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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

EN CAMINO

Tiempo Ordinio

Ciclo A

III Domingo

 27 de enero de 2008      Autor:  Neptalí Díaz Villán CSsR.                   Fuente: www.scalando.com 

Is 8,23-9.3     Sal 147     1 Cor. 1,10-13.17     Mt. 4,12-23

III Domingo del Tiemp Ordinario Ciclo AConversión

La situación del pueblo en el tiempo de Jesús la describen muy bien el profeta Isaías y el evangelio de Mateo que leemos hoy: Estaba en tinieblas. En el tiempo de Isaías era la amenaza de Asiria y de los demás vecinos. En el tiempo de Jesús, era el imperio romano y la complicidad de las autoridades locales. Guardando las proporciones y reconociendo los avances que hemos tenido como humanidad, también en nuestros pueblos muchas personas viven en tinieblas. Hay situaciones que oscurecen el panorama comunitario, regional y mundial. Hay situaciones que desintegran a las personas y las condenan a vivir en oscuridad y desesperanza.

Ante el panorama oscuro a nivel personal, familiar, nacional o global, pudiéramos tomar una postura indiferente. Pudiéremos quedarnos quietos como simples espectadores, mientras otros escriben la historia a su antojo, pues tienen en sus manos el papel, el lápiz y el borrador. Por eso, siempre la historia les da la razón y termina elogiándolos, así dejen muerte a su paso. El anuncio del Reino de Dios lleva consigo una dinámica interna que despierta las conciencias y empuja a transformar los corazones y las comunidades.

La fe en el Dios manifestado en Jesucristo nos ayuda a valorar nuestras luces, a iluminar nuestras sombras y a trabajar para hacer realidad una humanidad nueva que nos permita vivir dignamente. Una vez encarcelado Juan el Bautista, su maestro, Jesús comprendió que era la hora de volver a Galilea para empezar su ministerio público. Lo empezó no desde el centro judío, sino desde la periferia. No desde la Judea de los letrados, doctores y maestros más famosos de Israel, sino desde la Galilea de los gentiles o la cueva de bandidos, como le decían despectivamente a su región natal (M 21,13).

Se estableció en Cafarnaúm. No sabemos con certeza si lo hizo en su propia casa o en la de algún amigo o discípulo. Lo cierto es que Cafarnaúm se convirtió en su sede y centro de operaciones. Con su palabra y su obra anunció un mensaje muy concreto: conviértanse porque se acerca el Reino de los cielos.

Toda la vida de Jesús giró en torno al Reino de Dios (o Reino de los cielos como lo llama Mateo)[1]. En el mundo contemporáneo de Jesús era normal hablar de reyes, emperadores, faraones o jefes. Semidioses o personajes deificados que se comportaban despóticamente con sus súbditos para hacerles sentir su autoridad y para llenar su vacío humano. Hombres que compraban conciencias, esclavizaban a miles de nativos en sus colonias y los trataban como mercancía humana. Decidían quién podía vivir y quién debía morir, qué era mentira y qué era verdad, qué era bueno y qué era malo. Sus mandatos eran incuestionables, su bienestar, la suprema Ley, y su voluntad, la de Dios.

Ese sistema causaba mucho dolor y muerte. El esplendor de un imperio esconde necesariamente oscuridad para los esclavos que sostienen el peso de los privilegiados. Donde reinan los hombres y su imperativo egoísta, las consecuencias las sufren miles de seres humanos excluidos y explotados. A nivel personal, los seres humanos también nos vemos muchas veces atados a traumas, egoísmos, miedos, angustias, o a cualquier fuerza que no nos permite realizarnos plenamente. Esa realidad personal y social hace que nuestra humanidad viva en tinieblas y en sombra de muerte.

El anuncio de Jesús fue contundente: el Reino de Dios ha llegado. Esta noticia trae consigo una energía liberadora de todas las fuerzas adversas que esclavizan al ser humano. Esta noticia trae consigo el llamado a tener como único absoluto a Dios. A repeler a otros dioses o a seres humanos deificados que intenten reinar en nuestra vida interior y en nuestra sociedad. A abrirnos al amor de Dios para que sea el único que reine en nuestros corazones y en nuestro ambiente vital. En otras palabras, esta noticia trae consigo una actitud de parte nuestra que ayude a hacer posible el Reino: La conversión, Metanoia en griego, que significa cambio, transformación, arrepentimiento, volver a la fuente de la vida, a Dios. La metanoia es dinamicidad, creatividad, fuerza creadora y transformadora de personas y grupos.

Jesús, una vez anuncia su propuesta de vida, lo empieza a realizar con personas muy concretas a quienes las llama a convivir y a trabajar por el Reino. A convertirse en pescadores de hombres. Recordemos que el mar para el judío es signo de peligro, dolor y muerte. Cafarnaúm está ubicada en la costa noroeste del mar de Galilea o lago de Tiberíades. El llamado a ser pescadores de hombres es una invitación clara a trabajar por esas personas que sobreviven en el mar, es decir, por aquellos que están en tinieblas y en sombras de muerte por su situación personal o colectiva.

El Reino de Dios está entre nosotros como una potencia que podemos convertirla en acto con la gracia de Dios y con nuestra actitud ante la vida. El llamado a ser pescadores de hombres es para todo aquel que quiera ser seguidor de Jesús. Necesitamos una continua Metanoia que dinamice nuestra historia y nos haga vivir de cara a Dios y a los hermanos. Necesitamos vencer nuestras diferencias y ponernos de acuerdo para trabajar juntos para pescar a tantas personas que sobreviven en el mar de sangre, indiferencia y muerte. Como nos sugiere la carta a los Corintios (1Cor 1,10-13.17 – 2da lect.), en vez de pelear y dividirnos, debemos permanecer unidos en un mismo sentir y en una misma causa: El Reino de los cielos.

[1] Mateo prefiere llamarlo Reino de los cielos para no pronunciar la palabra Dios, pues escribe para judíos y dentro de la mentalidad judía, por respeto, no se debe pronunciar con los labios el nombre de Dios.

Moniciones y Oración Universal

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