Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

"Dedícale tiempo al dueño del tiempo"

Reflexiones para la Semana Santa

Lunes Santo
Autor: B. Caballero                                                                                                                    Fuente: www.scalando.com

Is 42,1-7: El Siervo del Señor es manso, pero tenaz.    Jn 12,1-11: Vnción de Jesús en Betania.

FRAGANCIA QUE ANTICIPA LA PASCUA

1. El siervo del Señor. La primera lectura de hoy se toma del primero de los cuatro cantos o poemas del siervo del Señor según el Segundo Isaías. Durante estos tres primeros días de la semana santa, como introducción al misterio de pascua, leeremos pasajes de los tres primeros cánticos del siervo. Esta misteriosa figura es tanto un individuo como el pueblo de Israel que él representa. En la tradición eclesial estos poemas del siervo han sido leídos con sentido mesiánico y cristo-lógico.

En el primer canto, que hoy leemos, el profeta describe al siervo como compasivo y manso, que no grita ni quiebra la caña cascada, pero que promueve tenazmente la justicia y la liberación de los oprimidos. Cristo es este servidor que Dios ha ungido con su Espíritu y hecho alianza de su pueblo, la Iglesia. Él será la luz de las naciones, abrirá los ojos a los ciegos y sacará de la prisión a los cautivos y de la mazmorra a los que vivían en tinieblas.

2. La unción de Jesús en Betania. La página evangélica refleja un momento de descanso de Jesús en casa de una familia a la que él quería mucho. Son sus amigos los hermanos Lázaro – a quien había resucitado –, Marta y María. Esta amistad sincera es un alivio para Jesús en medio del odio de sus enemigos. Si bien los adversarios no desisten en su empeño, y puesto que la resurrección de Lázaro era un hecho que hablaba por sí solo del poder divino de Cristo, “decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús”.

Faltaban seis días para la pascua. Mientras estaban cenando, “María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume”. Tal gesto es criticado por Judas Iscariote, alegando hipócritamente que el dinero que valía el perfume podría haberse dado a los pobres. Su valor calculado, trescientos denarios, venia a ser el salario anual de un trabajador. Realmente un despilfarro, según Judas. Pero no es que le importaran mucho los pobres, advierte el evangelista; si lo dijo fue “porque era un ladrón, y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando”.

Jesús hizo caso omiso de la crítica y, saliendo en defensa de María, concluyó: “Déjala: lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mi no siempre me tendrán”.

3. La fragancia de la pascua. Al narrar este mismo episodio – en sentir de los biblistas – el evangelista Marcos es más explícito y pone en boca de Jesús, al justificar el derroche de la unción, estas palabras: “Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Se aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame el evangelio se recordará lo que ésta ha hecho” (14,8s). Jesús comprendió el detalle afectuoso y su significado más profundo como anuncio de su próxima muerte, sepultura y resurrección. El aroma que llena la casa adelanta ya la fragancia del amanecer del domingo de pascua.

Hasta aquí el plan de los guías religiosos de Israel, orientado a dar muerte a Jesús, se había estrellado contra el plan divino y el señorío de Cristo sobre su propio destino final. Pero a partir de ahora ambos planes van a coincidir, porque Jesús quiere. Él sabe lo que le espera. Se va de este mundo y vuelve al Padre cuando y porque él lo ha determinado, al aceptar amorosamente el plan del Padre para la salvación del hombre sumido en el pecado.

Como Cristo, también nosotros fuimos ungidos en el bautismo, que nos incorporó a su muerte y resurrección. La pascua se acerca, y en la vigilia pascual renovaremos nuestra fe y promesas bautismales, pues en la fe del bautismo radica lo más nuclear de nuestra identidad cristiana. Ahí está el punto de partida y el comienzo de toda nuestra existencia de creyentes.

En el bautismo fuimos sumergidos y sepultados con Cristo para morir al pecado, y también con él renacimos a la vida nueva de Dios, como hijos suyos, miembros de Cristo y de la Iglesia y hermanos de todos los hombres. La renovada fragancia pascual del bautismo debe llenar toda nuestra vida.

Hoy te bendecimos, Padre, por muchos motivos;

Porque Cristo es tu servidor fiel y compasivo,

que no vino a quebrar la caña cascada ni a apagar

la mecha que todavía humea, sino a liberar al oprimido;

porque él es el grano de trigo que muere en el surco

en siembra fecunda que da mucho fruto para ti;

porque él estableció tu Reino no por la fuerza,

sino por la humillación, la afrenta y la cruz.

Todo ello anticipa la primavera de la pascua

y nos evoca la fragancia pascual de nuestro bautismo,

Por todo esto y mucho más, ¡gracias, Señor!

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada día, San Pablo, España, 1995, p. 160)

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