Se siente la brisa,
el frescor de los atardeceres y de los amaneceres nos
hacen recordar que se acerca el adviento. Es tiempo de
la esperanza, no hay espacio para la soledad y el
desánimo. Es tiempo de ser felices. Llenémonos de
alegría.
Monición
a la primera lectura Daniel 7,
14-27.
El texto de hoy,
correspondiente a la literatura apocalíptica, basada en
visiones, nos indica que para el autor se presenta aquí
una especie de juicio que Dios realiza sobre la historia
y sus protagonistas. El mensaje esperanzador de este
juicio es el desmoronamiento de todo poder y potencia
enemigos de Dios y el triunfo definitivo del proyecto
divino y de sus fieles adoradores.
Salmo
Daniel 3, 82-87: Ensalzadlo con himnos
por los siglos.
Monición al
Evangelio Lucas 21, 34-36.
La comunidad para
la que escribe Lucas se encontraba desanimada, sin
voluntad de evangelizar, y de llevar a cabo las
prácticas evangélicas porque el tiempo pasaba y la
parusía (segunda venida de Cristo) no llegaba. La
invitación del evangelio de hoy, puesta en labios de
Jesús por el evangelista Lucas, tiene la intención de
prevenir para no caer en la apatía y en la desesperanza.
Nosotros también estamos invitados a estar atentos. A
los detalles propios de este tiempo.
Oración
Universal
-
Por el Papa, los
obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, y
religiosas, para que evangelicen a favor de la
esperanza y la importancia de estar preparados.
Roguemos al Señor.
-
Por nuestro
pueblo y por nuestra patria, por todos los pueblos de
la tierra. Roguemos al Señor.
-
Por los que viven
alejados de sus casas, por los que no tienen trabajo
ni hogar. Roguemos al Señor.
-
Por los que
ayudan a los pobres, por los ancianos, enfermos,
emigrantes y marginados. Roguemos al Señor.
-
Por nuestra
asamblea, por cuantos participan de nuestra esperanza.
Roguemos al Señor.
Exhortación
final (Tomado del libro La
Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,
autor: Basilio Caballero Pág. 678)
Te bendecimos,
Padre, porque nos amas con ternura.
Enséñanos a contar
nuestros años en tu presencia
para saber
relativizar todo lo que no eres tú
y vivir siempre
disponibles para ti y los hermanos.
Ayúdanos, Señor, a
hacer confundir en nuestra vida
el futuro y el
presente, la esperanza y el esfuerzo
por acelerar el día
glorioso de la venida de Cristo.
Aleja de nuestro
corazón el embotamiento del pecado;
así cuando tú
vengas nos encontrarás con las manos
ocupadas en la
tarea que nos encomendaste hacer.
Mientras tanto, te
decimos: ¡Ven pronto, Señor Jesús!
Amén