Hoy día, la depresión es una condición que
impacta a miles de puertorriqueños, sin importan género,
edad, estrata social, nivel económico o raza. Los síntomas
de la depresión son cambios en el estado de ánimo, nos
volvemos tristes, melancólicos, irritables o ansiosos.
También se afecta el sueño, apetito, peso, niveles de
actividad cotidiana, sensación de cansancio, disminuye la
fatiga, motivación, interés, actividad sexual, concentración
y atención. La depresión proviene de causas internas o
externas, es decir que puede ser heredada o adquirida por
factores socio-ambientales.
Las consecuencias de la depresión están
asociados a una menor productividad, accidentes laborales,
ausentismos y disfunción familiar. La peor consecuencias son
los suicidios y los intentos al mismo. Uno de cada siete
participantes cometerá suicidio.
Las mujeres tiene mayores probabilidades de
sufrir un episodio depresivo, mientras que los varones la
disfrazan con el abuso y dependencia de alcohol. En caso de
que la depresión está asociada al alcohol u otras drogas, el
tratamiento tiene que incluir un proceso de desentoxicación.
Cuando la persona comienza a sentir la
mayoría de los síntomas mencionados anteriormente durante
mas de dos semanas consecutivamente, debe visitar su médico
de familia como su primera opción. Este profesional de la
salud primaria es la persona responsable del diagnóstico y
sugerir el tratamiento que debe incluir aspectos
fisiológicos, sicológicos y espirituales.
Cuando el médico nos dice que tenemos una
depresión puede ser leve, moderada o mayor. Es una condición
tratable y la persona se puede curar, si sigue al pie de la
letra el tratamiento. Cuando se sigue el tratamiento la
persona logra sentirse mejor en las próximas dos o cuatro
semanas, pero no debe interrumpirse el mismo hasta seis
meses, si su médico lo autoriza.
Cuando tenemos depresión, no debemos
subestimarnos ni sobre valorarnos, si el tratamiento incluye
medicamentos , los mismos no se deben mezclar con alcohol ni
otras drogas, no recetadas. Tampoco debemos de tomar ninguna
decisión trascendental ya nos tomamos el riesgo de no ser
certeros en la misma.
Lo que si debemos hacer, es: