JESÚS, BUEN PASTOR
La figura del pastor, referida a
los líderes del pueblo y a los dioses, era muy propia del antiguo
oriente. Los egipcios representaban a sus reyes con los dos distintivos
del pastor: el azote (o espantamoscas) y el cayado. En el arte
mesopotámico y griego se encuentra la figura del pastor llevando en
hombros a un cordero. Así mismo, el dios griego Hermes fue representado
llevando un carnero.
Según el relato del segundo libro
de Samuel, Dios le encomendó a David la tarea de pastorear a su pueblo,
Israel (2Sam 5,2). Para la mentalidad judía, Dios encomendaba a los
líderes el trabajo de pastorear al pueblo. Pero no pocas veces ellos se
adueñaban del rebaño y usurpaban lo que le pertenecía únicamente a
Dios. Por eso Ezequiel (cap. 34), un profeta de la cautividad en
Babilonia, hace una fuerte crítica a los líderes que se ocupan sólo de
ellos mismos y que, con su irresponsabilidad, han llevado al pueblo a
las desgracias. Dios reclama lo que le pertenece: el pueblo, la tierra y
la vida. La actitud inepta de los pastores deslegitima su autoridad.
De igual manera, el evangelio de
hoy denuncia la irresponsabilidad de los líderes del tiempo de Jesús,
pues no eran pastores sino asalariados que trabajaban sólo por la paga.
No les interesaba la vida de las personas sino que se aprovechaban de
ellas y las explotaban.
El relato evangélico describe de
manera clara aunque indirecta, a los ancianos del pueblo, magistrados y
fariseos, a los sacerdotes, al mismo Herodes y demás autoridades, todas
ellas ocupadas únicamente de ellas mismas. No conocían el sufrimiento
del pueblo, nos les importaban sus dolencias y reprimían violentamente
sus deseos de libertad. No tenían sentido de pertenencia, no se sentían
del pueblo, sino una casta privilegiada y digna de llevar una mejor
vida. No lo amaban ni lo comprendían, por el contrario, lo criticaban y
lo juzgaban. No vivían para servir, sino para que les sirvieran. Aunque
vivían de él, les molestaba su presencia y les escandalizaban sus
gritos. Eran más cercanos a los romanos quienes defendían sus
privilegios y posibilitaban su continuidad en el poder. Vivían de esa
manera de rodillas ante la bota romana y con la espada para con su
gente.
Jesús es presentado por la
comunidad de Juan como el Buen Pastor, con una relación de intimidad con
el Padre. Él estaba con Dios y Dios estaba con Él. Conocía a Dios, vivía
profundamente unido a Él. Fue eso le que lo hizo capaz de ser
misericordioso como Dios es misericordioso, de ser perfecto como Dios es
perfecto, de dar vida como Dios da vida. De asumir como propio el
Proyecto de Dios en defensa de los más pobres y marginados del mundo. Se
identificó de tal manera con Dios que llegó a decir: “el padre y yo
somos uno”. Se identificó de tal manera con Dios y su obra que llegó
hasta a dar la vida por sus ovejas.
La identificación con su Padre
Dios era, a su vez, identificación con su pueblo; con la gente con la
cual creció y compartió sus dolores y alegrías, sus deseos y esperanzas.
Conoció a Dios y al ser humano, por eso pudo comprenderlo, aceptarlo y
amarlo. El amor a Dios y a los hermanos lo facultó para acoger y
enseñar, para reprender con cariño y para sanar integralmente. No juzgó
ni rechazó a nadie, no se aprovechó de la ignorancia, ni de la
necesidad, no explotó el sentimiento de afecto hacia él y siempre estuvo
dispuesto a dar lo mejor de su propio corazón.
No excluyó a nadie de su camino
por ser prostituta, publicano o pecador; a todos, inclusive a los que se
creían santos, los invitó a la conversión y a caminar con él. Con el
tiempo descubrió que había otros seres humanos que no eran del pueblo de
Israel, pero que de igual manera eran amados por Dios; fue entonces
cuando extendió su mensaje de salvación a toda la humanidad: “Pero
tengo otras ovejas, que no son de este redil. También a ellas debo
traerlas; ellas escucharán mi voz, y se hará un solo rebaño con un solo
pastor”.
Mirando nuestro mundo descubrimos
que a nivel político, social, empresarial y a nivel eclesial, como en
todos los grupos humanos, existen líderes - funcionarios, como dice
Drewermann, cuya actividad profesional no es más que un modo de ganarse
la vida, algo meramente exterior a su existencia como personas, y así su
oficio siempre será algo accidental. Estos pseudopastores se creen
miembros de una casta privilegiada a la que hay que hacerle reverencias.
Son alérgicos a las críticas pues creen que nunca se equivocan y siempre
tienen la razón, su lenguaje es arrogante y se ufanan de poseer el
esplendor de la verdad. Les gusta que los traten con preferencia en los
controles de inmigración cada vez que andan por el mundo y gozar de la
inmunidad diplomática o de cualquier inmunidad, no pocas veces utilizada
para esconder sus fechorías. Estos personajes pasan la vida escondiendo
sus propios vacíos humanos, sembrando indiferencia e impidiendo la
renovación de las instituciones para defender sus prebendas. Por acción
o por omisión, alrededor de ellos se genera más caos, corrupción,
injusticias y muerte. Así el lobo entra con más facilidad, hace sus
estragos y las ovejas se dispersan.
Por supuesto que existen también
líderes serios que, sin ser perfectos, conocen, trabajan y aman a su
pueblo hasta dar la vida por él. Reciben salario porque naturalmente el
trabajador merece su salario y su descanso, pero esa no es la principal
razón de su labor. Vemos líderes comunitarios, sociales y políticos que
luchan contra viento y marea, a pesar de tener en contra una poderosa
maquinaria. Vemos religiosos laicos y sacerdotes que trabajan por
construir la Iglesia que Dios quiere y el mundo concreto necesita.
Vemos padres y madres de familia, entregados a los suyos, con las
herramientas de trabajo en una mano y el bolso de los pañales en la
otra, con la inteligencia bien puesta para orientar y el corazón bien
caliente para amar.
Necesitamos líderes que sean
buenos pastores. Que conozcan a su pueblo y que generen verdaderos
procesos para vernos libres de todo tipo de esclavitud. Que promuevan un
crecimiento integral. Y que, unidos a Cristo, único Pastor, lo den todo
por su pueblo. Necesitamos padres y madres de familia que conozcan,
amen, eduquen y les brinden a sus hijos el mejor ambiente para crecer en
armonía. Necesitamos un pueblo consciente de la necesidad de implicarse
en sus procesos humanizantes. Los líderes son el reflejo de un pueblo;
de su interés por desarrollarse integralmente o de su indiferencia ante
su propio atraso y su propio dolor. Por eso cada pueblo tiene los
gobernantes que se merece, conquista su victoria o sufre su derrota. Es
un compromiso ético - político, religioso, humano y cristiano reaccionar
ante un líder cuyo accionar lo deslegitima. Así mismo todos tenemos el
compromiso de apoyar procesos familiares, comunitarios y sociales para
transformar positivamente nuestro entorno.
Nota 1:
Oremos por la unidad de todos los cristianos lo cual no significa
necesariamente que todos se sometan a la disciplina domesticadora que en
ocasiones se pretende implantar. Sería interesante reflexionar sobre
cómo construir la unidad, de tal manera que, como dice el evangelio: “se
haga un solo rebaño, con un solo pastor”. ¿El rebaño tendría que ser
necesariamente la Iglesia Católica romana y el pastor sería el papa,
llamando el sucesor de Pedro y Vicario de Cristo?
Nota 2:
La frase de los Hechos de los Apóstoles referida a Jesús: “no existe
bajo el cielo otra persona cuyo nombre pueda salvarnos”. ¿No sería un
impedimento para el diálogo interreligioso? Según ésto, ¿no tendría
validez el camino propuesto por otras religiones como la budista,
islamista y el mismo judaísmo? Éste es un tema donde hay mucha tela para
cortar. A grandes rasgos digo que la sagrada escritura no es una
declaración dogmática y lo que pretendían los escritores sagrados era
hacer una confesión de fe para que otros acogieran la Buena Nueva de la
salvación que ellos recibían por medio de Jesús. Los dogmas aparecieron
en el siglo IV con el emperador Constantino el Grande, quien acogió el
cristianismo no precisamente por convicciones de fe.
Nota 3:
En muchas iglesias se convoca para este día a una jornada especial de
oración por las vocaciones sacerdotales, porque se ha asumido que los
buenos pastores son los sacerdotes y la fiesta del buen pastor es la
fiesta del sacerdote. ¿No será que buenos pastores debemos ser todos los
que de una u otra manera tenemos la responsabilidad de orientar algún
grupo humano?, ¿No será que además de orar para que tengamos muchos y
santos sacerdotes, debemos orar y sugerir, como miembros vivos de la
Iglesia, que cambie el modelo de sacerdocio que tenemos hoy?...
Oración
Señor
Jesús, Buen Pastor, gracias por tu vida en continua donación. Gracias
por tu Palabra, por tu testimonio, por tu acción salvadora, por la
búsqueda constante de dignidad y libertad, que te llevó a enfrentarte a
los falsos pastores que te persiguieron, te condenaron y te asesinaron.
Gracias porque te mantuviste fiel a esa búsqueda de libertad y dignidad
para todos en medio de la más cruenta oposición. Gracias porque
arriesgaste tu vida y, finalmente, porque moriste defendiendo la
justicia del Reino. Gracias por entregar tu vida por las ovejas.
Te pedimos
perdón porque, como pastores, algunas veces no hemos dado lo mejor… Te
pedimos perdón porque, como parte de este rebaño, algunas veces nos
hemos ido tras falsos pastores… te pedimos perdón porque, algunas veces,
hemos sido indiferentes ante la situación de nuestra familia, de nuestra
comunidad, de nuestra Iglesia, de nuestra sociedad… actitudes con las
cuales nos hacemos cómplices de algunos conflictos, injusticias y otras
realidades que causan dolor en el rebaño.
Danos la
fuerza de tu Espíritu para que vivamos unidos en el amor a fin de que
seamos un solo rebaño, contigo como nuestro único pastor. Danos la
gracia de tener líderes sociales, políticos, eclesiales… buenos pastores
que acompañen, defiendan, luchen y conduzcan al rebaño por buen camino.
Danos padres de familia comprometidos con la buena formación integral de
sus hijos. Danos a todos la gracia de trabajar unidos por un rebaño en
paz, armonía, seguridad, dignidad y libertad…
Tenemos la certeza de que nada nos faltará, porque tú eres nuestro
pastor y nos dejamos guiar por la gracia de tu Espíritu. Amén.