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el pan
Nos encontramos hoy con uno de los relatos evangélicos
claves en el proyecto de Jesús redactado en forma de
milagro, un género literario muy usado en la época. No todos
los relatos bíblicos están en los cuatro evangelistas;
algunos se encuentran únicamente en los sinópticos (Mt, Mc y
Lc), otros sólo Juan, algunos son propios de cada
evangelista y unos pocos relatos están en los cuatro
evangelios, entre ellos el relato de Mateo que hoy leemos.
Marcos y Mateo lo narran además dos veces cada uno; en total
hay 6 narraciones de este mismo acontecimiento. Esto no es
casualidad.
Más que un momento puntual en la vida de Jesús, el presente
relato abarca toda su vida, su trabajo, el desarrollo de su
ministerio público, su dimensión ético social, lo que en
filosofía latinoamericana llamamos se llama la praxis
histórica.
Jesús buscó un lugar desierto y apartado. A Juan el Bautista
lo habían asesinado y no había un buen ambiente para estar a
la luz pública; en estos momentos duros de persecución los
seres humanos sentimos que ánimos se bajan y es preciso la
reflexión y la oración, a fin de llenarnos de la fuerza y la
sabiduría de Dios para enfrentar la realidad. La gente, que
veía en Jesús una luz de esperanza para sus vidas, lo
siguió caminando desde las ciudades. No lo siguieron en
carruajes o en caballos, ni siquiera en burro. ¡Se fueron
caminando! Se trataba de gente pobre, hambrienta y enferma,
no se sabe qué tipo de enfermedad, pero sabemos que la
enfermedad representa las fuerzas que no nos permiten vivir
en libertad y desarrollarnos con nuestras plenas facultades
humanas.
Y dice el texto que Jesús los sanó. Una buena oportunidad
para un pantallazo, el escenario perfecto para ganar adeptos
vendiendo ilusiones a la gente, como solemos ver cada día
tantos oportunistas entre nuestras barriadas.
¡Una imagen vale más que mil palabras! Un pantallazo en
tiempo de elecciones vale más que mil razones. No es raro
ver a nuestros gobernantes, sobre todo cuando están en
campaña, repartir personalmente y ¡claro!, ante las cámaras,
bonos de alimentación, becas para estudio de niños pobres,
préstamos flexibles para madres cabeza de hogar, dotación
para las escuelitas públicas, y otros “regalos”, que lo
pudieran hacer los directos encargados de las diferentes
dependencias. Así se evitaría tanta aglomeración, confusión
y el desplazamiento desde la capital. Pero el impacto en
imagen que produce un “Papá Noel” es muy grande, así la
alegría dure poco. La escena se repetirá cuando sea
necesario otro golpe de opinión. Jesús, dice el texto, actuó
movido por la compasión; ese fue el motor que lo impulsó
para su predicación y para toda su obra, no actuó para ganar
adeptos ni por ovación del respetable público que hoy
aplaude y mañana condena.
“Despide la multitud para vayan a las aldeas y compren de
comer”, dijeron sus discípulos. Los curas a las sacristías,
se le oyó decir hace unos años a un ilustre ministro. A la
Iglesia le corresponde lo espiritual y a la gente del mundo
lo material pues los sacerdotes son los médicos de las
almas, dicen otros despistados. Es más fácil y menos
peligroso hablarles de las llamadas verdades eternas: el
cielo, el infierno y el purgatorio; de cómo tener unas almas
limpias de todo pecado para alcanzar el cielo, y de los
dogmas “probados”, seguros e infalibles, que del día a día y
nuestro compromiso ético social con la construcción de la
historia, donde, como cualquier mortal, nos podemos
equivocar y además meter en problemas. Siempre va estar esa
tentación de los discípulos: “despide la multitud”, no nos
metamos en eso porque puede ser peligroso.
Además, siempre va a estar la tentación monetaria -
mercantilista en una sociedad que pretende alcanzarlo todo
con dinero: “para que vayan a comprar”. Mucha gente para dar
respuesta a las problemas de pobreza, espera un benefactor
que ayude a comprar comida para la multitud hambrienta.
Mucha gente anhela un estado paternalista que reparta pan,
es decir que cubra las necesidades básicas como por arte de
magia.
Ante la propuesta evasiva y monetario - mercantilista de los
discípulos, Jesús les propuso: “denles ustedes de comer”.
Teniendo en cuenta todo el texto, no es una propuesta
asistencialista, es la invitación a dar respuesta a las
necesidades reales. De ninguna manera se propone tomar las
dos espadas: el poder religioso y el poder político, como se
interpretó erradamente en los llamados imperios “sacros”
durante el oscurantismo medieval.
Como discípulos no podemos evadir las necesidades reales de
la gente. Como discípulos no se nos es lícito hacer caso
omiso al clamor de los pobres. Como discípulos y discípulas
tenemos la responsabilidad ante Dios y ante la humanidad, de
generar alternativas para el mejoramiento de nuestra calidad
de vida sin ningún “abra cadabra”, pues en el mundo hay los
recursos suficientes pero falta organizarnos. Cinco panes y
dos peces es lo que se necesita, siete es el lo perfecto. Y
esa potencia, esa cantidad de comida estaba dentro de la
gente, pero no la habían descubierto, porque no se habían
organizado para trabajar juntos, porque se había acumulado
tacañamente o porque tenían miedo de ponerla al servicio de
la comunidad.
¡No se trata de dar limosnas! Una moneda por amor a Dios,
suelen decir los mendigos para manipular las conciencias. Y
al dar la moneda, el “benefactor” se siente justificado, a
veces sin darse cuenta de que ese acto de caridad ayuda
aumentar la mendicidad. Se trata de darlo todo, pero no sólo
en términos monetarios. Es la vida misma: nuestras manos,
nuestra mente y nuestro espíritu; nuestras cualidades,
nuestros trabajos realizados como un apostolado para el
Reino, nuestras familias como células básicas para la
construcción del nuevo mundo, nuestro espacio para
descansar, orar y compartir con los seres queridos, y en
todo, nuestra solidaridad para dar, no de lo que nos sobra,
sino de lo que hace parte de nuestra mesa.
¡Jesús mandó que la gente se recostara en la hierba! Así
comían las personas libres, según la tradición romana,
porque los esclavos debían comer de pie. Cuando todo lo que
tenemos lo ponemos al servicio del Reino y desarrollamos
libremente proyectos de producción, bendecidos por Dios y
compartidos solidariamente, alcanza para todos y sobra. Doce
canastos representa todo el pueblo, las doce tribus.
Si amamos con el mismo amor que nos amó Cristo y vivimos
según como él lo hizo, seremos capaces de desarrollar
proyectos para enfrentar las tribulaciones, las angustias,
la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la
espada, etc., y en todo, salir victoriosos, gracias a aquel
que nos ha amado. (Rom 8,35.37-39 – 2da lect.)