, op. cit., 1507: “Lytron,… significa precio del rescate, rescate… es atestiguado también el significado expiación, resarcimiento.”

 

[23] Patón, op. cit., 772.

[24] Ibid.

[25] Ibid.

[26] Cf. Mundle, op. cit., 1509.

[27] Cf. Ibid, 1509-1511.

[28] Cf. J. Schneider, “Rhýomai” y “Sôζω” en Dizionario dei concetti Biblici del Nuovo Testamento. A Cura di L. Coenen, E. Beyreuther, e H. Bietenhard.  Bologna, Dehoniane 1986, 1511-1512. Schneider aclara que el vocablo rhýomai es relativamente raro en el Nuevo Testamento, mientras que sôzō se usa más de 100 veces.

[29] Cf. Ibid., 1512-1513.

[30] Cf. Ibid., 1514.

[31] Ibid. 1514-1515.

[32] Cf. Ibid., 1518-1519.

[33] Cf.  J. D. G. Dunn The Theology of Paul the Apostle. Grand Rapids, William B. Eerdmans Publishing Company 1998, 328-330.

[34] Ibid.  227-229.

[35] Ibid., 328-330.

[36] Ibid., 386.

[37] Ibid., 441:  “Las bendiciones diversamente vinculadas a cada uno de estos tres aspectos de la salvación se sostienen en un todo impresionantemente integrado –la paz con el acceso a Dios, liberación de un pasado opresor, una identidad que adquiere un nuevo significado por su integración a las promesas hechas a Israel, respuesta a los poderes del pecado y de la muerte, un sentido de filiación y esperanza a pesar de la debilidad y el sufrimiento continuo, conciencia de una identidad compartida en Cristo con los demás, y un modo y capacitación para vivir responsable y efectivamente.”

[38] Ibid., 493-494.

Por R. P. Jorge R. Colón, C.Ss.R.

   1 de enero de 2007

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