Luz
– tinieblas
La comunidad creyente, desde y para la cual se escribe el
Cuarto Evangelio (Evangelio según San Juan), vivió desde sus orígenes en un
ambiente de conflicto. Al principio el conflicto era con las autoridades
judías que no aceptaron a Jesús y, por el contrario, lo persiguieron hasta
matarlo apoyados por Roma. En un segundo momento vivió el conflicto con el
imperio romano y, ya en la etapa final de la redacción del evangelio, con
algunos miembros de las comunidades cristianas que desvirtuaban el camino de
Jesús. En este ambiente de conflicto se resaltan elementos contrarios tales
como: luz - tinieblas, creer – no creer, vida – muerte, verdad – mentira.
El objetivo del evangelio es que los interlocutores crean en
Jesús como el Mesías y que, creyendo, tengan vida en abundancia. Jesús es
presentado como el camino, la verdad y la vida. Su vida es un proyecto para
ser creído, vivido y confesado, celebrado, evaluado y anunciado. Creer en
sentido evangélico no es la aceptación intelectual de una verdad, es la
adhesión a Jesús, la realización de la vida enteramente de cara a Dios y al
ser humano, a plena luz del día, sincera y honestamente.
Nicodemo era un senador judío. Hacía parte del Concejo de
Ancianos, Sanedrín o Sinedrio. Era una figura representativa y distinguida.
Representaba la oficialidad del mundo judío que ponía el énfasis en el
cumplimiento estricto de la Ley y en la participación del culto. Jesús,
antítesis de la rígida estructura, presentó otra forma de vivir la
experiencia de Dios.
La estructura religiosa judía era elitista y excluyente.
Dejaba por fuera a todo aquel que no comulgara totalmente con las
prescripciones de rabinos y sacerdotes. Publicanos, pecadores y prostitutas,
así como la gran masa de pobres, considerados malditos por no conocer la
ley, quedaban por fuera de la “salvación”. La propuesta de Jesús integraba a
todo el mundo. Según el evangelio de Jesús, Dios no excluye ni condena a
nadie: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para
que todo el que crea en él tenga vida eterna y nadie perezca. Porque Dios no
envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que se salve por
medio de él”.
La estructura religiosa judía y los maestros que la
sostenían y vivían de ella, tenían pocas razones para buscar un cambio, y,
muchas, para conservar las cosas tal como estaban. Ante la estructura
religiosa judía, el Evangelio propone la dinámica del Hijo del hombre
“levantado”. Levantado en la cruz como signo de lucha por vivir dignamente,
recogiendo la memoria de la serpiente que Moisés levantó en el desierto,
camino hacia la tierra prometida. Levantado de la muerte, vencedor de la
oscuridad, vivo, resucitado y resucitador. Levantado por Dios y sentado a la
derecha del Padre. Jesús es la luz que vence la oscuridad y la voz que se
levanta para clamar la libertad, la mano que perdona y que ama.
A la luz de Jesús podemos analizar nuestra vida hoy. Jesús
debe ser como un espejo en el que podamos mirarnos, autoanalizarnos y
descubrirnos, con nuestros aciertos y desaciertos. La luz de Jesús nos
ayudará a ver nuestra realidad para contemplarla y admirarla, y a la vez,
para revisarla y cambiarla. La luz de Jesús nos ayudará a descubrir el
pecado que hay en nosotros y el camino hacia la renovación. Como dijo Pablo:
“Dios rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando
muertos por los pecados nos ha hecho vivir por Cristo”. (Ef 2,4-5 – 1ra
lect.).
En este campo la actitud que amenaza gravemente al ser
humano es la obstinación en el mal. O sea, cuando pudiendo seguir la luz,
“elegimos” la oscuridad.
-
“Conócete a ti mismo”, le dice Mafalda a
Felipito.
-
“Conócete a ti mismo, conócete a ti mismo…
No… mejor no lo hago… ¿Qué tal que no me guste a mí mismo?” (QUINO)
No es fácil pasar de la oscuridad a la luz. No es fácil
reconocer que nos equivocamos, que nos falta madurar y que no amamos con
pureza, que guardamos intereses egoístas y que muchas veces actuamos movidos
por resentimientos. Pero si nos dejamos iluminar por la luz de Jesús,
seremos testigos del amor misericordioso de Dios. Porque Dios es Dios en
tanto que ama y por su misericordia nos salva.
Nosotros seremos verdaderos seguidores de Jesús cuando nos
dejemos salvar y amemos como él nos amó. La salvación, siguiendo la segunda
lectura, no es fruto del esfuerzo humano sino de la gracia; no es sólo
cultivo espiritual, es don de Dios. Pero es necesario abrir nuestra vida a
la luz, aceptarla y preferirla. Aunque la salvación es un regalo de Dios y
nadie se salva porque haga más o haga menos, las obras manifiestan si mi fe
es verdadera o falsa. Una fe verdadera hace personas más honestas,
misericordiosas y justas. Personas que optan por la vida, la luz y la
verdad.
“La perdición consiste en que la luz vino al mundo y los
hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas”
(Jn 3,19). ¿Le tenemos miedo a la luz? ¿Tenemos
miedo a enfrentar la verdad? La luz nos permitirá vernos tal como somos, la
verdad nos hará libres. ¿Preferimos las tinieblas a la luz? Es el tiempo de
pasar de las tinieblas a la luz, de la infrahumanidad vacía, codiciosa,
opresora e injusta, a la humanidad llena de vida, solidaridad y alegría,
justa, fraterna, libre y liberadora. ¡Optemos!
Oración
Señor Jesús, te bendecimos por tu presencia viva en
medio de nosotros. Te reconocemos como la luz que ilumina nuestra
existencia, el camino que nos conduce a la plenitud y la vida que nos colma
de felicidad. Gracias por todas las cosas bellas que vivimos siguiendo tus
pasos.
Reconocemos que, a veces, la oscuridad domina nuestra
vida y caminamos sin sentido, sin rumbo fijo, llenos de temores, de
tristezas… reconocemos nuestra fragilidad humana, nuestras limitaciones,
nuestras oscuridades, nuestra necesidad de luz, nuestra necesidad de ti. Por
eso abrimos totalmente nuestra mente, nuestro corazón, todo nuestro ser para
que nos inundes de tu claridad admirable, de tu luz resplandeciente, de tu
presencia viva.
Te pedimos que la gracia de tu Espíritu nos ayude a optar decididamente por
la luz, para tener vida, vida verdadera, vida en abundancia, vida en
plenitud. Que la luz de tu Espíritu inunde nuestra vida personal, nuestros
trabajos, nuestras opciones, nuestra conversión… que ilumine nuestra vida
familiar, nuestros planes y proyectos, nuestras opciones, nuestras
realizaciones… que ilumine nuestra vida comunitaria y eclesial, nuestro
compromiso con la historia, nuestra fidelidad a tu plan de salvación… Amén.