La Santísima Trinidad
Toda
religión crea una imagen de Dios, imagen que a su vez se convierte en paradigma
de vida para quien la practica. Afirmar que Dios es uno y trino, comunidad
perfecta, familia auténtica, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es también una
invitación a construir comunidades a imagen de la Trinidad.
Cuenta una leyenda que Agustín, obispo de Hipona (hoy Túnez), muy preocupado por
entender el misterio de la Trinidad, caminaba sólo y pensativo por la playa. De
repente vio a un niño que acurrucado hacía con su dedo un hueco en la arena.
- ¿Hey niño qué haces? preguntó Agustín.
- Hago un hueco en la arena. Le respondió el niño sin poner mayor atención.
- ¿Y para qué?
- Para meter toda el agua del mar.
- Eso es sencillamente imposible, agregó Agustín.
- ¡Sí, claro, como tan imposible es que tu comprendas con tu pequeño cerebro el
gran misterio de la Trinidad! replicó el niño.
Durante la historia del cristianismo muchos se han “roto el cerebro”
infructuosamente, tratando de entender la Trinidad. Pero más que entender
racionalmente este misterio es preciso vivirlo día a día. Pues la Trinidad más
que una doctrina es un misterio salvador que posteriormente fue sistematizado
con términos de la filosofía griega.
Aunque en la Biblia no hay una doctrina elaborada sobre la Trinidad, sí
encontramos la experiencia de vida. El Padre da vida y toma la iniciativa de
enviar a su hijo para salvar a la humanidad. El Hijo recibe la vida del Padre y
se encarna en el seno de María por gracia del Espíritu Santo. El Hijo asume la
realización histórica de la obra salvadora del Padre y se entrega totalmente
para hacer realidad el Reino. El Hijo es asesinado por defender la Causa del
Padre y el Padre lo resucita avalando así toda su obra. El Espíritu que condujo
e hizo posible la encarnación y que acompañó toda la obra del Hijo, fue enviado
a la comunidad de discípulos para que formaran el cuerpo de Cristo, de manera
que ellos continuaran con su obra salvadora y se configuraran en imágenes vivas
de la Trinidad.
Pablo en la segunda lectura describió precisamente esa maravillosa experiencia
trinitaria: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos
en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo (v.1)... y la esperanza
no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el
Espíritu Santo que nos ha dado (v.5)”. Esa experiencia Trinitaria nos ayuda
a reordenar nuestra vida, a reconciliarnos con Dios, con nosotros mismos y con
nuestro entorno vital. Nos anima a vivir en esperanza, a superar la tribulación
y a transformar el presente.
Aunque no tengamos todo perfectamente claro, lo más importante es que nos
abramos a la acción de Dios Uno y Trino (Uno - que impulsa a la unidad y Trino -
en medio de la diversidad). ¿Cómo podremos vivir esa experiencia trinitaria en
el día a día? Dando vida como el Padre, el dador de vida por excelencia.
Recibiendo vida del Padre y entregándola a la humanidad, como lo hizo el Hijo.
Siendo corresponsables de la obra redentora e instrumentos de unidad como el
Espíritu Santo.