FRAGANCIA QUE
ANTICIPA LA PASCUA
1. El siervo del Señor.
La primera lectura de hoy se toma del primero de los
cuatro cantos o poemas del siervo del Señor según el
Segundo Isaías. Durante estos tres primeros días de la
semana santa, como introducción al misterio de pascua,
leeremos pasajes de los tres primeros cánticos del
siervo. Esta misteriosa figura es tanto un individuo
como el pueblo de Israel que él representa. En la
tradición eclesial estos poemas del siervo han sido
leídos con sentido mesiánico y cristo-lógico.
En el primer canto, que hoy leemos, el
profeta describe al siervo como compasivo y manso, que
no grita ni quiebra la caña cascada, pero que promueve
tenazmente la justicia y la liberación de los oprimidos.
Cristo es este servidor que Dios ha ungido con su
Espíritu y hecho alianza de su pueblo, la Iglesia. Él
será la luz de las naciones, abrirá los ojos a los
ciegos y sacará de la prisión a los cautivos y de la
mazmorra a los que vivían en tinieblas.
2. La unción de Jesús en Betania.
La página evangélica refleja un momento de descanso de
Jesús en casa de una familia a la que él quería mucho.
Son sus amigos los hermanos Lázaro – a quien había
resucitado –, Marta y María. Esta amistad sincera es un
alivio para Jesús en medio del odio de sus enemigos. Si
bien los adversarios no desisten en su empeño, y puesto
que la resurrección de Lázaro era un hecho que hablaba
por sí solo del poder divino de Cristo, “decidieron
matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su
causa, se les iban y creían en Jesús”.
Faltaban seis días para la pascua.
Mientras estaban cenando, “María tomó una libra de
perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús
los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se
llenó de la fragancia del perfume”. Tal gesto es
criticado por Judas Iscariote, alegando hipócritamente
que el dinero que valía el perfume podría haberse dado a
los pobres. Su valor calculado, trescientos denarios,
venia a ser el salario anual de un trabajador. Realmente
un despilfarro, según Judas. Pero no es que le
importaran mucho los pobres, advierte el evangelista; si
lo dijo fue “porque era un ladrón, y como tenía la bolsa
llevaba lo que iban echando”.
Jesús hizo caso omiso de la crítica y,
saliendo en defensa de María, concluyó: “Déjala: lo
tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los
pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mi no
siempre me tendrán”.
3. La fragancia de la pascua.
Al narrar este mismo episodio – en sentir de los
biblistas – el evangelista Marcos es más explícito y
pone en boca de Jesús, al justificar el derroche de la
unción, estas palabras: “Se ha adelantado a embalsamar
mi cuerpo para la sepultura. Se aseguro que en cualquier
parte del mundo donde se proclame el evangelio se
recordará lo que ésta ha hecho” (14,8s). Jesús
comprendió el detalle afectuoso y su significado más
profundo como anuncio de su próxima muerte, sepultura y
resurrección. El aroma que llena la casa adelanta ya la
fragancia del amanecer del domingo de pascua.
Hasta aquí el plan de los guías
religiosos de Israel, orientado a dar muerte a Jesús, se
había estrellado contra el plan divino y el señorío de
Cristo sobre su propio destino final. Pero a partir de
ahora ambos planes van a coincidir, porque Jesús quiere.
Él sabe lo que le espera. Se va de este mundo y vuelve
al Padre cuando y porque él lo ha determinado, al
aceptar amorosamente el plan del Padre para la salvación
del hombre sumido en el pecado.
Como Cristo, también nosotros fuimos
ungidos en el bautismo, que nos incorporó a su muerte y
resurrección. La pascua se acerca, y en la vigilia
pascual renovaremos nuestra fe y promesas bautismales,
pues en la fe del bautismo radica lo más nuclear de
nuestra identidad cristiana. Ahí está el punto de
partida y el comienzo de toda nuestra existencia de
creyentes.
En el bautismo fuimos sumergidos y
sepultados con Cristo para morir al pecado, y también
con él renacimos a la vida nueva de Dios, como hijos
suyos, miembros de Cristo y de la Iglesia y hermanos de
todos los hombres. La renovada fragancia pascual del
bautismo debe llenar toda nuestra vida.
Hoy te
bendecimos, Padre, por muchos motivos;
Porque Cristo es
tu servidor fiel y compasivo,
que no vino a
quebrar la caña cascada ni a apagar
la mecha que
todavía humea, sino a liberar al oprimido;
porque él es el
grano de trigo que muere en el surco
en siembra
fecunda que da mucho fruto para ti;
porque él
estableció tu Reino no por la fuerza,
sino por la
humillación, la afrenta y la cruz.
Todo ello
anticipa la primavera de la pascua
y nos evoca la
fragancia pascual de nuestro bautismo,
Por todo esto y
mucho más, ¡gracias, Señor!
(Tomado de
B. Caballero: La Palabra cada día, San Pablo,
España, 1995, p. 160)