INTRODUCCIÓN
Cuando escuché
por primera vez el tema propuesto para la V Conferencia,
sentí que era algo muy identificado con nosotros, los
Redentoristas. “Discípulos y Misioneros de Jesucristo,
para que nuestros pueblos en Él tengan Vida; Yo soy el
Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6) es un tema que
toca directamente nuestra vida y nuestro quehacer
pastoral. Ser Misionero es algo que parece pertenecer a
nosotros más que a otros consagrados. Y el ser
Discípulo, aunque sea un reto para nuestras vidas, es
también una propuesta muy clara de nuestras
Constituciones, cuando nos piden continuar el ejemplo de
nuestro Redentor.
Sin embargo, no
podemos ser presuntuosos. Hay que abrirse para aprender.
Y la pregunta es exactamente ésta: ¿qué podemos sacar
del Documento de Aparecida para nuestras misiones
itinerantes, en su contenido y en su método, en su
estructura y en su espiritualidad? Antes de considerar
el DA, me gustaría proponer algunas consideraciones
sobre nuestro ser Misionero. De inmediato podemos notar
los puntos de convergencia entre nuestra identidad
congregacional y los reclamos del DA. Vamos comparar la
descripción del Discípulo Misionero del DA con la
fotografía ideal que es presentada a todos nosotros,
desde la primera formación.
LA ESENCIA DEL
REDENTORISTA
¿Cuál es la
esencia del ser Redentorista? Es el Ser Misionero, o
podemos decir, la Misionaridad. Es decir, que la
definición de nuestra vida consagrada no viene de la
ordenación, ni de la vida religiosa en su concepción
genérica. Nuestra identidad depende de la misionaridad.
El ser misionero condiciona, para nosotros, la vida
religiosa y el sacramento del orden. La vida y la obra
de San Alfonso, particularmente la fundación de una
nueva congregación, se
desarrolló a partir de su práctica misionera: “La
Misión es el elemento catalizador de la vida del grupo
en sus manifestaciones variadas: de las estructuras de
la comunidad a la actividad cultural”.
¿En qué consiste
la misionaridad redentorista?
Dos polos van constituir e involucrar la misionaridad
alfonsiana: Jesucristo, como el Santísimo Redentor y los
Pobres abandonados, como los redimidos. Son dos
realidades muy concretas y condicionantes de la vida de
Alfonso y de la vida de todos sus seguidores inmediatos.
Alrededor de ese binomio él articulará todo su ideal y
proyecto de vida, porque esos dos polos catalizarán toda
la potencialidad de su amor afectivo y efectivo. El amor
a Jesucristo y el amor a los pobres y a los pecadores se
volvieron un sólo amor en la vida de Alfonso: “Sean
mis imitadores, así como yo lo soy de Cristo" (1Cor 11,
1). Éste es el 'intento' fundamental propuesto por
Alfonso. Nuestro estilo de
vida de fe, de vivencia cristiana y de acción pastoral
son definidos a partir de esa herencia histórica,
retomadas con fuerza por nuestras Constituciones
actuales.
Creo que podemos
afirmar que no hay originalmente en Alfonso el sueño de
fundar un nuevo instituto religioso. Toda su
preocupación es dar una respuesta misionera a los
destinatarios más abandonados que encontró en Scala. La
consagración religiosa, el sacramento del orden, toda la
organización posterior llegan como consecuencias
necesarias a su intento o impuestas por la estructura
eclesiástica.
La misionaridad
redentorista se construye con ciertas características
muy claras, que son, al mismo tiempo, las marcas fuertes
de nuestra espiritualidad, tal como las propone el P.
Raponi:
Es una
misionaridad que brota de la sensibilidad pastoral
delante de los abandonados. En Santa María de los
Montes, Dios hace conocer a Alfonso la necesidad
espiritual de una población abandonada espiritualmente,
por el hecho de no tener valor social. Alfonso vuelve a
Nápoles, reestablecido en la salud, pero perturbado en
el espíritu. Los cabreros y pastores lo llevan a una
angustia pastoral. Esa sensibilidad apostólica delante
de los más abandonados será para Alfonso el criterio
para aceptar y fundar nuevas casas, como lo hizo en
Deliceto (1744). Son los sin-acceso, los excluidos de
ayer y de hoy. Sin la sensibilidad no hay misionaridad.
Es una
misionaridad de presencia misionera entre los
abandonados. Alfonso profundizó la meditación sobre el
misterio de la Encarnación, porque quería que sus
misioneros fueran accesibles al pueblo misionado, no
sólo durante los ejercicios de la misión, sino también
en el periodo de la perseverancia. Es una congregación
misionera que va en búsqueda de los destinatarios, por
más distante o inaccesibles que se encuentren, y después
de haberlos encontrado y evangelizado, se queda a su
disposición, para asistirlos en su "vida devota". Así,
la casa redentorista jamás era un lugar donde los
misioneros se quedaban esperando la llamada a las
misiones itinerantes. La irradiación misionera era la
razón de ser de las fundaciones de las casas y de su
mantenimiento en cierta área: los retiros para el clero,
para las elites, la acogida y asistencia espiritual de
las poblaciones vecinas, las intensas actividades en las
iglesias, etc.
Es una
misionaridad que ama a los pobres de una manera eficaz.
Alfonso se encarnó o inculturó
de tal manera, en aquel mundo de los pobres, que rehizo
toda su reflexión moral a partir del respeto a la
conciencia moral de sus cabreros y pastores. Alfonso es
el misionero de la bondad pastoral, del respeto a la
conciencia personal como última fuente de la decisión
moral. Lo llamaron hasta hereje, cuando defendió que
muchas de las “blasfemias” del pueblo sencillo no eran
pecado grave. Enseña al pueblo a meditar, es decir, a
reflexionar su fe, para que no se limite a las fórmulas
repetitivas e incluso supersticiosas. Se inculturó en el
alma afectiva del pueblo, en las expresiones
oracionales, haciéndolo orar y cantar, no sólo en la
liturgia oficial y fría, sino en su relación de amor
confiante a Jesús y María. Alfonso tenía pavor de los
confesores que trataban con aspereza a las personas.
Aconsejaba a quien estaba nervioso que dejara el
confesionario para no causar mal mayor a las personas
simples.
Es una
misionaridad que exige la radicalidad del espíritu
misionero. Alfonso supo muy bien que no era fácil
sacrificar todo para trabajar con los pobres y hasta
vivir cerca de ellos. Era una opción difícil, radical,
no sólo personal, sino también congregacional. Es una
opción solamente posible a partir de un amor apostólico
radical. Por consiguiente repetía a los cohermanos:
"Mis sacerdotes y hermanos, desde que nuestro santo
instituto nos obliga a dedicarnos a la ayuda de las
almas más abandonadas, procuremos tener en el corazón un
amor lleno de ternura y un afecto particular por las
almas necesitadas y abandonadas".
Alfonso llega a tal punto en eso de acercarse de los
cabreros, que él se desnuda de los hábitos de la alta
sociedad y causará hasta la impresión de ser una persona
desarreglada: barba por hacer, sotana rota, viajes a
pie, o cuanto mucho a caballo, etc. Sin el “distacco”,
no hay misionero redentorista, y sin el amor por lo
pobre, no es posible el “distacco”. Se trata de una
actitud casi heroica de sacrificar lo que es bueno para
dedicarse a lo más difícil y desafiador.
Es una
misionaridad que depende de la experiencia personal y
comunitaria del amor de Cristo y del amor a Cristo,
porque esa será su única razón de ser.
Sin la experiencia de un total e
intenso amor de Cristo para con nosotros y de nosotros
para con Cristo, no es posible ni siquiera imaginar ese
tipo de opción. “El amor de Jesucristo nos hace
violencia y nos empuja contra la pared, para amarlo y
para hacerlo amado de los otros".
En otra ocasión, Alfonso
dirá: "Mis estimados hermanos, la cosa principal que
yo recomiendo es el amor a Jesucristo... Amar a
Jesucristo es la obra más grande que nosotros podemos
realizar en esta tierra... Termino, pero no me gustaría
terminar nunca por el deseo que tengo de verlos a todos
enamorados de Jesucristo y realizadores de su gloria.
Sobre todo en esos tiempos en que Jesucristo se ve tan
poco amado en el mundo".
Ya muy viejo, el 29 de julio de 1774, Alfonso escribe a
los redentoristas: "Mis estimados hermanos, la cosa
principal que yo recomiendo es el amor a Jesucristo.
Somos obligados a amarlo, y mucho. Para esta finalidad
es que Él, desde toda la eternidad, nos escogió y llamó
a esta Congregación, para amarlo y hacer que todos lo
amen. Y, ¿que honor más grande y delicadeza podría
hacernos Jesucristo que sacarnos del medio del mundo, a
fin de atraernos a su amor? Y, ¿qué más debemos
pretender en esta vida, después de la cual nosotros
pasaremos a la eternidad, que amarlo y hacerlo amado de
tantas almas que, todos los años y continuamente, por
nuestro intermedio, dejan el pecado y vuelven al estado
de gracia de Dios"?
Esa relación afectiva con
Jesús debe ser inculcada desde el tiempo de la formación
inicial. La ciencia de saber amar a Jesús es la más
importante de todas. "¿De qué sirven todas las
ciencias para quien no sabe amar Jesucristo?"
Es una
misionaridad de continuidad de la Misión de Cristo.
Jesús "es el primer y supremo misionero, enviado por
el eterno Padre para buscar y promover la salvación del
mundo" y, como tal, debía ser asumido como la norma
de vida para la comunidad redentorista, ya lo afirmaba
el primer reglamento de las misiones redentoristas.
El ideal o la mística de las misiones redentoristas se
sintetizan bien en la primera constitución de la Regla
de 1764, que integra la misma idea ya presente en el
reglamento para las santas misiones: "Las santas
misiones no son otra cosa que una Redención continuada
que el Hijo de Dios está logrando día a día en el mundo
a través de sus ministros... Para realizar este sublime
ideal son llamados los miembros de nuestro instituto,
como colaboradores de Jesucristo, implicados junto con
Él en la gran tarea de la Redención de todos... Y así
como deben empeñarse en imitar todas las otras virtudes
manifestadas en la vida de Jesucristo Redentor nuestro
maestro, igualmente deben procurar asemejarse a él tanto
en la sustancia y en el modo. Su alimento no será otro,
sino la gloria de Dios y la salvación de las almas. Esta
es la finalidad del misionero y fue ésta la finalidad
que hizo al Hijo de Dios bajar del cielo a la tierra…
Quien no tiene este propósito, no es sino un ladrón de
la gloria de Dios y un enemigo de las almas. Así misionó
Jesucristo, así misionaron los santos apóstoles,
verdaderos discípulos y perfectos imitadores de tal
Maestro. Esto es los que [los misioneros] deben imitar y
tener como ejemplo, si de hecho quieren obtener como
fruto el fin más importante de su vocación."
Este
es el sentido de la “memoria viva" que Alfonso maduró en
Scala, a través de la mediación de los cabreros, de las
confidencias con María Celeste Crostarosa y de los
momentos de oración en la gruta. Mientras María Celeste
parte de la figura del Padre para contemplar el designio
salvífico en Cristo, Alfonso tendrá como punto de
partida y como eje a Jesucristo. Es verdaderamente un
cristocentrismo misionero que incluye la religiosidad
popular y evidencia para la gente simple la maravilla
del amor redentor de la Trinidad. Por todo esto, Alfonso
puede asombrarse, ayer como hoy, cuando dice: "digo
la verdad que es una inmensa miseria ver a los
predicadores, hablar sobre todo menos sobre el amor para
con Jesucristo, después de que este Dios tanto hizo y
padeció para hacerse amado."
Es una
misionaridad de anuncio kerigmático de la misericordia
divina. ¿Qué imagen Alfonso tenía de Dios y quería que
los misioneros presentaran a las personas, muchas veces
inconscientes de su situación de pecado? Dios "es el
Padre apasionado por el hijo que, como oveja, se lastimó
y cayó presa del pecado”. Con esa luz, Alfonso iluminaba
el rostro de Dios en la primera predicación de la
misión. Sacudía al pueblo con amor. En seguida acudía a
la luz de los "novísimos": la muerte, el juicio, el
infierno, pero todo esto servía para sacar del
entorpecimiento espiritual y sobre todo, los abría a la
misericordia, esto es, a la ternura paternal de Dios que
llama a la libertad y a la vida, y para San Alfonso esta
palabra que llama no era abstracta ni de juicio, sino
encarnada. Esta palabra encarnada es Cristo. Cristo
toma sobre sí nuestra muerte en la cruz para
transformarla de muerte de desesperación y condenación
en muerte como momento de resurrección, y por tanto
muerte de esperanza. No es por consiguiente una misión
de terror, sino una misión resucitadora como Cristo que
muere para hacernos resurgir. En esta nueva vida sobre
la tierra, Él nos da como lugar de vida la Iglesia; la
Iglesia que tiene en María su luz primera, al mismo
tiempo simbólica y real”.
Es una
misionaridad siempre en Comunidad.
Ciorani será la primera experiencia
sólida de vida comunitaria redentorista esencialmente
misionera. Allí, “la palabra 'misión' es la más ancha de
las referencias. A ella pueden unirse, por atracción,
palabras estrechamente relacionadas con el ministerio
apostólico como: predicación, estilo, obediencia,
humildad, soberbia, amor a los desprecios, pobreza,
crítica, parientes, perseverancia, vocación, estudio,
sobre todo de la teología moral. Otro grupo de palabras
que específicamente se refiere a la vida de la
comunidad, sin perder de vista el apostolado: la
meditación, la oración, las plegarias, el retiro, el
silencio, retiro, la vida común, la caridad mutua, celo,
la observancia, las Reglas, los defectos. Encima de
todos los temas: amor a Jesucristo y a María Santísima.
El elenco presentado es suficiente para vislumbrar la
centralidad de la dimensión misionera con respecto a la
compleja de los misioneros”.
Esta comunidad-madre servirá tanto como parámetro para
todas las otras comunidades de todos los tiempos y como
arquetipo ideal para todas nuestras comunidades. Lo que
la caracteriza y distingue de cualquier otra vida
conventual conocida es la Misión continua. Las
confesiones, las predicaciones, las celebraciones, los
retiros para los más diversos grupos involucraban de tal
manera a los cohermanos que ellos ni siquiera imaginaron
hacer de la vida en casa un espacio de serenidad
conventual. Personas de todos los rincones, villas,
ciudades donde los redentoristas ya habían predicado las
misiones acudían para ser atendidas. Y nadie volvía
insatisfecho. La propia comunidad del pueblo de Ciorani
se volvió un ejemplo. La casa se quedó pequeña ante
tanta afluencia, lo que no fue impedimento para acoger
al pueblo de la misma manera, ya que tanto Alfonso como
su cohermanos dejaron el propio cuarto para los
visitantes y ellos durmieron al fondo de la casa.
Ciorani, "como
casa-comunidad-misión continua, no sólo fue un hecho
local, sino un proyecto para todas las casas-comunidades
redentoristas del futuro".
Es lo que afirma Alfonso al Cardenal Spinelli, de
Nápoles, en septiembre de 1748: “Nuestro pequeño
instituto quiere sus casas en el medio de las diócesis,
a fin de que no sólo las personas pobres puedan acudir
para ser ayudadas en sus necesidades espirituales, sino
también para ser socorridas con la ayuda de
instrucciones, novenas y otros ejercicios continuos que
los sacerdotes de ese instituto irán realizando, algunas
veces en un lugar otras veces en otros lugares de la
diócesis donde residen, y así persevera en las personas
el fruto que se obtuvo con las misiones."
Es posible
imaginar qué tipo de "religiosos" eran los
redentoristas. Vivían la misión 24 horas al día. Era un
estilo de vida que exigió una prontitud total para
acoger a las personas a cualquier hora y momento. Esto
explica porqué Alfonso no permitía que los cohermanos
asumieran otros compromisos, sino aquellos directamente
relacionados a la actividad misionera, dentro y fuera de
la casa, como serían las escuelas, los retiros para
monjas, la dirección espiritual de monasterios, etc. Así
era también la formación que Alfonso deseaba de los
estudiantes. Los preparaba intelectual y espiritualmente
con todo el cuidado, pero "quería que los jóvenes
clérigos crecieran ansiosos de trabajar a favor de las
personas pobres y de la periferia."
Definitivamente,
nosotros no somos
conventuales. Somos comunidad a partir de la misión y
para la misión. La Comunidad
redentorista no se caracteriza por el convento. No es
conventual. Ella se define por una dinámica de
convivencia evangélica entre sus miembros, dentro o
afuera de la casa. Nuestras CC. y EE. son radicales
cuando hablan sobre la Comunidad Apostólica: "Para
los congregados es ley esencial de su vida: vivir en
comunidad y a través de la comunidad realizar el trabajo
apostólico". Añade en seguida: “La comunidad, sin
embargo, no es sólo la convivencia material de los
congregados, sino, al mismo tiempo, la comunión del
espíritu y de fraternidad". Nosotros podemos afirmar
que nuestro "ser comunidad" depende esencialmente de la
calidad de nuestras relaciones humanas antes que de un
lugar o casa. Si es siempre una relación humana
evangélica, el “ser comunidad" exige que el redentorista
conviva y actúe con otro redentorista. Hay que tener una
relación caracterizada como misionera o evangelizadora.
De esta relación fraterna misionera, que existe
dondequiera que estén y hagan dos o más redentoristas,
dependen el testimonio de la validez y de la viabilidad
del Evangelio de Jesús y la sacramentalidad de la acción
misionera.
Por
consiguiente, la misión evangelizadora es la que
construye y mantiene la común-unidad. Sin un proyecto
misionero común no hay porqué vivir en comunidad para un
redentorista. Podemos decir que el material para
construir un "convento" o comunidad auténticamente
redentorista puede ser sintetizado en estos términos:
Jesús, la Oración, la Amistad evangélica, el Trabajo
misionero, la Conversión, Apertura para el mundo,
Proyecto misionero-comunitario. Ésos son las columnas,
las paredes y los colores con los cuales se debe
construir "los conventos" o las casas redentoristas. La
misión evangelizadora es la que construye y mantiene la
común-unidad.
A partir de
esas consideraciones, podemos leer el DA con la
sensibilidad misionera abierta para los “cabreros” que
la V Conferencia nos apunta en América Latina y Caribe.
Es verdad que son tantos, que tendremos que hacer
nuestras opciones, según nuestras fuerzas. Pero, no es
posible ignorar a todos y quedarnos cerrados en nuestras
tradiciones, si ya no corresponden a los reclamos de la
realidad. Y debemos también buscar las indicaciones para
el desafío de la Evangelización en una sociedad cambiada
y cambiante, sin categorías suficientes para
caracterizarla social y religiosamente.
EL V CELAM –
APARECIDA
APARECIDA: es
interesante leer el mensaje que brota de la ubicación
misma de la V Conferencia, subrayada positivamente por
Oscar Beozzo. Aparecida es uno de los más grandes
santuarios marianos del mundo. Ordinariamente, en cada
día de la semana hay por lo menos 5.000 peregrinos. Y en
los fines de semana, sábados y domingos, alrededor de
100 a 150 mil peregrinos. El mes de mayo es considerado
uno de los meses fuertes, cuando en los fines de semana
fácilmente hay más de 200 mil peregrinos.
La Conferencia
fue celebrada en el subsuelo de la Basílica, en un gran
salón de reuniones de los peregrinos. Los obispos
necesariamente oían a los peregrinos que rezaban y
cantaban, desde la mañana hasta las 5 de la tarde.
Además de eso, el hospedaje de los varios grupos de
obispos era en los hoteles de la ciudad. Para llegar al
Santuario y para volver a sus habitaciones,
necesariamente pasaban en medio a la gente, recibiendo
sus saludos. Y todos los días tenían su concelebración
en el altar principal, con los peregrinos. Quizás, los
peregrinos no han comprendido muy bien muchos de los
presidentes, pero ellos han recibido un testimonio
hermoso de fe y de participación litúrgica del pueblo,
además de su devoción sencilla a la Virgen.
Es decir que los
participantes de la V Conferencia no se quedaron jamás
aislados en su mundo clerical y jerárquico. Basta
recordar que Medellín y Puebla han sido realizados en
seminarios aislados. Santo Domingo en hoteles de lujo y
en seminario. Siempre sin gran contacto con el pueblo.
Aparecida
ofreció un espacio popular, con interacción continua con
los peregrinos, que edificaron y evangelizaron a los
obispos. La Conferencia estaba muy cerca de la gente y
sintió su influjo. Y no era solamente el espacio físico.
Era también un espacio espiritual y cultural, con
rostros de todos los tipos, principalmente de los
pobres, siempre manifestando gran empatía por los
obispos. Es impresionante la página que legaron los
obispos sobre “La piedad popular como espacio de
encuentro con Jesucristo”. Es un texto producido bajo
una fuerte impresión y emoción delante de los peregrinos
de Aparecida y del Santuario de la Virgen.
PALABRAS Y TEMAS
CLAVES: DISCÍPULO (+ de 390) + MISIONERO (más de 340) +
VIDA (más de 840) + PUEBLO (más de 300)
Discípulo y
Misionero están vinculados directamente a Jesús, y entre
ellas. Vida y Pueblo al Reino de Dios también se
intercambian. Son las palabras o conceptos que ocurren a
lo largo de todo el documento, como filos conductores.
Si no aceptamos o no entendemos esos 4 conceptos, no
podemos acoger nada en el Documento de Aparecida. La
palabra ‘pueblo’ ocurre 139 veces como ‘nuestros
pueblos’.
Por el tema
mismo de la Conferencia y por los conceptos más
insistentes, se puede decir que el Documento demuestra
ser más evangelizador y menos institucional. Jesús, y no
la institución eclesial, es la referencia esencial y
normativa. Jesús en la dimensión universal y cósmica,
como propuesta divina a todos los pueblos y a todas las
culturas, como presencia divina en la historia de la
humanidad. No es propiedad de la Iglesia católica. Es
Camino, Verdad y Vida para todos. El ser ‘discípulo’ y
‘misionero’ se refieren a los Evangelios, la ‘vida’
surge como un concepto amplio, que comprende también la
naturaleza y toda la ética ecológica, y ‘pueblo’ es una
referencia principalmente a la gente sencilla, a los
trabajadores, aquellos que no pertenecen a las clases
dominantes de nuestros países.
La palabra
unificadora del documento es VIDA. Hay una opción
fundamental por la Vida en el DA. Vida en el sentido más
amplio, desde la vida sobrenatural, de la gracia, hasta
la vida ecológica. Nótese cierta tensión ideológica
entre grupos que subrayan la vida de la gracia y los
grupos que hablan simplemente de la vida. El resultado
es que el concepto “Vida” es transversal en todo el
documento y adquiere una connotación universal. Aunque,
cuando habla de la Vida de Jesús, se habla de la vida
integral, material y espiritual. Las tres grandes partes
del DA podrían ser también intitulados también: I Parte:
el contexto de VIDA de nuestros pueblos; II Parte:
Discípulos de la VIDA; III Parte: Misioneros de la VIDA
para nuestros pueblos.
Para nosotros es
interesante notar también la importancia que se da a la
palabra ÉTICA, que es usada en todas las dimensiones del
DA. No hay cristianismo, como discipulado, y no hay
sociedad humana sin la ética personal, comunitaria,
eclesial, profesional, política, científica, económica,
etc.
EL DOCUMENTO
DE APARECIDA
INTRODUCCIÓN
América Latina y
Caribe han hecho fecundar, en las ‘semillas del Verbo’,
una Evangelización de luces y sombras. Pero, siempre han
sido DON. Hay una tradición católica, hay una cultura
religiosa positiva.
Continuidad
entre los CELAM (Río 1954; Medellín 1968; Puebla 1979;
Santo Domingo 1992).
Finalidad:
custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios +
recordar que, en virtud del bautismo, todos está
llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo.
Fe católica no
es: normas y prohibiciones, prácticas de devociones
fragmentadas, adhesiones selectivas y fragmentadas de
las verdades de la fe, participación ocasional en
sacramentos, repetición de principios doctrinales,
moralismos blancos o crispados.
Caminos para la
Vida o caminos para la muerte, de una cultura sin o
contra Dios.
“¡No tengan
miedo!” Somos definidos por el amor del Padre, gracias a
Jesucristo, ungidos por Espíritu.
Reto
fundamental: “mostrar la capacidad de la Iglesia para
promover y formar discípulos y misioneros que respondan
a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por
desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con
Jesucristo.”
I PARTE: LA VIDA
DE NUESTROS PUEBLOS HOY
Es el contexto
de más o menos vida de nuestros pueblos, subrayando los
cambios de los últimos decenios. Son dos capítulos, en
que el primero comienza con los Discípulos Misioneros y
el segundo describe la mirada de los Discípulos
Misioneros sobre la realidad.
Logran recuperar,
sin mucha disciplina, el método ver-juzgar-actuar, sobre
la cual han añadido frases complementares: Ver la
realidad a la luz de la providencia: Juzgar según
Jesucristo; Actuar desde la Iglesia.
Capítulo 1
LOS DISCÍPULOS
MISIONEROS
La ‘presencia
cotidiana y esperanzada de incontables peregrinos’,
que recuerdan a los primeros seguidores, que vivieron su
tiempo, su pueblo, en el imperio romano, sin olvidar el
encuentro con Jesús. Desde la experiencia de Jesús,
mirar las luces y sombras de nuestro tiempo.
1.1 Acción de gracias a Dios
Bendecimos a Dios
por ser instrumentos de su Reino, por la naturaleza, por
la Palabra. La realidad interpela a ser Iglesia
samaritana (evangelización+promoción humana+liberación
cristiana auténtica). La creación es buena y desea ser
liberada.
1.2 La alegría de
ser discípulos y misioneros de Jesucristo
Ser cristiano no es
una carga sino un don. La alegría de ser discípulo X
mundo atemorizado por violencia y odio.
La misión de la
Iglesia es evangelizar
Somos
portadores de buenas noticias para la humanidad y no
profetas de desventuras.
Hacerlo
siguiendo los pasos de Jesús y adoptando sus actitudes:
servidor, obediente, pobre. “En la generosidad de los
misioneros se manifiesta la generosidad de Dios, en la
gratuidad de los apóstoles aparece la gratuidad del
Evangelio”.
En el rostro
de Jesús doliente y glorioso, el rostro humillado de
tantos de nuestros pueblos y su vocación a hijos de
Dios.
Capítulo 2
MIRADA DE LOS
DISCÍPULOS MISIONEROS SOBRE LA REALIDAD
La realidad que nos
interpela como discípulos y misioneros
El gran cambio
vital tiene un título conocido: la Globalización. Bajo
esa nueva realidad están la ciencia y la tecnología,
como la biogenética, las comunicaciones simultáneas,
todo en ritmo vertiginoso. ¿Cómo eso afecta la vida y el
sentido religioso y ético de nuestros pueblos?
Es una realidad
opaca, compleja y fragmentada, en todos los niveles:
económico, político, científico, etc. que ya no ofrecen
significado, y por eso llevan a la frustración, a la
crisis de un sentido unificador, como, en parte, siguen
siendo la religiosidad popular y la devoción mariana
para nuestros pueblos. Los espectáculos de la “media”
sustituyen pero no satisfacen. Tenemos que ser humildes
ante esa realidad.
Las tradiciones
ya no pasan de generación a otra, como era la fe. La
“media” invadió el hogar, con información, distracción,
sucesos.
Hay la ideología
de género, con modificaciones legales.
Es necesario
recomenzar desde Cristo, desde su seguimiento, para
buscar el sentido de la vida y de la realidad.
2.1.1 Situación
Sociocultural
El cambio más
profundo es el cultural: sobrevaloración de la
subjetividad individual versus los vínculos
comunitarios; bien común versus la realización inmediata
de deseos individuales, siempre crecientes, con los
consecuentes problemas de sexualidad, de familia, de
enfermedades y muerte.
La ciencia y la
técnica están al servicio del mercado. Hay una lógica de
rentabilidad y funcionalidad que invade todo. Con una
superficialidad que destruye lo verdaderamente humano.
Nueva colonización
cultural impuesta y homogeneizada: el individuo es
indiferente al otro. Vívese el día a día, sin proyectos.
Las relaciones humanas son objetos de consumo, las
relaciones afectivas son sin compromiso, sin
responsabilidad, sin definitivo.
Hay una afirmación
exasperada de derechos individuales y subjetivos, de
forma pragmática e inmediata, sin ética ni derechos
sociales, culturales.
Todo eso conduce la
sociedad a: la explotación de la dignidad de las
mujeres; el cambio en los roles masculino y femenino; la
avidez del mercado sobre jóvenes y niños. Vale el
presente, sin referencia al pasado, sin búsqueda del
futuro. Todo es espectáculo, todo es cuerpo, todo es
publicidad, todo es lucro, sin valores y sin instancias
religiosas. Es la cultura del consumo.
Pero, hay aspectos
positivos: el valor fundamental de la persona, de la
conciencia, de la experiencia personal, de la sencillez,
del débil; ya no hay ideologías dominantes, que han
fracasado. Tórnase importante el testimonio para la fe.
Sigue negado el
acceso a los bienes a la mayoría.
Las culturas
tradicionales coexisten desigualmente con la cultura
globalizada: el comunitarismo, la familia, la
solidaridad, el religioso.
Las culturas
urbanas y suburbanas son complejas en su identidad,
pertenencia, relación, espacio vital. Y hay la realidad
de los migrantes, con sus culturas.
Asumir la
diversidad cultural es superar la uniformización de la
cultura.
2.1.2 Situación
económica
La globalización
es un fenómeno de relaciones de nivel planetario, un
logro de la familia humana, pero con el riesgo de ser
una monopolización, con el lucro como valor supremo, si
no es regida por la ética, al servicio de la persona
humana.
Por su dimensión
económica muy fuerte se torna un proceso promotor de
inequidades y injusticias múltiples. No es capaz de
reaccionar en función de valores objetivos más allá del
mercado, como la verdad, la justicia, el amor y la
dignidad y los derechos de todos. Resulta en
concentración de poder y riquezas, produce exclusión y
lleva hasta la pobreza de conocimiento, del uso y del
acceso a nuevas tecnologías. Mata a pequeñas empresas y
promociona la precariedad del empleo. Crea no solamente
“explotados”, sino “sobrantes” y “desechables”.
Para nosotros,
hay un fuerte llamado a una globalización diferente, la
de la solidaridad.
2.1.3 Dimensión
socio-política
Estamos casi todos
en regímenes democráticos. La sociedad civil es un poco
más protagónica. Hay progresos en definir y aplicar
políticas públicas.
Pero, recrudece la
corrupción en la sociedad y en el estado. Crece la
violencia, con el crimen organizado, el narcotráfico,
los grupos paramilitares, la violencia de los grupos
juveniles, en las familias. Sus causas: la idolatría del
dinero, la ideología individualista y utilitarista, la
falta de respecto a la dignidad de la persona, la
corrupción de las fuerzas del orden, la falta de
políticas públicas de equidad social.
Apruébense leyes
injustas, contra los derechos humanos. Hay represión y
violación de los derechos humanos. Y hay conflictos de
vieja data, todavía no superados.
Se aprecia una
creciente voluntad de integración regional, pero que
privilegia el mercado más que las instituciones civiles
y las personas. Comienza algo de globalización de la
justicia, que ofrece esperanzas para proteger la
dignidad, la integridad y la vida de las personas,
contra los crímenes contra la humanidad.
2.1.4
Biodiversidad, ecología, Amazonia y Antártica
Es un punto más
bien de denuncias sobre la apropiación intelectual
ilícita, que excluye las poblaciones tradicionales;
sobre la agresión a la naturaleza, con devastaciones y
amenazas a la dignidad de los pueblos amazónicos; sobre
la propuesta de internacionalización de Amazonia, que
solo sirve a los intereses económicos de corporaciones
transnacionales; y sobre el deshielo del Ártico, que
causa el desequilibrio del ecosistema y el calentamiento
global.
2.1.5 Presencia de
los pueblos indígenas y afroamericanos en la Iglesia
Indígenas,
afroamericanos y europeos son la base de nuestro
mestizaje, de nuestra cultura y sociedad. Hay
menosprecio por los indígenas y afros, amenazados en su
existencia física, cultural y espiritual, en sus
territorios, en su identidad y diversidad. Desaparecen
lenguas y culturas. La Iglesia en su catolicidad debe
reconocer su cosmovisión, sus valores, sus derechos
individuales y colectivos. Son “semillas del Verbo”,
que, evangelizadas, se han convertido en auténtica
religiosidad popular. Hay que llevar adelante la
inculturación. Ellos mismos tendrán que ser animados
como discípulos y misioneros de sus culturas. En la
evangelización, es necesario descolonizar las mentes
todavía llena de preconceptos.
2.2 Situación de
nuestra Iglesia en esta hora histórica de desafíos
A pesar de las
deficiencias y ambigüedades, la Iglesia ha dado
testimonio de Cristo y anunciado el Evangelio. Sigue
reconocida como instancia de confianza y credibilidad.
En su empeño por los pobres, ha tenido testigos de la fe
y mártires.
Positivamente:
la animación bíblica de la pastoral; la renovación
litúrgica; aprecio popular a los sacerdotes; ministerios
laicos; formación en los seminarios; testimonio de la
vida consagrada; abnegación de misioneros y misioneras,
hasta ‘ad gentes’; esfuerzo de renovación de parroquias,
como comunidades de comunidades: CEBs, movimientos
eclesiales, nuevos movimientos; acción solidaria de
laicos y laicas por la Doctrina social de la Iglesia,
que buscan también la teología; pastoral de la
comunicación social; pastoral orgánica en muchas
iglesias particulares; cierto diálogo ecuménico e
interreligioso; búsqueda de espiritualidad, de mística,
de valoración de la ética; sentimiento de solidaridad.
Sombras: aunque
tengamos 43% de los católicos, la Iglesia no ha crecido,
el clero, sobretodo las religiosas, no acompañan el
aumento de la población; intentos de volver atrás en la
eclesiología, débiles vivencias de la opción por los
pobres, secularización de la vida consagrada,
debilitamiento en el conjunto y en la pertenencia a la
Iglesia; escaso acompañamiento a los laicos;
espiritualidad individualista y relativismo ético y
religioso; lenguajes poco significativos en la cultura
actual, sin tener en cuenta la mutación de códigos;
ausencia en la generación de la cultura, en las
universidades y comunicaciones; número insuficiente de
sacerdotes o distribución no equitativa, dejando la
gente sin Eucaristía; escasez de vocaciones y clero sin
espíritu misionero; estructuras pastorales con
dificultades para su sostenimiento económico;
movimientos eclesiales que no se integran en la pastoral
parroquial y diocesana; gente que pierde el sentido del
transcendente y otros que migran para las sectas, etc.;
el pluralismo religioso hace difícil el diálogo
ecuménico, por la dispersión de grupos cristianos y
pseudocristianos. Muchos católicos están lejos de la
vivencia de los valores del Evangelio: nos reconocemos
como pobres pecadores.
¿Qué podemos
sacar de esa primera parte para nuestra forma de vivir y
predicar las Misiones Redentoristas?
Vivimos muy
cerca de la gente, sobretodo durante la predicación de
las Misiones. ¿Es esa la realidad que tocamos en nuestra
pastoral? De hecho, hay una macro-realidad, pero también
una micro-realidad. Me parece que tocamos más fácilmente
la micro-realidad, por nuestra cercanía a la gente, por
las confesiones, etc.: los pequeños problemas de cada
día, las enfermedades, las angustias familiares, las
situaciones emocionales, los conflictos pastorales, etc.
La macro-realidad cultural, política, económica,
religiosa, etc. es un contexto, de que nuestra gente
vive más o menos conciente, según toca su vida personal
o familiar. Las sectas se alimentan de la
micro-realidad.
Es importante
que nuestras misiones busquen un equilibrio entre la
respuesta cristiana a la micro y a la macro-realidad.
Durante las misiones hay que proporcionar a la gente un
tomar conciencia del contexto de sus vidas, para que
sepan cuáles son los caminos para la vida y cuáles son
los caminos para la muerte. Algunas pancartas pueden
ilustrar la visión de la realidad y la ubicación de la
comunidad misionada dentro de ella.
Para
nosotros, es imprescindible que tengamos nuestra
consciencia misionera de la macro-realidad, como pañuelo
de fondo condicionante para las misiones: la situación
socio-cultural-política-económica-religiosa:
globalización, subjetivismo, individualismo, consumismo,
ciencia y tecnología para el mercado, la comunicación de
masa con su cultura artificial (nueva colonización) y la
publicidad, la cultura del consumismo.
Sin embargo,
nosotros tenemos que seguir atentos a la micro-realidad,
que es la gente concreta, en la coyuntura de su forma de
pensar, de su cultura de valores, de su consciencia, de
sus inquietudes de cada día. Eso es parte de nuestro
carisma. Son las culturas tradicionales, todavía muy
vivas. Es la cultura urbana y suburbana, es la cultura
de los emigrantes.
Tendríamos
que dialogar más y mejor para profundizar nuestra visión
de la realidad social, política y económica. ¿Hasta qué
punto nosotros mismos tenemos puntos de vistas comunes
sobre la macro-realidad de nuestros países, de América
Latina y del mundo? En la preparación de las misiones,
¿logramos discernir la presencia de la macro-realidad y
su incidencia en el pueblo, donde vamos a predicar?
El método
VER-JUZGAR-ACTUAR es también válido para nosotros como
método misionero, que nos ayuda a inculturar nuestra
propuesta misionera. Nos ayuda a mirar a la realidad con
los ojos de la fe, no como obstáculo o imposibilidad,
sino como desafío misionero.
II PARTE: LA
VIDA DE JESUCRISTO EN LOS DISCÍPULOS MISIONEROS
Es la parte que
habla del concepto-clave “Vida”, pero en relación a los
Discípulos Misioneros. De hecho, si su misión es
irradiar la Vida de Jesús y según Jesús, entonces
tendrán que vivir tal Vida. No será posible ser
Misionero de la Vida, si no se apropian de todo lo que
significa esa Vida, si no la defienden en si mismos,
como valor incuestionable e inalienable. El concepto
“Discípulo Misionero” es más fuerte e insistente en esta
parte, como una nueva propuesta de renovación de la
vocación bautismal para todos los católicos.
Son 4 capítulos,
que nos hablan de la Alegría de ser Discípulos
Misioneros, de su Vocación a la Santidad, de su Comunión
eclesial y de su Itinerario formativo.
Capítulo 3
La Alegría de
ser Discípulos Misioneros para anunciar el Evangelio de
Jesucristo.
“¿Cómo vamos
a saber el camino?” Ante
la realidad de la primera parte, sigue siendo
provocadora la respuesta de Jesús: “Yo soy el Camino, la
Verdad y la Vida” (Jn 14,6). En el contexto del DA, se
podría oír a Jesús diciendo: Yo soy el verdadero Camino
para la Vida. Jesús es la puerta de entrada para la
Vida. “Tus palabras dan Vida eterna” (Jn 6,68), proclama
Pedro por todos nosotros.
Jesús es el
único Maestro de la Vida que Dios nos ha enviado. Si no
escuchamos a Él, nos quedaremos solamente con la
perplejidad de Tomás. Nuestra alegría de ser Discípulos
Misioneros nos viene por tener a Jesús como respuesta.
Es interesante
cómo el DA nos ofrece las expresiones: “Buena nueva” de
la dignidad humana, de la vida, de la familia, de la
actividad humana y del destino universal de los bienes y
la ecología.
Eso significa
que dignidad humana, vida, familia, actividad humana,
los bienes y la ecología son “Evangelio”, es decir, son
parte del contenido evangelizador – buena noticia –
revelación, y no solamente destinatarios de la
Evangelización.
3.1 La buena
nueva de la dignidad humana
Bendecimos a
Dios por la dignidad de la persona humana, que nos ha
regalado desde la creación a su imagen y semejanza,
hasta la redención, para restablecerla en la gracia.
Alabamos a Dios por todos los que han defendido tal
dignidad en América Latina y Caribe.
3.2 La buena
nueva de la vida
Alabamos a Dios
por el don maravilloso de la vida, con el espíritu
alegre de nuestros pueblos. Por el gran valor de la vida
humana, reconciliada con su amor por la muerte de su
Hijo, “rostro humano de Dios y rostro divino del
hombre”. Bendecimos al Padre porque el valor sagrado de
la vida humana es descubierto desde la ley natural. Ante
una vida sin sentido y una existencia que termina en la
muerte, Jesús nos ofrece la comunión divina y la
resurrección para la vida eterna. Él nos hace ver que la
vida es el don supremo, y no los bienes materiales (Mc
8,36). Ante el subjetivismo hedonista y el
individualismo, Jesús no enseña que para ganar la vida,
es necesario entregarla con amor; para desarrollarla, es
preciso vivir y caminar juntos. Sólo Dios es autor y
dueño de la vida. Ante la exclusión, el desprecio y la
explotación de la vida, y todas las estructuras de
muerte, Jesús proclama: “Yo he venido para dar vida a
los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn
10,10). Y el cuidado por la vida se extiende a la vida
de la naturaleza amenazada.
3.3 La buena
nueva de la familia.
Jesús nos revela
que Dios es amor, opta por vivir en familia, y la eleva
a la dignidad de “Iglesia doméstica”. Bendecimos a Dios
por haber creado el ser humano varón y mujer, en
relación de reciprocidad y complementariedad. El amor
conyugal es sacramento del amor en Dios y de Dios, y de
la unión de Cristo con su Iglesia. Por la experiencia
del amor y de la fe, del seno de la familia humana se
camina a la familia de Dios. Dios ama nuestras familias
e, invocado en Cristo, ayuda a superar las divisiones y
sanar las heridas.
3.4 La buena
nueva de la actividad humana
3.4.1 El trabajo
Alabamos a Dios
porque el trabajo es participación en su tarea creadora
de la belleza de la creación. El trabajo “constituye una
dimensión fundamental de la existencia del hombre en la
tierra”, que realiza el ser humano en su dignidad y
libertad. Por eso, son contrarios al proyecto de Dios el
desempleo, la injusta remuneración y el no querer
trabajar. El equilibrio entre el reposo y el trabajo es
el domingo, día de descanso, de familia y de culto. La
actividad empresarial es buena y necesaria, cuando
respeta el trabajador, el medio ambiente y el bien
común, no buscando solamente el lucro.
3.4.2 La ciencia
y la tecnología
Alabamos a Dios
por lo que contribuyen para la expectativa de vida y su
calidad. Pero no tienen las respuestas a los grandes
interrogantes de la vida humana, sólo posibles a través
de la razón y de la ética iluminadas por la revelación.
Sin Dios, pueden volverse contra el hombre. Con las
fronteras abiertas, las ciencias se abren al diálogo con
la teología.
3.5 La buena
nueva del destino universal de los bienes y ecología.
Alabamos a Dios
por nuestra hermana: la madre tierra. “Desatender las
mutuas relaciones y equilibrio que Dios mismo estableció
entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador,
un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva,
contra la vida.” Hay que promover una ecología humana,
abierta a la trascendencia. “El Señor ha entregado el
mundo para todos, para los de las generaciones presentes
y futuras” y exige solidaridad con la generación
presente y futura, a partir de un principio de justicia
distributiva y de respeto a un desarrollo sostenible.
3.6. El Continente de la
esperanza y del amor.
Agradecemos a
Dios por todos los bautizados, por los niños, jóvenes,
familias. Agradecemos a Dios por la religiosidad de
nuestros pueblos. Reconocemos la vitalidad de la
Iglesia, su opción por los pobres, sus parroquias,
comunidades, etc. Alabamos por el continente es un
espacio de comunión de pueblos y culturas indígenas.
Agradecemos por el protagonismo de los desplazados:
mujeres, indígenas, afroamericanos, periféricos. En la
Eucaristía, podemos además de ser el Continente de la
esperanza, también el Continente del amor.
Capítulo 4
La Vocación de
los Discípulos Misioneros a la santidad
Es un camino de
santidad que comprende 4 conceptos básicos: el llamado y
el tipo de seguimiento del Señor, la configuración con
el Maestro, el envío para anunciar el Evangelio de la
vida y la acción animadora del Espíritu Santo.
4.1 Llamados al
seguimiento de Jesucristo
No es un llamado
a seguir ideas o leyes o algo trascendente. La
invitación de Jesús no es para vincularnos con algo,
pero con Él. Es Él quien nos elige. La vinculación
íntima con Jesús es asumir su mismo estilo de vida, sus
mismas motivaciones y su misma suerte, es participación
de la Vida del Padre. Es ser sarmiento de la Vid. Es ser
su amigo, su hermano. La respuesta a su llamada de
intimidad “exige entrar en la dinámica del Buen
Samaritano (Lc 10,29-37)”.
4.2 Configurados
con el Maestro
Comienza por una
entrega total de sí al Señor: “Te seguiré adondequiera
que vayas” (Lc 9,57). Pero “para configurarse
verdaderamente con el Maestro, es necesario asumir la
centralidad del Mandamiento del amor”, un amor con la
medida de Jesús: “Ámense los unos a los otros, como yo
los he amado” (Jn 15,12). Es así como seremos
reconocidos como discípulos suyos (Jn 13,35). Así,
aprendemos y practicamos las Bienaventuranzas del Reino,
el estilo de vida de Jesús, su compasión, hasta
compartir su destino, hasta su cruz. Es el testimonio de
tantos misioneros y mártires en nuestros pueblos. La
Virgen María es la imagen espléndida de esa
configuración. Hay mucha gente en América Latina y
Caribe que busca tal configuración, por la escucha de la
Palabra, por los Sacramentos y en la entrega solidaria a
los más necesitados.
4.3 Enviados a
anunciar el Evangelio del Reino de vida
Jesús es la
inauguración del Reino de vida de su Padre en medio a
nosotros. Su muerte se torna fuente de vida fecunda para
todos. Ser su discípulo es ser testigo de la muerte y
resurrección del Señor, que “no es una tarea opcional,
sino parte integrante de la identidad cristiana”. Este
Reino de vida depende de la experiencia del encuentro
con Cristo. El ímpetu de comunicar a todos el don de ese
encuentro es hacerlo el discípulo misionero. Participar
de esta misión es caminar hacia la santidad, que no es
jamás intimismo o individualismo religioso, ni abandono
de la realidad urgente de los grandes problemas, ni fuga
hacia un mundo exclusivamente espiritual.
4.4 Animados por el
Espíritu Santo
Jesús vivió
siempre conducido por el Espíritu Santo. Por eso, venció
las tentaciones de seguir otros caminos y discernió la
voluntad del Padre. Resucitado, comunica el Espíritu a
los suyos. Es el Espíritu que continúa la misión de
Jesús en la Iglesia, según Lc 4, 18-19. “De este modo,
por la eficaz presencia de su Espíritu, Dios asegura
hasta la parusía su propuesta de vida para hombres y
mujeres de todos los tiempos y lugares, impulsando la
transformación de la historia y sus dinamismos.”
Capítulo 5
La comunión de
los Discípulos Misioneros en la Iglesia
La realidad del
ser Iglesia es la comunión. Toda su estructura, su
organización, solo valen en la medida en que sirven a la
comunión. Habla de los lugares eclesiales para la
comunión, de los ministros ordenados y no ordenados y
los consagrados, de los que han dejado la comunión
eclesial y del diálogo ecuménico e interreligioso. Los
dos conceptos “comunión” y “discípulos-misioneros” se
intercambian e interactúan a lo largo de todo el
capítulo.
5.1 Llamados a
vivir en comunión
Los Doce son
elegidos para vivir en comunión con Jesús, por Él, en
comunión con el Padre y el Espíritu Santo. La Trinidad,
que es la fuente, el modelo y la meta del misterio de la
Iglesia.
Es necesaria la
intimidad con Jesús para alimentar la vida comunitaria y
la actividad misionera.
No hay
discipulado sin comunión eclesial, no hay cristianos sin
Iglesia. La pertenencia a una comunidad concreta es una
dimensión constitutiva del ser cristiano.
“La Iglesia
crece no por proselitismo, sino por ‘atracción’”, cuando
vive en comunión.
La Iglesia es
comunión en el amor. Ésta es su esencia. La diversidad
de carismas, ministerios y servicios es para formar el
único Cuerpo de Cristo. “La comunión y la misión están
profundamente unidas entre sí… La comunión es misionera
y la misión es para la comunión.”
5.2 Lugares
eclesiales para la comunión
Al enumerar los
lugares eclesiales, además de la diócesis, la parroquia,
vuelve a afirmar que las Comunidades Eclesiales de Base
son lugar eclesial. Pero añade otras pequeñas
comunidades, que comprende la pluralidad de grupos y de
movimientos actuales.
5.2.1 La
diócesis, lugar privilegiado de la comunión.
La pertenencia a
una comunidad distingue la fe cristiana de un simple
sentimiento religioso individual. Dios quiso salvarnos
como Pueblo, no aisladamente. “La Iglesia particular es
totalmente Iglesia, pero no es toda la Iglesia”. Depende
de la comunión con las otras Iglesias y con el Papa. La
diócesis está llamada a ser comunidad misionera: salir
al encuentro de los que no creen, responder a los
grandes problemas de la sociedad y buscar a los
bautizados que no participan.
5.2.2 La
Parroquia, comunidad de comunidades
Es necesario
reformular sus estructuras, para que sea una red de
comunidades y grupos en articulación. Que se vuelvan
misioneras. En el mundo urbano, se plantea la creación
de nuevas estructuras pastorales.
Un esfuerzo
especial en convocar y en formar laicos misioneros.
La Eucaristía,
fuente y cúlmen de la vida cristiana, es para la
parroquia una escuela de vida cristiana, que le plantea
la exigencia de una evangelización integral: ser una
buena samaritana, solidaria con los sufrimientos de la
gente.
Eucaristía y
Reconciliación andan juntas para contraponerse al
relativismo que perdió el sentido del pecado. A la
reconciliación deben los sacerdotes dedicar tiempo
suficiente.
5.2.3
Comunidades Eclesiales de Base y Pequeñas comunidades
La CEB es una
célula inicial de estructuración eclesial, por su acceso
a la Palabra de Dios, por el compromiso social, por los
ministerios laicales y educación en la fe de los
adultos. (alternativa de fraternidad y de solidaridad
a una sociedad egoísta y competitiva). Son expresión
visible de la opción preferencial por los pobres y signo
de vitalidad en la Iglesia particular, pero siempre
atentas a no caer en la radicalización ideológica,
perdiendo el sentido eclesial. (Queremos
decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y
misión profética y santificadora de las CEBs…un punto de
partida válido para la Misión Continental permanente).
Hay otros
grupos, como respuesta a las exigencias de
evangelización. Todos darán fruto “en la medida en que
la Eucaristía sea el centro de su vida y la Palabra de
Dios sea el faro de su camino y su actuación en la única
Iglesia de Cristo”.
5.2.4 Las
Conferencias Episcopales y la comunión entre las
Iglesias
Son experiencia
de comunión episcopal, de colegialidad para el
discernimiento solidario de los grandes problemas de la
sociedad y de la Iglesia y sus orientaciones pastorales.
Han logrado una fraternidad, “una reflexión teológica,
un lenguaje pastoral común que favorece la comunión y el
intercambio entre las Iglesias”.
5.3 Discípulos
misioneros con vocaciones específicas
Son los obispos,
los presbíteros, los párrocos, los diáconos permanentes,
los laicos y los consagrados, todos invitados a ser
discípulos misioneros.
Y todos han de
tener en cuenta los desafí