Memoria
histórica
El texto del Deuteronomio que hoy leemos es uno
de los credos más antiguos del pueblo de Israel. Lo más posible es
que corresponda a la época exílica o post-exílica. Es decir,
durante o después del tiempo cuando el pueblo de Israel estuvo
extraditado en Babilonia (586 – 537 a.C.). Lo llamamos credo
porque es una confesión de fe acerca de la acción salvífica de
Dios en la historia humana.
Una persona o un pueblo que desconoce su
historia es como un árbol sin raíces o un edificio sin bases. Está
abocado a repetir los mismos errores del pasado, a despreciar la
lucha de su ascendencia y a sucumbir, víctima de su propia
mediocridad. Una de las características del hombre post-moderno,
es precisamente su poco interés por la historia y por todo aquello
que implique esfuerzo y sacrificio. El hombre post-moderno
prefiere las cosas prácticas, fáciles y rápidas.
El ser humano olvida con mucha facilidad, sobre
todo cuando ha pasado de la miseria a la abundancia. Muchos
pueblos que hace unos años vivían en la miseria y hoy hacen parte
del primer mundo, como España e Italia, se olvidaron de su
historia y hoy miran con desdén a los pueblos latinoamericanos.
Precisamente a quienes acogieron a muchos de sus connacionales que
huían de la guerra o del hambre, y buscaban mejor destino en estos
lados.
Algunas personas pobres que lograron por algún
medio cierto status y capacidad económica, son quienes más
desprecian y explotan a sus hermanos. Algunos padres de familia
que pasaron una niñez difícil, y tuvieron que trabajar fuerte para
progresar, hacen hasta lo imposible para ofrecerles a sus hijos
todo lo necesario y hasta más, con el fin de evitarles las fatigas
y sufrimientos que a ellos les tocó vivir. Muchos de estos niños y
jóvenes crecen como en una caja de cristal, totalmente protegidos
y dependientes. Se convierten en personas duras de corazón,
miedosas e incapaces de hacer compromisos serios por su vida y por
los demás. Se avergüenzan del pasado de sus padres y hasta
preferirían tener otro apellido de más tradición.
Este credo deuteronomista quiere mantener viva
la memoria histórica en el pueblo. Para que el pueblo valore y
agradezca la entrega de sus antepasados y la acción de Dios en él.
Para que no desprecie a los más pobres, pues él mismo fue pobre y
esclavo. Para que acoja a los forasteros, pues él fue forastero en
otros países. Para que comparta solidariamente con los
hambrientos, pues él también pasó hambre. Para que no se convierta
en explotador, pues él también fue explotado. Para que en tiempo
de crisis luche por estar mejor, pues la voluntad salvífica de
Dios es la plena libertad y la felicidad para sus hijos.
Vale la pena que como personas, como familia y
como pueblo, mantengamos viva nuestra memoria histórica. Que
profesemos nuestra fe con toda convicción y elaboremos nuestros
credos
personales, familiares y comunitarios con nuestra propia historia
de salvación.
El Salmo de la protección “mágica”.
Nuestra vida religiosa se limita muchas veces a
la realización de algunas prácticas mágico religiosas, de las
cuales esperamos respuestas prácticas para cumplir nuestros
deseos. Hay santos para todos los gustos: Santa Lucía para curar
los ojos, San Antonio para encontrar la pareja ideal y San
Pancracio para conseguir trabajo. De San Judas Tadeo y de Santa
Marta dicen que son para las causas imposibles…
Hay también muchas representaciones de Jesús a
las cuales les atribuyen acciones milagrosas: El Señor de los
Milagros, El Divino Niño, El Santo Ecce Homo, El Señor Caído, El
humilladero, etc. De María, todas las que usted quiera y para
todos los gustos. Además, de vez en cuando resulta algún “alma
pía” despistada diciendo que la virgen se le apareció en una
fuente, en una roca, en una pared vieja, en el pan que guardaba
hacía 20 días, en una arepa, en un buñuelo, en fin… ¡no hay quien
controle semejante locura! Hay asimismo oraciones para toda
ocasión: la oración a la mano poderosa para lograr cosas
maravillosas, a la sangre de Cristo que tiene gran poder, la del
ánima sola para alejar a las personas indeseadas, el rosario a la
misericordia, la coronilla de la virgen… en fin… Aquí hay de todo,
como en botica.
Entre esas oraciones mágicas se encuentra el
famoso salmo 91 que hoy proclamamos. Cuando era niño me la enseñó
un anciano primo, en cuarto o quinto grado, que trabajaba en mi
casa. En la espalda no le cabía una cicatriz más y tenía en sus
brazos varias marcaciones con su nombre: Gratiniano Ramírez
Villán. Me contó que lo habían marcado como marcan una res, cuando
estuvo en la cárcel, considerado como un hombre peligroso pues le
había tocado dar muerte a unos cuantos. Cuando me la enseñó me
dijo que esa oración lo había protegido de tantos enemigos que
había ganado por estar en malos pasos. Que la aprendiera y la
rezara todos los días, sobre todo cuando caminara de noche para
que no me picaran las culebras ni me comiera el tigre, y para
dominar a todos los enemigos. Que era especial para alejar la mala
suerte y atraer el amor; para dominar los malos espíritus, y en
general para todo tipo de protección.
No es mi intención hacer burla de la piedad
popular, ni pretendo decir que todas esas prácticas son totalmente
falsas. Muchas personas se acercan a Dios y a su proyecto de vida
por medio de estos recursos pedagógicos. Muchas personas después
de una peregrinación a algún santuario transforman radicalmente su
vida y caminan con Jesús. Muchos devotos de María y de los santos
viven de manera auténtica su fe.
El problema es cuando mi fe no va más allá de
estas prácticas piadosas y cuando convierto los recursos
pedagógicos en fetiches, y las oraciones en conjuros con
atribuciones mágicas. El problema es cuando soy incapaz de seguir
un proyecto de fe que comprometa mis intereses, mi trabajo y toda
mi vida. El problema es cuando llevo una vida superficial, egoísta
y mezquina, y utilizo la fe no como un medio para crecer como ser
humano sino para sustentar mi mediocridad existencial.
¿Acaso es suficiente tener la casa
llena de imágenes? ¿Rezarle a Jesús, a María y a los santos para
que me ayuden, indican que soy una persona con una fe auténtica?
“No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los
cielos” (Mt 7,21) ¿Porque tengo una inmensa Biblia sobre un
gran atril en medio de la sala, abierto en el Salmo 91, soy un
buen cristiano? En el evangelio que hoy leemos, el mismísimo
diablo cita el salmo 91 para tentar a Jesús. “Finalmente lo
llevó a Jerusalén, lo colocó en el lugar más alto del templo y le
dijo: Si de veras eres el Hijo de Dios, tírate de aquí. Porque la
escritura dice: `A sus ángeles dará órdenes para que te guarden´
y también `Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece
en la piedra`. (Sal 91,11-12)” (Lc Lc 4,9-11). Veamos cómo un
texto de la Biblia puede ser utilizado de manera diabólica, para
justificar actitudes malignas y perturbadoras para la vida.
Jesús, que vivía una fe auténtica y que de
tonto no tenía nada, citó otro texto bíblico apropiado para el
momento: “Está mandado: `No exigirás pruebas al Señor tu Dios`
(Dt 6,16).” (Lc Lc 4,12).
El Salmo 91 sí es de protección y lo podemos
orar con confianza para que el Señor nos proteja. Pero enmarcado
dentro de un camino de fe que implique toda la vida. Veamos esta
pequeña frase condicional: “Se puso junto a mí: lo libraré”
(Sal 91,14ª). Ponerse junto a la otra persona es estar dispuesto a
acompañarlo, a caminar con ella, a compartir la vida, a defender
su causa. Esa fue la promesa que Jesús le hizo a sus discípulos en
la despedida: “Yo estaré con ustedes hasta la consumación de la
historia” (Mt 28,20). “Cuando venga el Paráclito que les
enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que
procede del Padre, dará testimonio de mí… Les conviene que yo me
vaya, porque mientras no me vaya, el Paráclito no vendrá a
ustedes. Yo me voy, y es para enviárselo” (Jn 15,26.16,7). El
Paráclito (parácleetos en griego), es el que está al lado de,
junto a, para defenderlo, para consolarlo, para apoyarlo, para
caminar con él. Es el protector, el abogado, el compañero, el
amigo que nunca falla. ¿Estamos realmente al lado y del lado de
Dios y de su causa? o, ¿buscamos una protección mágica alejada de
todo compromiso con la causa de Dios?
“… lo protegeré porque conoce mi nombre, me
invocará y lo escucharé” (Sal
91,14b) Conocer, en la Biblia, es tener un contacto profundo,
íntimo y duradero con la persona o el objeto conocido. Por eso la
Virgen María, cuando el ángel del Señor le dijo que iba a tener
un hijo, ella le respondió que no había conocido varón (Lc
1,26-34). El nombre es la identidad y la misión de una persona.
Por ejemplo, Juan significa Dios es misericordia; Emmanuel, Dios
con nosotros, y Jesús, el Salvador. Conocer el nombre de Dios es
vivir constantemente en su presencia, dejarse conducir por Él y
experimentar su salvación. Comprender que Él es Yahvé (en hebreo
JHVH), es decir, el Dios que salva, el Dios que libera; el que ha
sido, es y será: el “YO SOY” (Ex 3,14). ¿Conocemos realmente el
nombre de Dios?
“Con él estaré en la tribulación, lo
defenderé, lo glorificaré.” (Sal
91,15b.16b) Dios no nos promete librarnos de toda tribulación y de
todo sufrimiento. Nuestra vida continúa y con ella los obstáculos,
alegrías y dolores. Él nos promete estar a nuestro lado en la
tribulación y no dejarnos tirados en medio de la más dura batalla.
Glorificar es dar la salvación y reconocer la bondad que hay en
las obras de una persona. Jesús es por excelencia el glorificado
por Dios porque fue fiel desde el principio y porque con su vida
dio gloria al Padre: “Padre, ha llegado la hora; ¡glorifica a
tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti” (Jn 17,1). ¿Damos
gloria a Dios con nuestra vida y permitimos que Dios nos
glorifique?
El Espíritu lo llevó al desierto
Más que un acontecimiento histórico, el
evangelio de hoy nos presenta a Jesús sometido a la prueba, como
todos los seres humanos. Esta experiencia no fue circunstancial
sino existencial. Es decir, durante su vida Jesús experimentó las
tentaciones.
El Espíritu fue quien lo condujo al desierto.
Lucas resalta muchas veces a Jesús conducido por el Espíritu (Lc
1,35;3,22;4,1.18). Cabe aclarar que entendemos por Espíritu no
como todo lo opuesto a lo humano, sino como la fuerza que dinamiza
y da plenitud a la vida. El amor de Dios que acompaña al ser
humano y es garantía de fidelidad y realización.
Allí en el desierto se encontró con Dios y
con él mismo. Tuvo la oportunidad para experimentar las
limitaciones humanas, el cansancio y el hambre. Allí en su llana
realidad, experimentó la tentación. Las mismas tentaciones que
tuvo el pueblo de Israel en el desierto, camino a la tierra
prometida, en las cuales cayó débilmente (Ex 17,7; Dt 9,22). Con
una gran diferencia: Jesús se mantuvo siempre fiel. Se comportó
como el verdadero hijo de Dios y confirmó las palabras del
bautismo: “Este es mi hijo muy amado en quien me complazco”
(Lc 3,22b).
Aquí tenemos tres necesidades humanas
convertidas en tentación: alimentación, mando y valoración.
Tenemos una natural necesidad de alimentación. Jesús no se opone a
la comida como satisfacción de una necesidad y como placer
compartido en comunidad. Muchas veces compartió la mesa con todo
tipo de personas; la misma eucaristía es una comida.
El problema es cuando la comida, así como la
satisfacción de otras necesidades reales o creadas, las
convertimos absolutas. Entonces buscamos a toda costa el placer
por el placer, la primacía del confort y la comodidad. Nos
volvemos esclavos de las últimas tendencias en todo, de las
apariencias y del glamour de moda. Todo esto ahoga la vida
familiar, el contacto personal y nos arrastra a llevar una vida
plástica y carente de sentido. Jesús comprendió muy bien que la
comida era importante, pero que no sólo de pan vivía el hombre.
Como una necesidad de autoafirmación queremos
mandar sobre algo. El niño sobre sus juguetes, el joven sobre su
computador, la ama de casa sobre su cocina, el pastor sobre su
hato de ovejas, la señora soltera sobre su perrito, o el señor
soltero sobre su gato. El problema es cuando para sentirnos vivos,
necesitamos mandar y controlar hasta la más mínima movida de un
catre. Cuando convertimos el mando en tiranía insaciable, muchas
veces camuflado de amor de padres o de esposos; de amor por la
causa de un país, de una institución o de una Iglesia: Mesianismo
político o religioso.
Para el evangelio es claro que en ese momento
histórico el poder político estaba totalmente corrompido y en
manos diabólicas. Los gobernantes eran adoradores del diablo. Ese
era el precio que pagaban por llegar al poder. “Luego
le dijo: `Yo te voy a dar el poder sobre todos estos reinos y toda
su gloria, porque a mí me pertenecen y se los doy a quien quiero.
Si te arrodillas y me adoras, todo eso será tuyo`.”
Jesús tuvo la tentación del poder, pero supo comprender que para
ser un verdadero Hijo debía convertirse en servidor, como así lo
hizo. “El Hijo del hombre no vino a ser servido sino a servir y
dar su vida en rescate por muchos.” (Mt 20,28).
Todos necesitamos ser amados, valorados y tal
vez admirados. Por algo García Márquez dijo: “escribo para que
mis amigos me quieran”. El problema es cuando necesitamos que
todos hablen bien de nosotros y que todo el mundo nos alabe para
ser felices. Cuando aparentamos una sonrisa siempre fresca y
ofrecemos una mano siempre abierta a todo el mundo, sin reconocer
que a veces tenemos arrugada el alma y sin tener en cuenta que
podemos estar haciendo pactos con el diablo. El problema se agrava
cuando convertimos en enemigo a todo aquel que nos hace una
crítica, lo calumniamos y lo perseguimos.
Jesús nunca actuó para que lo vieran y lo
aplaudieran. Siempre se dejó conducir por el Espíritu y su móvil
para actuar fue la misericordia. Compartió la mesa, dio pan a los
hambrientos, enseñó con su palabra y su testimonio, curó los
enfermos y corrigió el error, aunque sabía que con eso ganaría
enemigos. Todo lo hizo siempre, siempre para servir, para liberar,
para mostrar el camino de la salvación; nunca por prepotencia,
nunca para mostrarse, nunca para dominar con su poder.
Definitivamente, fue fiel hasta el final.
Ya estamos en la Cuaresma. Tiempo hermoso de
cuarenta días para vivirlos con Jesús, iluminados por la fuerza
del Espíritu. Para irnos al desierto de nuestra existencia y
adentrarnos en nuestra historia personal, familiar y comunitaria.
Para escudriñar nuestra naturaleza humana y revisar nuestras
propias caídas e infidelidades. Para hacer nuestro propio éxodo
salvífico y reconstruir nuestra vida, en apertura continua a los
hermanos y al Padre Dios.
Tiempo hermoso para analizar cuantas caídas
hemos tenido, cuantos caminos equivocados hemos tomado, cuántas
injusticias hemos cometido y cuanto amor hemos dejado de dar. Para
convertirnos, cambiar de camino y volver a la casa del Padre, como
el hijo pródigo, que leeremos dentro de ocho días. Para
reconciliarnos con el hermano, con el vecino, con la naturaleza y
con nosotros mismos.
Tiempo hermoso para alejarnos de las ruidosas
y tentadoras propagandas que nos invitan a un consumo
desenfrenado, de espaldas a Dios y a los hermanos. Para superar
los bajos impulsos de poder y aparecer que nos trastornan y nos
hunden en una vida vacía. Para escuchar a la voz Dios manifestada
en las personas que nos aman y caminan con nosotros, y su grito
presente en los empobrecidos. Grito que nos cuestiona y nos invita
a ponernos al lado de los que sufren, así como Él siempre está al
lado de nosotros para conducirnos a una tierra que mana leche y
miel. ¡Vivamos la cuaresma y ella nos ayudará a vivir mejor!
Para la oración Universal
Hoy vamos a responder “Te la expresamos,
Señor”.
-
Nuestra alegría por recordar, en la lectura
del evangelio de hoy, que Jesús fue plenamente humano y
experimentó nuestras mismas tentaciones… te la expresamos,
Señor.
-
Nuestra admiración hacia Jesús, que permanece
como modelo de Persona Nueva, incorruptible, firme ante el mal,
fuerte ante la tentación… te la expresamos, Señor.
-
Que queremos preocuparnos no sólo por el pan,
sino por toda Palabra que sale de tu boca… te lo expresamos,
Señor.
-
Que queremos tener un corazón incorruptible
que, ni por todo el oro del mundo, sea capaz de vender su
conciencia… te lo expresamos, Señor.
-
Que no queremos “tentar a Dios, ni ponerte a
nuestro servicio… te lo expresamos, Señor.
Que queremos vivir esta Cuaresma, como “tiempo
litúrgico fuerte” que es, unidos a la comunidad cristiana dispersa
por todo el mundo, en espíritu de reflexión, oración y compromiso,
preparando la celebración anual de la Pascua… te lo expresamos,
Señor.
Oración comunitaria
Dios, Madre-Padre nuestro, que en
Jesús nos has dado un modelo de persona completa y lograda, en
lucha contra el mal y plenamente humana, tentada pero victoriosa.
Queremos seguir ese modelo de firmeza y fidelidad, de humanidad y
fortaleza, de fidelidad a ti y a los hermanos. Te lo pedimos a Ti
que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos. Amén.