Reedificar
nuestra vida
En Cuaresma somos invitados a confiar en la
misericordia de Dios y a reconciliarnos con él. Como Israel, se
nos presenta el camino para volver del destierro, de nuestras
escapadas pecaminosas, y a renovar en nuestras vidas la Alianza
con Dios. En el sacramento de la Reconciliación, el modo mejor de
preparar la Pascua, tenemos el signo más gozoso del perdón de
Dios.
A los israelitas, en el camino del desierto se
les puso la imagen de una serpiente, como medicina de sus males.
No sabemos cuál era el sentido de esta serpiente. Pero lo sí
sabemos es que Cristo en la Cruz es para nosotros enseñanza de
sabiduría, lección magistral para nuestra vida, medicina y remedio
para nuestros males. Ahí en la Cruz de Cristo, es donde
entendemos qué significa el amor de Dios y qué respuesta espera de
nosotros.
Y también de ahí proviene la luz, que es
Cristo, que quiere iluminar nuestra existencia. En la Vigilia
Pascual, el 15 de abril, encenderemos la luz del Cirio
que es imagen de Cristo y nosotros mismos, con cirios más
pequeños (están a la venta en las respectivas comunidades y en la
librería Abundante Redención a $3.00 cada uno) nos dejaremos
comunicar esa luz que es Cristo. Es un buen símbolo de lo que la
Pascua quiere producir en ti yen mí: que nos dejemos iluminar por
Cristo, que renovemos nuestra Alianza y que vivamos pascualmente,
como hijos de la luz. En medio de un mundo en muchos aspectos
desorientado y en tinieblas, los cristianos reorientamos nuestra
vida según la Alianza de Dios en Cristo Jesús, nuestro Redentor.
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Dedícale tiempo al dueño del
tiempo
Este tiempo
fuerte del Año Litúrgico está caracterizado por el mensaje bíblico
que podemos resumir en una sola palabra: CONVERSIÓN. Este
imperativo categórico es propuesto a los fieles mediante el rito
de imposición de a ceniza, el cual va acompañado de las palabras:
“Conviértete y cree en el Evangelio” o “Acuérdate que eres polvo y
al polvo volverás”.
Es una invitación a todos
a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordándonos la
ineludible caducidad y lo pasajero de nuestra fragilidad humana, sujeta a
la muerte.
Queridos Hermanos y
Hermanas, durante la Cuaresma, ayudados por la Palabra de Dios, meditemos
cuán importante es que cada comunidad acompañe con comprensión y con
cariño a aquellos hermanos y hermanas que envejecen. Además, todos debemos
acostumbrarnos a pensar con confianza en el misterio de la muerte, para
que el encuentro definitivo con Dios acontezca en un clima de paz
interior, en la certeza que nos acogerá Aquel "que me ha tejido en el
vientre de mi madre" (Sal 139,13b), y nos ha creado "a su imagen y semejanza" (Gn l, 26).

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