Las información que tenemos acerca de la vida de este
gran apóstol están contenidas en "Los Hechos de los Apóstoles" (Al final
de la S. Biblia) y en las cartas del santo. Son verdaderamente
interesantes.
Nació en la ciudad de Tarso, en el Asia Menor, quizás
unos diez años después del nacimiento de Jesucristo. Su primer nombre era
Saulo. Era de familia de judíos, de la tribu de Benjamín y de la secta de
los fariseos. Fue educado en toda la rigidez de las doctrinas de los
fariseos, y aprendió muy bien el idioma griego que era el que en ese
entonces hablaban las gentes cultas de Europa. Esto le será después
sumamente útil en su predicación.
De joven fue a Jerusalén a especializarse en
los libros sagrados como discípulo del rabino más famoso de su tiempo, el
sabio Gamaliel. Durante la vida pública de Jesús no estuvo Saulo en
Palestina, por eso no lo conoció personalmente.
Después de la muerte de Jesús, volvió nuestro hombre a
Jerusalén y se encontró con que los seguidores de Jesús se habían
extendido mucho y emprendió con muchos otros judíos una feroz persecución
contra los cristianos. Al primero que mataron fue al diácono San Esteban y
mientras los demás lo apedreaban, Saulo les cuidaba sus vestidos,
demostrando así que estaba de acuerdo con este asesinato. Pero Esteban
murió rezando por sus perseguidores y obtuvo pronto la conversión de este
terrible enemigo.
Saulo salió para Damasco con órdenes de los jefes de los
sacerdotes judíos para apresar y llevar a Jerusalén a los seguidores de
Jesús. Pero por el camino una luz deslumbrante lo derribó del caballo y
oyó una voz q
ue le decía: "Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?".
Él preguntó: "¿Quién eres tú?- y la voz le respondió: "Yo soy Jesús el que
tú persigues". Pablo añadió: "¿Señor, qué quieres que yo haga?" y Jesús le
ordenó que fuera a Damasco y que allá le indicaría lo que tenía que hacer.
Desde ese momento quedó ciego y así estuvo por tres días. Y allá en
Damasco un discípulo de Jesús lo instruyó y lo bautizó, y entonces volvió
a recobrar la vista. Desde ese momento dejó de ser fariseo y empezó a ser
apóstol cristiano.
Después se fue a Arabia y allá estuvo tres años
meditando, rezando e instruyéndose en la doctrina cristiana.
Vuelto a Damasco empezó a enseñar en las Sinagogas que
Jesucristo es el Redentor del mundo. Entonces los judíos dispusieron
asesinarlo y tuvieron los discípulos que descolgarlo por la noche en un
canasto por las murallas de la ciudad. Muchas veces tendrá que salir
huyendo de diversos sitios, pero nadie logrará que deje de hablar a favor
de Cristo Jesús y de su doctrina.
Llegó a Jerusalén y allá se puso también a predicar
acerca de Cristo, pero los judíos decidieron matarlo. Entonces los
cristianos lo sacaron a escondidas de la ciudad y lo llevaron a Cesarea.
De allí pasó a Tarso, su ciudad natal, y allá estuvo varios años.
Y un día llegó a Tarso en su busca su gran amigo, San
Bernabé, y se lo llevó a la populoso ciudad de Antioquía a que le ayudara
a predicar. Y en esa ciudad estuvo predicando durante un año, hasta que en
una reunión del culto por inspiración divina, fueron consagrados
sacerdotes Saulo y Bernabé, para ser enviados a misionar.
San Pablo hizo cuatro grandes viajes que se han hecho
famosos. El primero ya lo narramos en la historia de San Bernabé su
compañero (en el 11 de junio). En ese viaje cambió su nombre de Saulo por
el de Pablo, en honor de su primer gran convertido, el gobernador de
Chipre, que se llamaba Sergio Pablo.
El segundo viaje lo hizo de los años 49 al 52. En este
recorrido ya es menos impulsivo que en el viaje anterior y encuentra menos
reacciones violentas, pero estas no faltan y bastante graves. Visita las
comunidades o iglesias que fundó en el primer viaje y se propone seguir
misionando por el Asia Menor pero un mensaje del cielo se lo impide y le
manda que pase a Europa a misionar. Se encuentra con dos valiosos
colaboradores: el evangelista San Lucas (a quien llama "médico amadísimo")
y Timoteo, que será su más fiel secretario y servidor, y a quien escribirá
después dos cartas que se han hecho famosas.
La primera ciudad europea que visitó fue Filipos (en
sueños oyó que un habitante de Filipos le suplicaba: "Ven a ayudarnos").
Allí le sacó el demonio a una muchacha que hacía adivinaciones y al
acabárseles el negocio de los que cobraban por cada adivinación, estos
arremetieron contra Pablo y su compañero Silas y les hicieron dar una
feroz paliza. Pero en la cárcel a donde los llevaron, lograron convertir y
bautizar al carcelero y a toda su familia. Pablo guardó siempre un gran
cariño hacia los habitantes de Filipos y a ellos dirigió después una de
sus más afectuosas cartas, la Epístola a los Filipenses.
Después pasó a la ciudad de Atenas, que era
la más famosa en cuanto cultura y filosofía. Allá predicó un sermón en el
Aerópago, y aunque muchos se rieron porque hablaba de que Cristo había
resucitado, sin embargo logró convertir a Dionisio el aeropágita, a
Dámaris y a varias personas más.
Enseguida pasó a Corinto, que era un puerto de gran
movimiento de gentes. Allí estuvo predicando durante un año y seis meses y
logró convertir gran cantidad de gentes. Más tarde dirigirá a sus
habitantes sus dos célebres cartas a los Corintios. De allí salió a hacer
su cuarta visita a Jerusalén.
Su tercer viaje lo hizo del año 53 al 56. En este viaje
lo más notable fue que en la ciudad de Efeso en la cual estuvo por
bastantes meses, Pablo logró que muchas personas empezaran a darse cuenta
de que la diosa Diana que ellos adoraban era un simple ídolo, y dejaron de
rendirle culto. Entonces los fabricantes de estatuillas de Diana al ver
que se arruinaba el negocio, promovieron un gran tumulto en contra del
Apóstol. De Éfeso partió Pablo hacia Jerusalén a llevar a los cristianos
pobres de esa ciudad el producto de una colecta que había promovido entre
las ciudades que había evangelizado. Por todas partes se iba despidiendo,
anunciando a sus discípulos que el Espíritu Santo le comunicaba que en
Jerusalén le iban a suceder hechos graves, y que por eso probablemente no
lo volverían a ver. Esto causaba profunda emoción y lágrimas en sus
seguidores que tanto lo estimaban. En su quinto viaje a Jerusalén, los
judíos promovieron contra él un espantoso tumulto y estuvieron a punto de
lincharlo. A duras penas lograron los soldados del ejército romano sacarlo
con vida de entre la multitud enfurecida. Entonces cuarenta judíos juraron
que no comerían ni beberían mientras no lograran matar a Pablo. Al saber
la hermana de él esta grave noticia, mandó un sobrino a que se la contara.
Entonces Pablo avisó al comandante del ejército, y de noche, en medio de
un batallón de caballería y otro de infantería, lo sacaron de Jerusalén y
lo llevaron a Cesarea. Allá estuvo preso por dos años, pero permitían que
sus discípulos fueran a visitarlo.
Al darse cuenta Pablo de que los
judíos pedían que lo llevaran a Jerusalén para juzgarlo (para poder
matarlo por el camino), pidió ser juzgado en Roma, y el gobernante aceptó
su petición. Y en un barco comercial fue enviado, custodiado por 40
soldados. Y sucedió que en la travesía estalló una espantosa tormenta y el
barco se hundió. Pero Jesucristo le anunció a Pablo que por el amor que le
tenía a su muy estimado Apóstol no permitiría que ninguno de los viajeros
del barco se ahogase. Y así sucedió. Lograron llegar a la Isla de Creta y
allí salvaron sus vidas del naufragio.
Al fin llegaron a Roma, donde esperaban a Pablo con gran
entusiasmo los cristianos. En esa ciudad capital estuvo por dos años preso
(casa por
cárcel) con un centinela en la puerta. Y los
cristianos y los judíos iban frecuentemente a charlar con él, y
aprovechaba toda ocasión que se le presentara para hablar de Cristo y
conseguirle más y más seguidores.
Cuando estalló la persecución de Nerón, éste mandó matar al gran
Apóstol, cortándole la cabeza. Dicen que sucedió el martirio en el sitio
llamado las Tres Fuentes (Tre Fontana) (y una antigua tradición cuenta que
al caer la cabeza de Pablo por el suelo, dió tres golpes y que en cada
sitio donde la cabeza golpeó el suelo, brotó una fuente de agua). Las 13
cartas de San Pablo enseñan verdades valiosísimas acerca de nuestra fe.
Allí se ve que era un "enamorado de Cristo y de su Santa
Religión". En su segunda Carta a los Corintios, San Pablo narra lo
que le sucedió en su apostolado: "Cinco veces recibí de los judíos 39
azotes cada vez. Tres veces fue apaleado con varas. Tres veces padecí
naufragios. Un día y una noche los pasé entre la vida y la muerte en medio
de las olas del mar. Muchas veces me vi en peligros de ríos, peligros de
ladrones, peligros de los judíos, peligros de los paganos, peligros en la
ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar, peligros por parte de
falsos hermanos; noches sin dormir; días y días sin comer; sed espantosa y
un frío terrible; falta de vestidos con los cuales abrigarse, y además de
eso, mi preocupación por todas las Iglesias o reuniones de creyentes.
Quien se desanima, que no me haga desanimar. ¿Quién sufre malos ejemplos
que a mí no me haga sufrir con eso?".