-Procesión de
Ramos: Mc 11, 1-10
-Is 50, 4-7
-Sal
21
-Fil 2, 6-11
-Mc 14,1-15,17
Monición
de entrada
Queridos hermanos en Cristo:
empezamos hoy la Semana Santa, esta es una semana
solemne en la que queremos vivir con Cristo, su Pasión,
Muerte y Resurrección. Hoy recordamos la entrada
victoriosa de Cristo en Jerusalén para consumar su
misterio Pascual. También leemos la Pasión en donde
Cristo, el Siervo, cumple su misión de Servidor,
entregando su vida al servicio de todos nosotros. Hoy
acompañaremos al Señor, que misteriosamente está
presente con nosotros; con las palmas en las manos, con
cantos en nuestra boca y una gran alegría en el corazón,
recibamos al Mesías pobre y humilde como nuestro Rey y
nuestro Salvador.
Primera
lectura: Is 50, 4-7 (El siervo paciente del Señor)
El profeta Isaías nos hablará del siervo
que se entrega al servicio de todos nosotros. Cristo es el
siervo fiel que sufrió para salvarnos. En la lectura se
menciona: “El Señor me ha abierto el oído”. Pidamos que
Dios nos abra el corazón para recibir el mensaje que Dios
quiere comunicarnos en esta primera lectura.
Segunda
lectura: Fil 2, 6-11 (Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo
exaltó)
El apóstol Pablo nos invita a seguir a
Jesús en su Pasión, humillado y despreciado por la gente, le
veremos exaltado a la derecha el Padre. Nosotros también
debemos humillarnos con Él para que podamos participar en su
gloria. Escuchemos.
Tercera
lectura: Mc 14, 1-15, 17 (Pasión de nuestro Señor)
En la pasión según san Marcos que es la
que se lee en este ciclo litúrgico, vemos que Cristo como el
Siervo obediente murió y triunfó sobre los poderes de las
tinieblas. Por sus humillaciones y sufrimientos Cristo fue
exaltado. Por su muerte tenemos vida. Hermanos, pongamos
atención y escuchemos con reverencia este gran mensaje de
amor.
Oración
universal
A cada invocación ustedes respondan por
favor: “Por la Pasión de tu Hijo, escúchanos, Señor”.
1.
Por la Santa Iglesia: para que viviendo en la fe el
misterio de la Pasión, recoja del árbol de la cruz el fruto
de la esperanza. Roguemos al Señor.
2.
Por todos aquellos que no creen: para que como el
centurión al pie de la cruz , vean en la muerte redentora de
Cristo el signo incontrastable de la gloria divina. Roguemos
al Señor.
3.
Por los inocentes y perseguidos, y por los que se
escandalizan a causa de las injusticias: para que no decaiga
su certeza pascual de la victoria del bien sobre el mal.
Roguemos al Señor.
4.
Por los agonizantes: para que sientan junto a ellos
la presencia del siervo obediente que, muriendo en la cruz,
confió su espíritu a las manos del Padre. Roguemos al Señor.
5.
Por todos nosotros: para que aprendamos en la escuela
del Señor a vivir cada día en plena adhesión a la voluntad
divina y a compartir la enfermedad y el sufrimiento del
prójimo. Roguemos al Señor.
6.
Por los países en guerra y en conflictos internos:
para que reina la paz y la concordia. Roguemos al Señor.
Exhortación
final
(Tomado
de B. Caballero: La Palba cada domingo, San Pablo, España,
1993, p. 264)
Bendito seas,
Padre, porque, llegada su hora,
Cristo fue el
grano de trigo que, al morir, da fruto abundante,
El sol que
agoniza en la tarde y resucita en el alba,
El ramo de olivo
que supera el invierno inclemente
La luz que vence
la sombra, y el amor que derrota el odio.
Créanos, Señor,
un corazón nuevo para una alianza nueva,
Y renuévanos por
dentro con la fuerza de tu Espíritu Santo,
Para que,
convertidos en hijos de la luz, en hijos tuyos,
Vivamos tu ley
de amor con un talante alegre y renovado.
Así podrán los
demás ver el rostro de Cristo reflejado
En nosotros, y
glorificar por siempre tu nombre de Padre. Amén