|
¿No pudieron velar conmigo
ni siquiera una hora?
Esta pregunta
se la hizo Jesús a sus apóstoles aquella oscura noche en el Huerto
de los Olivos cuando, luego de haberse separado de ellos unos
cuantos metros para orar, volvió y los encontró dormidos.
¿No podría
Cristo, al terminar la semana que hoy empieza, hacernos también
algunas de estas modestas preguntas?
Por ejemplo:
Durante sus
vacaciones –quizás en alguna playa o en algún campo- ¿no tuvieron
ustedes un rato para asistir el Jueves Santo a los oficios en los
que se conmemora el día en que instituí la santa Misa y les di el
mandamiento nuevo de amarse los unos a los otros?
¿No pudieron
darse un tiempecito el Viernes Santo para recorrer conmigo el penoso
camino del Vía crucis y acompañarme en la hora de mi crucifixión y
de mi muerte?
¿No pudieron
desvelarse un poquito la noche del sábado para que celebráramos
juntos mi resurrección y la ustedes?
Y lo que es aún
más importante, ¿no pudieron durante estos días santos dejar de
hacer algunas de esas cosas que suelen hacer en vacaciones y por las
cuales yo morí en la cruz |