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El Señor Jesús, nuestro
Redentor está por llegar y su luz la tenemos que descubrir entre las
tinieblas del mundo como lo hicieron los magos de oriente allá en
Belén, y por medio de la estrella encontraron al pequeño Niño junto
a sus padres, sonriendo cariñosamente, porque en el niño del pesebre
se nos revela la ternura del amor infinito de Dios Padre. Es el
momento de aprender a sonreír para hacer el mundo más amable y más
llevadero; y de descubrir la ternura del Niño de Belén y apropiarnos
de ella, para brindar nuestro aporte a la construcción de la
civilización del amor.
Muchas de las
celebraciones y costumbres actuales en el tiempo de Navidad nos han
llegado como un legado del pasado; un conjunto de tradiciones viejas
a las que se les ha dado una nueva significación cristiana.
Pero, ¿nació
realmente Jesús el 25 de diciembre del año 1 de la era cristiana?
Las narraciones de la
infancia de Jesús, conocidas como Evangelios de la Infancia, las
encontramos en la Biblia únicamente en los primeros capítulos de los
Evangelios escritos por Mateo y Lucas. Marcos, el primer evangelio
que se escribió, no se ocupa de la infancia de Jesús; tampoco lo
hace Juan.
Hay que tener presente
que los autores de los Evangelios no se propusieron hacer una
biografía detallada de la vida Jesús ni una historia sobre Jesús de
la misma manera que nosotros la podríamos hacer hoy, con base en
actas y documentos de forzosa credibilidad. Los evangelios en
general, y particularmente los relatos de la infancia pretenden
esencialmente comunicarnos un mensaje.
Es preciso ubicarnos en
la época en que se escribieron los evangelios (concretamente los de
Mateo y Lucas) y la fecha del nacimiento de Jesús. El evangelista
Mateo escribió su evangelio seguramente después del año 70 de
nuestra era, y lo dirigió a la comunidad de judíos simpatizantes con
las enseñanzas de Jesús de Nazaret, para quienes el Antiguo
Testamento era algo muy conocido, de allí sus constantes referencias
a la Ley y los Profetas. Por su parte, el evangelio de Lucas aparece
también después del año 70, pero está dirigido a gentiles
convertidos, tal vez desde el mundo griego, personas más cultas y
con mentalidad diferente a los destinatarios de Mateo. En ambos
casos, habían pasado varios años después de la muerte de Jesús de
Nazaret, pero se tenía la conciencia de que había sido resucitado
por Dios y seguía vivo en medio de ellos. Lo que primero se puso por
escrito fue la historia de la pasión, muerte y resurrección del
Señor. Más tarde se quiso responder por los orígenes de Jesús y se
redactaron los evangelios de la Infancia.
En cuanto a la fecha
del nacimiento de Jesús, hoy es posible afirmar que necesariamente
es anterior al primer año de la era cristiana. En el evangelio de
Mateo encontramos el dato del nacimiento de Jesús en época del rey
Herodes. El historiador Claudio Josefo dice que Herodes el Grande,
rey de Judea murió poco después de un eclipse en la noche del 12 al
13 de marzo, un mes antes de la Pascua. En el 750 (4 a. C.) hubo
un eclipse en la noche del 12 al 13 de marzo, un mes antes de la
Pascua. Como Herodes mandó a matar a los niños menores de dos años
(Mt 2,16) es posible datar el nacimiento de Jesús dos años antes de
la muerte de Herodes (7-6 a. C.), lo que estaría de acuerdo con la
información que nos trae el evangelista Lucas cuando nos dice que
Jesús tenía alrededor de treinta años en el año quince del reinado
de Tiberio César (octubre 1 del 27 d. C hasta el 30 de septiembre
del 28). El hecho de que Jesús naciera "antes de Cristo" es el
resultado de un error que cometió en el año 533 el monje Dionisio el
Exiguo, al hacer el cómputo del año primero de la era cristiana como
el año 754 de la fundación de Roma, fecha demasiado tardía ya que
Herodes murió en el 750.
Las fiestas de Navidad
no quieren tanto transportarnos al mundo de la niñez y a las bellas
navidades de otros tiempos, sino que es una invitación a descubrir
el verdadero sentido de la fiesta: hacernos conscientes de que
debemos caminar todos unidos, como responsables de nuestra historia.
Realmente es motivo de
mucha alegría: un árbol con bombillitas de múltiples colores, el
pesebre, los regalos, los angelitos, las postales... Pero no es esto
lo importante. Desde el pesebre de Belén un Niño nos invita al
cambio, y aceptar esta invitación nos va comprometiendo a luchar por
la paz y por la justicia, a amar a los demás, porque el mensaje de
la Navidad es de salvación, no de condenación; de liberación, no de
opresión; de alegría, no de tristeza.
Pero, ante todo debemos
tener presente que Navidad no es cuestión de un día en el año; es la
fiesta de todos los días, porque cada vez que en el prójimo
descubrimos a Cristo, cuando contribuimos al progreso y a la
realización del hombre, cuando luchamos por la paz y la justicia,
siempre que compartimos algo de lo poco o lo mucho que tenemos,
siempre que hacemos sonreír al que sufre, siempre que luchamos por
una sociedad más justa y más fraterna, siempre que estrechamos una
mano con cariño al necesitado, siempre que escuchamos al hermano con
comprensión, siempre que trabajamos por los demás sin pasar factura,
cuando sabemos sonreír, nace Jesús, es Navidad.
Hagamos
de nuestro corazón el Pesebre donde nazca el niño
Jesús
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Los
redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanzas
alegre, de ardiente caridad y celo encendido. No presumen
de sí y practican la oración constante como hombres
apostólicos e hijos genuinos de San
Alfonso, siguen
gozosamente a Cristo Salvador, participan de su misterio
y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su
palabra, y por la abnegación de sí mismos se mantienen
disponibles para todo lo arduo a fin de llevar a todos la
redención la redención Copiosa de Cristo.
(Const
# 20) |
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