SIMBOLISMO
DE LAS VESTIMENTAS LITÚRGICAS
LOS SACERDOTES
Con su simbolismo enseñan a
proveerse de armas espirituales en el combate contra el
espíritu del mal. Como dijo el apóstol: Las armas de nuestra
milicia no son materiales, pero sí poderosas para derribar
lo que se le opone. A la par de la reina, adecuadamente
ceñida de sus diversos ornamentos, el sacerdote adornado
exteriormente con las vestimentas sagradas, debe cuidar que
su interior, su alma, esté revestida de buenas costumbres,
según lo escrito: Que los sacerdotes estén revestidos de
justicia.
Que se coloque al principio
el amito como un casco de salvación y que descienda sobre
sus hombros. Esto indica que no debe adormecerse en la
ociosidad sino consagrarse fortalecido a las buenas obras
y, además, demuestra que deberá tomar para sí las cargas.
Que ligue los cordones del amito sobre el pecho, recordando
que esta acción a punto de comenzar, que es buena por su
intención y el objeto perseguido, se lleve a cabo según el
querer de Dios.
A continuación el sacerdote
adaptará convenientemente el alba e torno a su pecho, para
evitar las superfluidades en su vida y costumbres. Que el
alba sea blanca, resplandeciente por la pureza de sus obras;
amplia para la justicia, a fin de dar a cada uno lo que es
debido; sus riñones sean ceñidos por un cordón, para que
comprometido en el camino estrecho, no caiga en la lujuria y
que no se sienta entorpecido por la embriaguez y la
glotonería.
Para volver a encontrar la
vestimenta de la alegría y la inmortalidad, y llevar con
paciencia el yugo del Señor, poniendo la estola sobre el
cuello, que lleve con paciencia el yugo del Señor: es por la
paciencia que se posee el alma. Que esté atento a su derecha
y a su izquierda, así como él debe estar fortalecido en
ambos lados con las armas de la justicia, y sea exaltado por
la prosperidad o abatido por la adversidad.
En el brazo izquierdo donde
coloca el manípulo o pañuelo, una vez rechazadas la
languidez y cansancio de la vida presente, que pueda
enjugar, en cierto sentido, el sudor de su espíritu con el
lienzo de la vigilancia y sacuda la torpeza de su corazón.
Los ministros del Señor no deben desanimarse ante el
trabajo: tengan siempre presente en el espíritu, que luego
volverán alegremente cargando sus manojos (manipulus).
Por último se reviste de la
casulla que es la vestimenta nupcial, designa a la caridad
y cubre la multitud de los pecados. El sacerdote debe
desbordar de caridad, extendiendo los dos brazos, en gesto
de amor, a derecho e izquierda, hacia Dios y hacia el
prójimo. Y así adornado de todas las virtudes, por sobre
ellas ponga el lazo de una perfecta caridad. De esta
manera, con la gracia del Señor, podrá obtener lo que pide.
LOS OBISPOS
Sus pies calzan sandalias
para preparar el evangelio de la paz, según está escrito:
Que sean hermosos los pies de aquellos que anuncian el
evangelio de la paz. Las suelas por debajo de las sandalias,
es para que no se ensucien con las cosas de la tierra. Por
encima el cuero tiene una abertura como ventana, para que
abran los ojos del corazón al conocimiento de las realidades
celestiales.
Debe estar esa abertura
significando la conveniencia de revelar a algunos los
secretos del cielo, y mantenerlos ocultos en parte, a otros.
Usan también caligas
apretadas en torno a las rodillas, pues quien predica a los
demás, debe conducir sus pasos por caminos rectos y
afirmar sus rodillas vacilantes. El obispo reviste sobre el
alba, una larga túnica llamada toga que significa la
perseverancia de los prelados. Las demás virtudes corren la
carrera; sólo la perseverancia recibe el premio.
Sobre la túnica se coloca la
dalmática. La amplitud de las mangas recuerdan la
liberalidad: que el prelado no tenga la mano extendida para
recibir y cerrada para dar, él que debe abundar en obras de
misericordia y tender sus manos para ponerlas a disposición
de los presentes. Es por ello que los diáconos, elegidos por
los apóstoles para el servicio de la mesa, usan dalmática.
Por lo común, esta prenda tiene franjas en su parte
izquierda, según la palabra: aquel que conduce a sus
hermanos, que se cuide de vigilarlos.
Que el obispo tenga guantes
en las manos, según lo escrito: Cuidad de no hacer buenas
obras delante de los hombres, para ser vistos. Si es lícito
que se hagan públicamente, la intención debe quedar oculta,
a fin que la mano izquierda ignore lo que hace la derecha.
Que tenga la mitra en la
cabeza, pues quiere decir que lleva la ciencia de ambos
Testamentos, así como el rostro de Moisés mostraba haces
luminosos sobre su cabeza. Con los cuernos de los
Testamentos, el obispo debe combatir a los enemigos de la
Iglesia.
Que tenga un anillo en el
dedo, para que pueda decir por la voz de la esposa: "Nuestro
Señor Jesucristo ha puesto el anillo como signo de alianza"
No sólo deberá llevarlo como muestra de fidelidad, sino
principalmente para demostrar que vela para dar a Cristo
como único esposo, a las almas que le fueron encomendadas.
Dice el apóstol: Yo os ligué a mi esposo para presentaros
a Cristo como virgen pura.
Que lleve en la mano el
bastón pastoral o báculo para corregir, sostener y empujar.
Es recto en su parte vertical para dirigir y sostener a los
débiles; y es curvo en su parte superior para atraer a los
pecadores y reunir a lo que erran: "Juntad, sostened,
estimulad al indeciso, al enfermo, al perezoso".
Los arzobispos, además,
llevan sobre sus vestimentas un collar de lana blanca
(Palio), de forma circular que rodea pecho y espaldas. La
lana es la aspereza de la reprensión a los rebeldes; el
color blanco, la benevolencia hacia los humildes y
penitentes, pues el prelado debe mostrar rostro de león y
cara de hombre. La forma circular que encierra los hombros
es el temor del Señor, por quien las obras se cierran a fin
de que su perfume cubierto no se vaya desvaneciendo, como
sucede si se descuidan las pequeñas cosas que, poco a poco,
se cae en las grandes.
El palio (Pallium) tiene
cuatro cruces situadas delante y detrás, a la derecha y a la
izquierda. Así el obispo debe poseer vida, ciencia, doctrina
y poder. Se relaciona también con las cuatro virtudes
cardinales, teñidas de púrpura por la fe en la Pasión del
Cristo. En la parte anterior se representa la justicia: el
prelado debe velar para dar a cada cual lo suyo. En la parte
posterior, la prudencia: el prelado debe cuidarse de dudas
y pensamientos nocivos. A la izquierda, el coraje, para no
sucumbir en la adversidad. A la derecha, la templanza,
para no descontrolarse en la prosperidad.
Sobre el palio hay además
dos rayas, una delante, en el pecho, a fin de que dedique
tiempo a la contemplación, y otra sobre la espalda, para que
no rehuya las cargas de la vida activa. Como Moisés que
estuvo un tiempo con el Señor en la montaña y otro tiempo
en la tierra con el pueblo.
El palio es doble en la
izquierda, pues es necesaria la firmeza en la vida presente,
debido a sus múltiples contratiempos. Es simple a la
derecha, en razón de la quietud y uniformidad de la vida
futura. Tres hebillas tiene el palio: sobre el hombro
izquierdo, delante del pecho y atrás en la espalda, para que
el prelado sea movido por un triple aguijón: temor a la
pena, temor a la culpa y temor a la ignorancia. Que no sea
herido en el pecho por la contrición y por la compasión; en
el hombro izquierdo, por la paciencia ante las pruebas; en
la espalda por el temor. Si el justo apenas se salvará,
¿qué no le espera al impío? La eterna beatitud no es
tiempo de dolor, no tiene hebilla en el hombro derecho. La
hebilla tiene el extremo dirigido hacia abajo y es de forma
redonda hacia arriba: quien sufre en esta tierra por Cristo,
será coronado en la vida eterna.
Fuente:
http://www.franciscanos.net