“Actualidad y Desafios de la Mision Itinerante
Redentorista”
Los días 21 al 27 de octubre del 2007, en el Centro
Pastoral de la Diócesis de Alajuela (Costa Rica), nos
hemos reunido más de 50 redentoristas, religiosos y
laicos, para celebrar el VI Congreso de Misioneros
Redentoristas de la Sub – Región Norte de América Latina
y el Caribe. Estas Jornadas han sido un
signo más de la colaboración creciente entre nuestras
Unidades que forman la Sub-Región. A este encuentro se
han unido algunos cohermanos de las Unidades de Brasil y
del Cesplam, que nos han enriquecido con su presencia,
sus aportaciones y sus experiencias. Distintos lugares
de procedencia pero un sólo empeño:
“descubrir los retos de la Misión Itinerante y
clarificar criterios para responder a las exigencias del
Evangelio hoy desde el carisma redentorista en la Sub –
Región Norte de América Latina y el Caribe”.
Para ayudarnos en la reflexión hemos contado con la
presencia enriquecedora de Mons. Vittorio Girardi,
M.C.C.J., obispo de Tilarán (Costa Rica), y de los
redentoristas PP. Pedro López Calvo y José Ulises da
Silva, de las Provincias de Madrid y Sao Paulo
respectivamente. A cada uno de ellos agradecemos su
cercanía y su buen hacer.
Entre todos hemos conseguido crear un clima festivo y
fraterno que nos ha permitido experimentar la presencia
del Espíritu, el gozo de la fraternidad, la dicha de
sentirnos discípulos y misioneros y miembros de esta
familia querida de Jesucristo que es la Congregación del
Santísimo Redentor.
Al final de estos días no podemos dejar de compartir con
todos ustedes algunas convicciones en las que nos hemos
reafirmado a lo largo de estas jornadas:
Damos gracias a Dios por haber bendecido a su Iglesia
con la persona de San Alfonso y de la familia fundada
por él. Agradecemos el regalo del carisma del anuncio
explícito de la Palabra especialmente a los más
abandonados. Desde ahí asumimos gozosamente la
invitación y el reto que nos lanza la Conferencia
Latinoamericana de Aparecida de “confirmar, renovar y
revitalizar la novedad del Evangelio arraigado en
nuestra historia desde un encuentro personal y
comunitario con Jesucristo que suscite discípulos y
misioneros” (No. 11). Realmente merece la pena recorrer
los caminos de nuestro mundo como misioneros itinerantes
al estilo de Jesús con los Apóstoles, y, en gratuidad,
anunciar y hacer presente el Reino.
Compartimos con ustedes el convencimiento de que la
misión itinerante, el método preferido por San Alfonso,
es un método de evangelización especialmente válido
para nuestro tiempo, que rejuvenece el rostro de la
Iglesia, que pone a las parroquias en clave misionera y
evangelizadora, que deja estructuras permanentes de
evangelización, que para muchas personas es un buen
medio para renovarse en la fe y lanzarse al apostolado,
que genera vida en las personas y en las comunidades
cristianas.
Desde esta convicción y deseosos de contribuir a la
construcción de una Iglesia de comunión misionera y
esperanzada, renovamos nuestro deseo y nuestra
disponibilidad para servir a las comunidades
parroquiales con algo que es válido, eficaz y necesario
para la revitalización misionera de las comunidades
cristianas, como es la Misión Itinerante Redentorista,
sobre todo favoreciendo el surgimiento de comunidades
eclesiales de vida.
La Misión Itinerante tiene que estar al servicio de la
Pastoral Ordinaria de las comunidades parroquiales que
nos invitan a dinamizar a sus miembros y a sus
estructuras. Esto requiere un humilde, cuidadoso y
generoso acompañamiento por parte de los misioneros a
los sacerdotes, agentes de pastoral y a todas las
personas a las que la Misión Itinerante va a llegar.
Este acompañamiento lleva a las comunidades cristianas a
un proceso misionero, proporcionando desde la fe el
encuentro con Jesús, el diálogo, la escucha, el deseo de
caminar juntos, la capacidad de reflexionar, iluminar,
discernir y de compartir dificultades, alegrías y
esperanzas.
Siguiendo la tradición de la Congregación creemos que
nuestra misión tiene que ser kerigmática, que se centre
en el anuncio gozoso de Jesucristo muerto y resucitado;
que hunda sus raíces en la Palabra de Dios; que motive
la conversión desde el encuentro de cada cristiano con
el Dios de la bondad y la misericordia, que ayude a
revitalizar las comunidades cristianas que solicitan
nuestra colaboración y a crear pequeñas comunidades
eclesiales de vida; que facilite el inicio de procesos
personales y comunitarios; que ayude a los laicos a
descubrir su vocación en la Iglesia y en el mundo; que
esté preocupada por los más pobres y se ponga al
servicio de la promoción humana y de la autentica
liberación cristiana que, con nuestra acción, debe
llegar a todo el hombre y a todos los hombres y mujeres.
Apostamos en nuestra Misión Itinerante por una presencia
cercana entre los hombres y mujeres de las comunidades
que misionamos; por un estilo de vida sencillo,
respetuoso con los pobres y personas humildes; por una
actitud permanente de benignidad pastoral que siempre
busca salidas a las situaciones dolorosas y difíciles
que vive la gente.
Para ello optamos por crear Equipos Misioneros
Itinerantes formados por religiosos idóneos y laicos
redentoristas que se preparen conscientemente para la
misión y estén preocupados por una actualización
permanente. Que vivan apasionados por el anuncio, que
tengan una gran capacidad para la acogida, que estén
abiertos al cambio y la itinerancia. Para ello es
necesario preparar a nuestros formados en clave de
discipulado y misión.
Reconocemos que si queremos dar respuesta a las
necesidades evangelizadoras de nuestro mundo, no nos
podemos quedar estancados en modos, contenidos y
talantes. Somos conscientes que la tarea no es nada
fácil. Son muchas las dificultades que encontramos para
llevar adelante este trabajo. Hay variedades de
situaciones socio-religiosas en las que se mueve la
sociedad y el hombre de hoy, de la misma tarea
evangelizadora que nos plantea la necesidad de una
radical novedad en el intento de anunciar el Evangelio
al hombre y a la mujer de hoy. Para que la Misión
Itinerante siga siendo válida, hemos de seguir revisando
y creando estilos, metodologías, lenguajes y materiales
que hagan que este medio de acción pastoral mantenga su
vigencia en la nueva cultura globalizada.
Estos días han reafirmado la invitación para hacer cada
vez mayor en calidad y en cantidad la colaboración
solidaria entre nuestras Unidades. En los próximos años,
tendríamos que dar pasos significativos en la reflexión
conjunta para abrir caminos y crear nuevos cauces que
hagan de la Misión Itinerante Redentorista un
instrumento cada vez más adecuado para la evangelización
de nuestro mundo. Queremos estar abiertos a la
realización de acciones misioneras itinerantes conjuntas
y a enriquecernos mutuamente intercambiando materiales y
experiencias. Para ello apostamos por la creación de un
Secretariado y sugerimos la realización de un encuentro
Regional de redentoristas de América Latina y el Caribe.
Por último nos comprometemos a elaborar un proyecto
conjunto de Misión Itinerante y a ofrecerlo al CELAM y
a nuestros obispos locales como aportación concreta de
los misioneros redentoristas a la Misión Continental que
se anunciaba en la Conferencia de Aparecida.
Al terminar este encuentro nos sentimos estimulados a
seguir reflexionando y trabajando juntos en esta
apasionante tarea que es la misión itinerante y animamos
a todos los cohermanos de nuestras Unidades a que apoyen
con entusiasmo y se unan, en la medida de sus
posibilidades, al anuncio extraordinario de la Palabra.
De la misma forma alentamos a nuestras Unidades a que se
mantengan con valentía en la vanguardia de la
evangelización extraordinaria frente a la tentación
permanente de quedarnos a la pastoral ordinaria.
Damos gracias a Dios porque hemos disfrutado de la
oración común y de la eucaristía compartida, del
testimonio gozoso de todos los cohermanos, del ambiente
fraterno y festivo. Y de manera especial por la acogida
calida y cordial brindada por la Viceprovincia de San
Salvador, que cumple 80 años de la presencia
redentorista en Centroamérica. Los que nos sentimos
animados por el mismo Espíritu de Jesús, el misionero
del Padre, agradecemos al Señor haber podido compartir
estos días tantas experiencias, inquietudes y proyectos.
Asumimos con disponibilidad el proyecto de colaborar en
la acción salvífica del Padre desde la itinerancia, como
Jesús dijo: “Vayámonos de aquí a otros lugares”, porque
para eso hemos sido enviados.
Que Santa María del Perpetuo Socorro nos acompañe a
recorrer los caminos de nuestros pueblos y ciudades y
nos abra los corazones de los hombres y mujeres de
nuestra tierra a los que somos enviados.
Fraternalmente,
PARTICIPANTES DEL CONGRESO