|
Octava
Estación: Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús
Lector: Te adoramos, Cristo, y te
bendecimos.
Todos: Porque con tu Santa Cruz
redimiste al mundo
Considera cómo algunas piadosas
mujeres, viendo a Jesús en tan lastimoso estado, que iba
derramando sangre por el camino, lloraban de compasión; más
Jesús le dijo: “No lloren por mí, sino por ustedes mismas y
por sus hijos”.
Afligido Jesús mío: lloro las ofensas
que te he hecho, por los castigos que me han merecido, pero,
mucho más por el disgusto que te he dado a Ti, que tan
ardientemente me as amado. No es tanto el infierno, como tu
amor, el que me hace llorar mis pecados. Te amo, ¡oh Jesús,
amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo
corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a
separarme de Ti otra vez; haz que te ame siempre y dispón de
mí como te agrade.
Amén
(Ahora rezamos un Padrenuestro, un
Avemaría y Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo).
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte, quiero seguir tu suerte, muriendo
por tu amor; perdón y gracia imploro, transido de dolor.
|