Agradezco la colaboración de una amiga, Cindy
Ramírez, quie me envió esta hermosa oración, y que,
con gusto comparto con los amigos visitantes de
scalando.
Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.
Señor;
un año más me convocas al ascenso hacia la PASCUA.
Soy consciente de que, tal vez, me encuentras
con las mismas dudas y batallas del año pasado.
¡Perdóname, Señor!
Quisiera rezar, y siempre encuentro mil excusas,
sacrificarme, y me digo que son cosas del pasado,
darme generosamente, y pienso que tal vez,
algunos, se aprovechen de mi buena voluntad.
Pero, Tú, Señor sales a mi encuentro, para
levantarme de nuevo
y recuperar las ganas de creer y de vivir en Ti.
Sales a mi paso, para que mirándote a los ojos,
descubra que merece la pena seguirte.
Caminas hacia el calvario, para hacerme entender
que la vida es grande cuando, al igual que la tuya,
se ofrece por salvar y garantizar una vida eterna a
los demás.
¡Ayúdame, Señor!
En esta peregrinación hacia la Pascua:
que tu Palabra no falte en mi equipaje, para
conocerte,
que el ayuno, sea un arrullo de tu presencia,
que mi caridad, florezca sin demasiado ruido,
que mi oración, brote espontáneamente,
para nunca, por ella, dejar de buscarte y de tenerte.
¡Ayúdame, Señor!
A comprender que este tiempo al que tú me invitas,
es oasis de meditación y de paz,
de vuelta de los malos modos o ásperos caminos,
y de encuentro con el gran olvidado: DIOS.
Y, si en algún momento, yo me olvido de esto, Señor;
remueve mis entrañas y mi memoria,
para que nunca olvide o deje en el tintero,
tantos momentos de tus dolores y sufrimientos
en rescate del hombre.
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Dedícale tiempo al dueño del
tiempo
Este tiempo
fuerte del Año Litúrgico está caracterizado por el mensaje bíblico
que podemos resumir en una sola palabra: CONVERSIÓN. Este
imperativo categórico es propuesto a los fieles mediante el rito
de imposición de a ceniza, el cual va acompañado de las palabras:
“Conviértete y cree en el Evangelio” o “Acuérdate que eres polvo y
al polvo volverás”.
Es una invitación a todos
a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordándonos la
ineludible caducidad y lo pasajero de nuestra fragilidad humana, sujeta a
la muerte.
Queridos Hermanos y
Hermanas, durante la Cuaresma, ayudados por la Palabra de Dios, meditemos
cuán importante es que cada comunidad acompañe con comprensión y con
cariño a aquellos hermanos y hermanas que envejecen. Además, todos debemos
acostumbrarnos a pensar con confianza en el misterio de la muerte, para
que el encuentro definitivo con Dios acontezca en un clima de paz
interior, en la certeza que nos acogerá Aquel "que me ha tejido en el
vientre de mi madre" (Sal 139,13b), y nos ha creado "a su imagen y semejanza" (Gn l, 26).
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