Heme aquí, ¡oh mi amado y dulcísimo
Jesús!, que postrado en tu santísima presencia, te ruego con
el más ardiente fervor que imprimas en mi corazón
sentimientos de fe, esperanza y caridad, de dolor de mis
pecados, y de propósito de nunca más ofenderte, entre tanto
que yo, lleno de amor y compasión, voy considerando tus
cinco llagas, comenzando con aquellas palabras que de Ti
dijo, ¡oh Dios mío!, el santo profeta David: “Taladraron mis
manos y pies y se pueden contar todos mis huesos”.
“El ayuno que yo quiero de
ti es este: que rompas las cadenas injustas y levantes los
yugos opresores; que liberes a los oprimidos y rompas todos
los yugos; que compartas el pan con el hambriento y
albergues a los pobres sin techo;
que vistas al que veas desnudo y no des la espalda a tu
propio hermano… Entonces clamarás al Señor y te responderá;
lo llamarás y te dirá:
Aquí estoy”.
La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de
reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En
efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra
de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto
personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la
oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir
la alegría pascual.
Este tiempo
fuerte del Año Litúrgico está caracterizado por el mensaje bíblico
que podemos resumir en una sola palabra: CONVERSIÓN. Este
imperativo categórico es propuesto a los fieles mediante el rito
de imposición de a ceniza, el cual va acompañado de las palabras:
“Conviértete y cree en el Evangelio” o “Acuérdate que eres polvo y
al polvo volverás”.
Es una invitación a todos
a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordándonos la
ineludible caducidad y lo pasajero de nuestra fragilidad humana, sujeta a
la muerte.
Queridos Hermanos y
Hermanas, durante la Cuaresma, ayudados por la Palabra de Dios, meditemos
cuán importante es que cada comunidad acompañe con comprensión y con
cariño a aquellos hermanos y hermanas que envejecen. Además, todos debemos
acostumbrarnos a pensar con confianza en el misterio de la muerte, para
que el encuentro definitivo con Dios acontezca en un clima de paz
interior, en la certeza que nos acogerá Aquel "que me ha tejido en el
vientre de mi madre" (Sal 139,13b), y nos ha creado "a su imagen y semejanza" (Gn l, 26).
Losredentoristasnos
encontramos en medio de un proceso vigoroso de buscar una
respuesta creativa a la generación postmoderna y de la urgente
necesidad de responder a las inquietudes, confusiones y
criterios de la gente que caracteriza esta época. No obstante,
todas las adaptaciones que sean necesarias para los
redentoristassiempre
será la primera prioridad que los pobres reciban las primeras y
mejores atenciones.
Si cualquier joven entre los 16-24 años de edad está interesado
en tener más información sobre la vocación redentorista puede
llamar al Padre Tery Tull, C.Ss.R. al teléfono: ( 787)
587-8752. También enviando un correo-e:
Somos los Misioneros Redentoristas, fundando
por san Alfonso
María de Ligorio, en Scala, Italia, en el año 1732. Hemos sido enviados, como Jescristo, para llevar la Buena
Noticia a los Pobres.
Todo el material
de esta publicación está libre de restricciones de derechos de autor y puede
copiarse, reproducirse o duplicarse sin permiso alguno. Sólo tiene que
hacer una oración por las vocaciones redentoristas del Caribe.
Fecha de la Última
actualización:
15/02/2012 01:32:43 p.m.
"En nuestro siglo, tan influeciado
por los medios de comunicación social, el primero anuncio, la catequesis
o el ulterior ahondamiento de la fe, no puede prescindir de estos
meios". (Aparecida # 485)