Monición de
entrada
La fiesta de hoy es
conocida y celebrada con diversos nombres: La presentación del Señor,
la purificación de María, la fiesta de la luz, la fiesta de las
Candelas o Candelaria, es decir, fiesta de la luz.
María y José acuden con el
Niño al templo de Jerusalén para cumplir la doble disposición de la ley
mosaica: presentación del primogénito varón al Señor para su rescate y
purificación de la madre a los cuarenta días del parto. De pie, por
favor para recibir a los celebrantes de esta Eucaristía.
Primera lectura: Mal 3,
1-4 (El mensajero del Señor entrará en su santuario)
En la primera parte de la
alocución de Simeón, es decir, en la proclamación mesiánica de Jesús,
escuchamos un eco, mejor dicho vemos la realización del anuncio del
profeta Malaquías: venida del Señor al santuario. El libro de Malaquías
está centrado en la figura del Mensajero, se orienta a crear una nueva
actitud religiosa que, a su vez, renueve el culto del templo, que estaba
en franca decadencia. Escuchemos.
Segunda lectura: Heb 2,
14-18 (Tenía que parecerse a todos sus hermanos)
Jesús participó de nuestra
humanidad y con su muerte nos liberó del poder de Satanás que nos tenía
esclavizados. Jesús es el Sumo Sacerdote compasivo y fidedigno en lo
que toca a Dios. Pongan atención
Tercera lectura: Lc 2,
22-40 (Mis ojos han visto a tu Salvador)
En el texto evangélico de
hoy y en boca del anciano Simeón hay una proclamación solemne, casi
oficial, de Jesús en el mismo templo de Jerusalén, como el Mesías
esperado. Dichoso este anciano a quien el paso de los años no le apagó
sus pupilas, sino que le dio una visión más aguda y penetrante para ver
en aquella oblación, que parecía tan rutinaria como una de tantas, a una
pareja distinta y a un niño sin paralelo: el Mesías de Dios.
Oración Universal
Que nuestra oración,
hermanos (as), se eleve a Dios Padre todopoderoso, por el bien de toda
la humanidad a la que Cristo ha venido a iluminar con su presencia y a
salvar por medio de la Iglesia.
1.
Por la Iglesia de Dios: para que, por la vida de sus fieles y el
ministerio de sus sacerdotes, haga brillar ante los hombres la luz de
Cristo, Salvador de las naciones. Roguemos al Señor.
2.
Por nuestros gobernantes: para que su labor sea siempre de
servicio, de justicia y de paz. Roguemos al Señor.
3.
Por las madres de familias: para que reciban en sus hogares el
honor, la ayuda y la gratitud que merecen sus afanes de cada día por el
bienestar su familia. Roguemos al Señor.
4.
Por los enfermos y todos los que sufren: para que perseveren de
la llamada de atención a la responsabilidad de todos. Roguemos al
Señor.
5.
Por nosotros mismos, los aquí reunidos; y por todos los miembros
de nuestra parroquia: para que la manifestación del Señor en la carne
sea causa de edificación y vida, y no ocasión de caída y escándalo.
Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y
eterno, que recibiste hoy en tu templo a tu Unigénito, que se ofrecía
por nosotros: te pedimos humildemente que escuches nuestras oraciones.
Por Jesucristo….
Exhortación Final
(Tomado de B.
Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 609)
Te
bendecimos, Dios Padre, Dios de la luz y del fuego,
porque hoy tu
Hijo, Cristo Jesús, es presentado en el templo
en ofrenda a
ti; y por el Espíritu es proclamado ante el mundo
como gloria
de tu pueblo y luz para iluminar a las naciones.
¡Gloria a ti,
Señor! Por manos de María se ofrece a Jesús
para cumplir
tu voluntad como víctima agradable de expiación.
todo ello
anticipaba su opción radical por el reino de Dios;
por eso va a
ser piedra de tropiezo, una bandera discutida.
Purifícanos,
Señor, con el fuego de tu Espíritu para que,
renovados en
la opción de nuestro bautismo, optemos con Cristo
por el
servicio de tu reino en la fidelidad de cada día.
Amén.