Monición de Entrada
Buenos días, (tardes, noches) hermanos en Cristo,
nuestro Redentor. La mujer está en la trama de la
historia de la salvación. Lo mismo que la mujer ocupa un
lugar central y único en la existencia de los humanos --
la madre, la esposa, la hija, la hermana, la novia, la
compañera -- así también en la historia de Dios ella
tiene un lugar irreemplazable. Dios actúa a través de
las realidades concretas que él ha creado, desde ellas y
en ellas, encarnándose en el mundo real. Por eso, para
la llegada del Mesías, la mujer abrirá la puerta
sellada, la puerta de los tiempos mesiánicos. La acción
de la mujer en la historia santa es absolutamente
personal. Reposa sobre un acto de fe, de confianza, de
intrepidez. No es meramente biológica, no se reduce a la
gestación. No es una colaboración meramente pasiva, sino
activa.
Recibamos de pie y cantando con entusiasmo a los
ministros de esta celebración.
Primera lectura: Números 6, 22-27 (El Señor te bendiga
con la Paz)
La
primera lectura, tomada del libro de los Números, señala
una función del sacerdocio: bendecir, interceder y poner
el nombre de Dios sobre la asamblea. Dios es la fuente
de toda bendición, y
ésta
abarca todo bien material o espiritual, que siempre es
signo del favor de Dios, de su protección, gracia y paz.
Escuchemos con atención.
Segunda lectura: Gal. 4: 4-7 (Dios envió a su Hijo,
nacido de una mujer)
En
su carta a los gálatas san Pablo escribe que Cristo
intervino totalmente en la historia humana. Dios Padre
envió a su Hijo para que podamos ser hijos de Dios.
Cristo Jesús nació de una mujer para liberarnos y
salvarnos. Escuchemos con atención este breve texto en
donde Pablo habla de la Virgen María.
Tercera lectura: Lucas 2, 16-21 (A los ocho días le
pusieron por nombre Jesús)
El
Evangelista san Lucas nos enseña la actitud del buen
cristiano, una vez acepta el nacimiento de Jesús en su
corazón. Irá de prisa al templo, donde encontrará a
Jesús y a María a su lado. De pie, por favor, para
entonar el Aleluya.
Oración Universal
-
Por la Iglesia, que peregrina por este mundo en el
transcurso de los siglos hasta el gran Día de
Jesucristo; para que realice fielmente su misión,
roguemos al Señor.
-
Por todas las naciones; para que, superando la guerra
y toda clase de violencia, pongan sus riquezas en
común, al servicio de la gran familia humana,
roguemos al Señor.
-
Por nuestra patria, por el rey y su gobierno, por
todos los ciudadanos; para que procuremos todos con la
mayor generosidad de ánimo lo que conviene al bien
común, roguemos al Señor.
-
Por los que trabajan por la paz, la reconciliación de
todos, el reconocimiento de los derechos humanos; para
que sus esfuerzos no sean en vano, roguemos al
Señor.
-
Por nuestra ciudad (nuestro pueblo) y por nosotros,
aquí reunidos; para que el año que comenzamos sea para
todos año de bienes, año de gracia, roguemos al
Señor.
Exhortación
final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San
Pablo, España, 1993, p. 434)
¡Bendito seas, Dios nuestro! Por medio de Santa María
Llegó a nuestra tierra atormentada la aurora de tu paz.
“Hoy nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado:
Lleva al hombro el principado, y su nombre es:
Maravilla de Consejero, Padre perpetuo, Príncipe de la
paz,
Para dilatar el principado con una paz sin límite”.
Por todo tu amor a lo largo del año que ha pasado
Y por tantas cosas como nos diste en la vida: ¡gracias,
Señor!
Al comienzo del nuevo año ilumina tu rostro sobre
nosotros,
Y concédenos tu favor para cada uno de sus 365 días.
Santa María, Madre de Dios y Reina de la paz, ruega por
nosotros.
Amén.