Monición de Entrada
Buenos días (tardes) hermanos en
Cristo. Hoy celebramos el día de Nuestra Señora de la
Altagracia, nuestra protectora. La Altagracia es símbolo
del pueblo dominicano. Símbolo de su fe, de su identidad
nacional, de su confianza en la protección de la
Virgen. Es el punto de unión en medio de cualquier
división de nuestro pueblo. Demos gracias a Dios, porque
quiso enviarnos a la Santísima Virgen María para darnos
consuelo en nuestras penas y llevarnos hacia él.
Pongámonos de pie para recibir a los ministros de esta
Eucaristía.
Primera lectura: Is 7, 10-15
En la primera lectura vemos un
encuentro del Profeta Isaías con Acaz, rey de Judá, en
el siglo octavo antes de Cristo, que se veía tentado a
hacer alianza con el rey pagano de Asiria para librarse
de la amenaza de los reyes de Damasco en Aram y de
Efraím. El profeta anuncia una señal de Dios para
alentar la fidelidad del rey Acaz, y como una garantía
de la permanencia de la promesa hecha por Dios a David:
el nacimiento de un niño de una mujer doncella.
Escuchemos.
Segunda lectura: Gál 4, 17
En el texto que escucharemos a
continuación San Pablo condensa el rimo y la finalidad
de la Encarnación. El Hijo de Dios se hace humano,
nacido de una mujer, para que recibiéramos la condición
de hijos. Desde ahora, impulsados por el Espíritu,
podemos llamar “Padre” a Dios y “hermano” al semejante.
Pongan atención al siguiente mensaje.
Tercera lectura: Lc 1, 26-38
El Evangelio de hoy contiene el
anuncio del Señor a María. Se cumple así la profecía de
Isaías en la primera lectura. El “hágase” de María es
un “SÍ”, para la nueva humanidad salvada por Dios en
Cristo; y nos muestra a nosotros, cristianos de hoy, el
modo de optar definitivamente por el Evangelio y asumir
compromisos concretos de presencia en el mundo y en la
sociedad en que vivimos. Nos ponemos de pie para
escuchar esta Buena Noticia, pero antes entonemos el
Aleluya.
Oración Universal
1.
Tú que has hecho surgir a la Santísima Virgen
María como el sol sobre los montes para iluminar a tu
Iglesia, haz que, bajo el influjo de su belleza y de su
amor, reine la justicia y la paz en todo el mundo.
Roguemos al Señor.
2.
Señor Dios nuestro, que quisiste que la Madre de
tu Hijo, fuera venerada en nuestro pueblo con el nombre
de la Altagracia, haz que copiemos en nosotros sus
virtudes y su amor hacia los pobres y desamparados.
Roguemos al Señor.
3.
Tú que, por medio de Nuestra Señora de la
Altagracia, cambiaste la fe de nuestro pueblo
dominicano, has que por su intercesión esta fe se haga
más profunda y comprometida. Roguemos al Señor.
4.
Haz Señor, que seamos siempre fieles al culto
divino y tus mandatos, para que merezcamos, también
nosotros, que la Virgen María nos salga al paso en el
camino de nuestra vida. Roguemos al Señor.