|
Introducción:
El
Camino de la Cruz es una devoción a la Sagrada Pasión en la
que acompañamos, en espíritu, a nuestro Santísimo Señor en
su dolorosa jornada desde la mansión de Pilatos al Calvario,
y nos hace recordar, con pena y amor, todo cuanto tuvo lugar
desde el tiempo en que Él fue condenado a muerte hasta que
fue sepultado. Hay 14 Estaciones o lugares en el
Camino de la Cruz en los que algo sucedió. En cada
Estación debemos orar con el Padre nuestro y el Ave María
con amor y dolor por nuestros pecados, meditando sobre el
sufrimiento de nuestro Señor que nos muestra la Estación.
Oración para
comenzar:
Señor mío Jesucristo, Tú anduviste con
tan grande amor este camino para morir por mí,
y yo te he
ofendido tanta veces apartándome de Ti por el pecado; más
ahora te amo con todo mi corazón, y porque te amo me
arrepiento sinceramente de todas las ofensas que te he
hecho. Perdóname, Señor, y permíteme que te acompáñeme en
este viaje. Vas morir por mi amor, pues yo también quiero
vivir y morir por el tuyo, amado Redentor mío. Si, Jesús
mío, quiero vivir siempre y morir unido a Ti
La siguiente oración se hace después de
cada Estación del Vía Crucis:
“Amado Jesús mío, por mí vas a la
muerte, quiero seguir tu suerte, muriendo por tu amor,
perdón y gracia imploro transido de dolor” |
|
Sexta
Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Lector: Te adoramos, Cristo, y te
bendecimos.
Todos: Porque con tu Santa Cruz
redimiste al mundo
Considera cómo la devota mujer,
Verónica, al ver a Jesús tan fatigado y con el rostro bañado
en sudor y sangre, le ofreció un lienzo; limpiándose con él
nuestro Señor, quedó impreso en éste su santa imagen.
Amado Jesús mío: en otro tiempo tu
rostro era hermosísimo; más este doloroso viaje, las
heridas y la sangre han cambiado en fealdad su hermosura.
¡Ah, Señor mío!, también mi alma quedó hermosa a tus ojos
cuando recibí la gracia del bautismo, más yo la he
desfigurado después con mis pecados. Tú solo, ¡oh Redentor
mío! Puedes restituirle su belleza pasada: hazlo por los
méritos de tu pasión. Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que
a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte
ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti otra vez;
haz que te ame siempre y dispón de mí como te agrade.
Amén
(Ahora rezamos un Padrenuestro, un
Avemaría y Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo).
Amado Jesús mío, por mí vas a la muerte, quiero seguir tu
suerte, muriendo por tu amor; perdón y gracia imploro,
transido de dolor. |