Autor: Zenit.org
El
ayuno hoy día no es sólo no comer ni beber. El
presidente del
Instituto Pontificio Litúrgico, el padre Juan
Javier Flores Arcas, osb, cuenta a Zenit que hay
otros tipos de ayuno: de radio, televisión, teléfono,
o de las críticas a los demás.
«Como Cristo y con Cristo, así debe ser nuestra
Cuaresma», afirma en esta entrevista este
benedictino en la que explica cómo nació la Cuaresma
y qué sentido tiene.
--¿Qué significa «Cuaresma» y cuál es su significado?
--Padre Flores: Ciertamente son los cuarenta días
que nos separan de la Pascua, es decir del triduo
pascual de la pasión, muerte, sepultura y
resurrección de Jesucristo. Como el triduo comienza
ya la tarde del Jueves Santo con la Celebración de
la Cena del Señor, la Cuaresma dura hasta ese
momento. Es decir, son más de cuarenta días, en
concreto 46, pero no se cuentan los domingos que
mantienen su carácter pascual, incluso dentro del
tiempo Cuaresmal, el cual tiene un marcado acento
penitencial y catecumenal.
La Cuaresma se pensó e ideó en respuesta a los
penitentes que hacían penitencia pública y
necesitaban estos cuarenta días penitenciales; a su
vez se crea pensando en los catecúmenos que van a
recibir los sacramentos de la iniciación cristiana
en la noche santa de Pascua y que a lo largo de
cuarenta días desarrollan la última etapa de su
camino catecumenal.
--¿En que se diferencia la Cuaresma de hoy de la de
antes del Concilio Vaticano II?
--Padre Flores: Fundamentalmente es la misma
Cuaresma, con las mismas ideas aunque con la
publicación de los nuevos libros litúrgicos y las
nuevas situaciones pastorales ha cobrado más vida la
preparación de los candidatos a recibir el bautismo,
la confirmación y la Eucaristía en la noche de
Pascua. El primer domingo de Cuaresma ellos harán el
rito de la inscripción del nombre y durante los
domingos tercero, cuarto y quinto harán los
escrutinios, los exorcismos y las entregas del Padre
Nuestro y del Credo, como medio de preparación
intensa e inmediata a la recepción de los
sacramentos pascuales.
Pensando en los catecúmenos hoy los libros
litúrgicos hablan de la Cuaresma como un tiempo de
iluminación y purificación. Y lo que se dice de los
catecúmenos se aplica a todos los cristianos que
deben dejarse iluminar por la Palabra de Dios, tan
abundante y rica a lo largo de Cuaresma, y deben
purificarse interiormente para llegar a la Santa
Pascua y renovarse en su totalidad.
--Se habla de ayuno y abstinencia. ¿No cree que hoy
hay otros ayunos más necesarios, como el ayuno de
ver la tele o el ayuno del teléfono?
--Padre Flores: Las prácticas tradicionales de la
Cuaresma de las que habla la liturgia del Miércoles
de Ceniza son el ayuno, la oración y las limosnas.
Por supuesto que no han perdido nada de su
actualidad.
Pero hay muchos más ayunos que los que la Iglesia
nos pide para el Miércoles de Ceniza o el Viernes
Santo; debe ayunar el miembro que más peca y cada
uno sabrá qué ayuno le viene mejor y debe practicar
más: el ayuno mediático, prescindiendo de todo lo
que es superfluo en la vida de cristiano; es
superfluo el uso indiscriminado del teléfono, de la
televisión, del ordenador, de Internet.
Ayuno de aquello que puede hacer daño en nuestras
conversaciones y que puede herir al hermano. Ayunar
de las faltas de caridad y de delicadeza. Ayunar de
las críticas continuas a los demás. Ayunar de la
falsedad y la mentira. Ayunar del propio egoísmo.
Que ayune el ojo que pecó, la boca que habló mal, la
mano que actuó peor, el pie que se movió por el mal
camino, el corazón que pecó.
La limosna tiene pleno sentido, pero no sólo dando
dinero sino dándonos a nosotros mismos y superando
el egoísmo y el pasar totalmente de los que están a
nuestro lado.
La oración más que nunca en Cuaresma está llena de
sentimientos de perdón y de reconciliación, por
tanto será una oración penitencial, que se inspira
en la infinita misericordia de un Dios que siempre
persona a quien a El se acerca con humildad.
--¿De qué manera la Cuaresma acerca más al creyente
a la persona de Jesús?
--Padre Flores: La Cuaresma nos acerca al Cristo
tentado en el desierto, al Cristo que se enfrenta
con sus persecutorias, que se encamina a Jerusalén a
sufrir su propia pascua; que toma su Cruz y la lleva
por las calles de Jerusalén; también al Cristo del
Tabor y por supuesto al Cristo de Getsemaní.
De ahí que siguiendo las huellas de Cristo los
cristianos se enfrenten a los problemas del hombre
de hoy, los desiertos humanos, las infinitas hambres
de nuestra humanidad, los «getsemanís» de los países
en guerra y en conflicto, las cruces de los hombres
que sufren en cualquier parte del mundo.
Como Cristo y con Cristo, así debe ser nuestra
Cuaresma. Con el hombre y por el hombre a través de
Cristo. Hay que salvar al hombre con esa salvación
integral de la que habla el Papa Benedicto en su
mensaje de la Cuaresma 2006, una salvación integral
a la que nos conduce precisamente la Cuaresma
teniendo en cuenta la victoria de Cristo sobre el
mal que oprime al hombre.
Tomado de
Catholic
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Dedícale tiempo al dueño del
tiempo
Este tiempo
fuerte del Año Litúrgico está caracterizado por el mensaje bíblico
que podemos resumir en una sola palabra: CONVERSIÓN. Este
imperativo categórico es propuesto a los fieles mediante el rito
de imposición de a ceniza, el cual va acompañado de las palabras:
“Conviértete y cree en el Evangelio” o “Acuérdate que eres polvo y
al polvo volverás”.
Es una invitación a todos
a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordándonos la
ineludible caducidad y lo pasajero de nuestra fragilidad humana, sujeta a
la muerte.
Queridos Hermanos y
Hermanas, durante la Cuaresma, ayudados por la Palabra de Dios, meditemos
cuán importante es que cada comunidad acompañe con comprensión y con
cariño a aquellos hermanos y hermanas que envejecen. Además, todos debemos
acostumbrarnos a pensar con confianza en el misterio de la muerte, para
que el encuentro definitivo con Dios acontezca en un clima de paz
interior, en la certeza que nos acogerá Aquel "que me ha tejido en el
vientre de mi madre" (Sal 139,13b), y nos ha creado "a su imagen y semejanza" (Gn l, 26).
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