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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

XXXIII Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Sábado, 23 de noviembre de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

  Fuente: www.scalando.com

San Andrés Dung-lac, presbítero

Monición de entrada

Siempre estamos invitados a vivir la alegría de sabernos salvados por aquel que se ha entregado por nosotros, no olvida al pobre,  Él es la razón de la esperanza de todos los cristianos.

Monición a la primera lectura 1 Macabeos 6, 1-13.

A nadie le gusta fracasar, el texto de hoy nos presenta la muerte de Antíoco Epífanes, quien al enterarse de que los judíos habían vencido sus tropas y purificado el Templo que él había profanado, cae en un estado crítico de depresión. Antíoco muere probablemente en la primavera del año 164 a.C., en Babilonia, ciudad que simboliza tragedia y muerte para Israel, y se une a la lista de faraones o emperadores, que desde los tiempos de Egipto, han fracasado en su objetivo de desafiar el amor de Dios por los pobres y oprimidos.      

Salmo del salmo 9, 2-6.16.19: Gozaré, Señor, de tu salvación.

Monición al Evangelio Lucas 20, 27-40. Sobre la resurrección.

Los saduceos no creían en la resurrección, en el evangelio de hoy le hacen una pregunta a Jesús intentando enredarlo. La respuesta de Jesús hace ver, primero que todo, que el matrimonio es una realidad temporal, natural y necesaria para la prolongación de la especie; también les hace notar que en la resurrección ya no habrá necesidad de una serie de cosas que eran necesarias al ser humano, ya que la resurrección no es la simple prolongación de esta vida con sus necesidades y deficiencias, sino un estado de vida absolutamente pleno donde ya no habrá necesidades que satisfacer. Dios es un Dios de vivos, la vocación de todo hombre y mujer es llegar a compartir esa vida plena con Dios.     

Oración Universal

Por el papa, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, para que promuevan la esperanza en los feligreses de sabernos invitados a compartir la vida plena con Dios. Roguemos al Señor.

Para que los gobernantes de las naciones promuevan el desarrollo de los pueblos, y desaparezcan la injusticia, la violencia, las huelgas y el hambre en el mundo. Roguemos al Señor.

Por la iluminación de los que no conocen a Cristo con la luz del Evangelio. Roguemos al Señor.

Para que el Señor nos conceda a cuantos invocamos su nombre los bienes temporales y eternos. Roguemos al Señor.

Para que el Señor dé la luz y el descanso eterno a todos los difuntos. Roguemos al Señor. 

Exhortación final (Tomado del libro La Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,  autor: Basilio Caballero Pág. 666)

Te bendecimos, Padre, Dios de la vida,

porque mediante la fe y el bautismo del Espíritu

nos llamaste a vivir contigo para siempre.

¿Cómo vislumbrar y entender algo del mundo nuevo

de la resurrección  sino desde la fe en la persona

de Cristo resucitado, vencedor de la muerte?

El hombre, a quien tú amas, es un ser para la vida.

Alienta nuestra esperanza e ilumínanos con tu palabra,

para que entendamos que la dicha futura que esperamos

se gesta ya en el compromiso con el mundo presente,

en el amor a ti y a nuestros hermanos.   Amén.


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