La paz de
Jesús
Podríamos pensar que el evangelio se
contradice pues en unas partes invita a hacer la paz y en esta dice Jesús no
ha venido a traer paz sino guerra.
En muchos momentos los evangelistas nos
presentan a Jesús como un hombre pacífico y gestor de paz. En el nacimiento,
Lucas presenta a Jesús como una gran noticia para toda la humanidad, en
especial para los pobres (representados en la figura de los pastores).
Noticia que traerá la paz a los hombres de buena voluntad (Lc 2,12). En su
ministerio Jesús envió a los primeros discípulos a anunciar el Reino y les
pidió que saludaran con la paz (Mt 10,12-13/ Lc 10,5-6). Además los invitó a
ser sal y a vivir en paz unos con otros (Mc 9,50). Muchas veces después de
un encuentro sanador con alguna persona, la despedía con estas palabras:
“Tu fe
te ha salvado, vete en paz” (Lc 8,48 / Mc 5,34). En la resurrección
saludó a sus discípulos con la paz:
“La paz sea con
ustedes”
(Jn 20,10.21.26 / Lc 24,36)
Pero en el evangelio que hoy leemos pareciera que la cosa fuera totalmente
distinta.
¿Piensan que viene a traer tranquilidad al mundo? Les aseguro que no: yo
vine a traer divisiones. De ahora en adelante, si hay cinco en una familia,
se pondrán tres de una parte y dos de la otra. Estarán divididos el padre
contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija
contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.” (Lc
12,51-53)
El Cuarto Evangelista nos puede ayudar a
entender mejor esta situación.
“Mi paz les
dejo, mi paz les doy, pero no como la da el mundo” (Jn 14,27). Aquí está muy claro. La paz de
Jesús no es la paz de los cementerios. No es la paz de quien dice: “déjenme
en paz”, “déjenme tranquilo”, “no me metan en problemas”, “yo no fui”… La
paz de Jesús no es como la paz del mundo. Específicamente la paz de Jesús no
tiene nada que ver con la política de “Pax Romana”. La política de la Pax
romana consistía básicamente en la pacificación del imperio con la fuerza de
las legiones (batallones muy entrenados y armados). Buscaba que todo el
imperio con sus colonias aceptara la voluntad del emperador y trabajara para
los hombres libres. En síntesis, un montón de esclavos debían trabajar para
unos cuantos ciudadanos libres sin alguna manifestación insurrecta, pues
esta era inmediatamente pacificada por las tropas imperiales.
La paz de Jesús viene como consecuencia de
todo un proceso de liberación a nivel personal y comunitario (Lc 4,18-28).
La paz de Jesús viene como una consecuencia del Reinado de Dios (Mc
1,14-15), que es totalmente opuesto al reinado del César (Mt 22,15-22) y al
de todas las fuerzas desintegradoras del ser humano (Mt 10,1-16 / Mc 6,6-13
/ Lc 9-10). Por eso la paz de Jesús muchas veces implica entrar en conflicto
con los generadores de violencia e injusticia. Entrar en conflicto no
significa actuar con violencia. Jesús rechazó de plano la violencia e invitó
a construir el Reino con medios pacíficos.
No se trata de que Jesús haya impulsado la
guerra para que después, sobre las cenizas, se construyera la paz, como
suelen entenderlo algunos defensores de la violencia.
“Si quieres la
paz, prepárate para la guerra”,
afirman quienes justifican la combinación de todas las formas de lucha,
incluida la violencia, para alcanzar los cambios sociales, o para mantener
un statu quo. Se entra en conflicto no porque se busque este como tal, sino
porque se construye la justicia en una sociedad estructuralmente injusta. Se
entra en conflicto porque las fuerzas que mantienen oprimidas a las
personas, tanto ayer como hoy, son muy fuertes y quien quiera impulsar la
liberación de los oprimidos (Lc 4,18) encontrará obstáculos. Jesús entra en
conflicto no porque haya sido un hombre conflictivo, sino porque su
coherencia ética y su libertad profética chocaron con un sistema que se
sostenía fundamentalmente con el poder y el dinero, elementos cuestionados
radicalmente por Jesús.
Jesús entró en conflicto porque buscó que la
humanidad, empezando por su grupo de amigos, se organizara no con la fuerza
del poder y el dinero, sino con la fuerza del amor y el objetivo del
servicio (Jn 13 / Mc 10,41-45). Porque buscó una humanidad organizada de
otra forma, de tal manera que el poder y el dinero no fueran patrimonio de
unos pocos, sino que sirvieran para hacer realidad una sociedad más
humanizada y solidaria. Jesús entró en conflicto porque su proyecto chocaba
con una sociedad sustentada con el derecho romano, que exaltaba a los
poderosos y legitimaba la apropiación de la tierra y de las vidas humanas
(la esclavitud). Jesús entró en conflicto porque chocó directamente con Roma
y sus aliados, los Sumos Sacerdotes, los ancianos, los escribas y saduceos,
y el resto de personajes conformes con esa sociedad romanizada. Por eso lo
mataron colgándolo de un madero, muerte que propinaron los romanos desde el
año 63 a.C. hasta el año 66 d.C., a los rebeldes políticos, según lo afirma
Flavio Josefo, historiador judío del siglo I d.C.
Las primeras comunidades cristianas que
fueron fieles a la enseñanza de Jesús, entraron en el mismo conflicto de su
maestro. Además, entraron en conflicto hasta con su misma familia porque con
la reforma farisea, dada después de la guerra judía (66-70 d.C), todo aquel
que fuera cristiano, era expulsado de la sinagoga, de la comunidad y hasta
de su propio hogar. Por eso seguir a Jesús, implicaba entrar en conflicto
con todo un sistema social y hasta con los miembros de su misma casa. Jesús,
para los judíos ortodoxos, seguía siendo considerado un falso profeta que
mereció la ignominiosa muerte de la cruz, y todo aquel que lo siguiera debía
ser rechazado.
La paz de Jesús no es sólo ausencia de
conflicto. Es más, aún en medio del conflicto por su causa, se puede vivir
en paz:
“Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes
encontrarán la persecución en el mundo. Pero ánimo, yo he vencido al mundo”
(Jn 16,33).
¿La paz que nosotros buscamos es la paz de Jesús? Aparte de rezar por la paz
de nuestros pueblos y del mundo entero, ¿somos personas comprometidas con la
construcción de la justicia y la paz, con medios no violentos? ¿Pienso que
como creyentes debemos estar alejados de todo conflicto y buscar nuestra paz
en “cristo”, sin importar que el mundo se venga abajo? ¿Qué papel juegan
Jesucristo y su causa en mi vida, y qué papel juego yo en este mundo? ¿Puedo
decir sin sonrojarme y sin engañarme, que soy un discípulo de Jesús en el
hoy de mi historia? ¿Creo en el Jesús comprometido que arriesga su vida y su
seguridad personal para defender la vida y la dignidad humana?, o ¿prefiero
el “Jesucristo Light”, en el hombre superestrella, que nos presenta la
religión “autoayuda” de mercado y los predicadores mediáticos?