Monición de
entrada
Nuestro Señor
protege a todos sus hijos por igual, aunque tiene opción
preferencial por los pobres, la razón la encontramos en
que con frecuencia los que tienen el poder suelen ser
injustos con los humildes.
Monición a la
primera lectura Sabiduría 6,
1-11.
Una invitación a
ser sabios tiene el texto de hoy para todos los que
tienen poder, todos tenemos algún tipo de poder,
nuestra sabiduría debe estar dirigida siempre a actuar
según la voluntad de Dios, la voluntad de Dios es que
nos amemos, quien ama no hace al mal.
Salmo
del salmo 81, 3-4.6-7: Levántate, oh
Dios, y juzga la tierra.
Monición al
Evangelio Lucas 17, 11-19.
Da gracias al Señor
el que es capaz de reconocer su pequeñez ante la
grandeza de Dios, y quien sabe que merece poco. El Texto
de Lucas muestra la compasión de Jesús dirigida a diez
leprosos, les cura. Consecuencias, los que creían
merecer todo siguieron su camino, como si nada hubiese
ocurrido, mientras que el samaritano, el extranjero,
vuelve a dar gracias ante la grandeza del gesto de
Jesús.
Oración
Universal
Por el Papa, los
obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas,
para que actúen desde el poder de acuerdo a la voluntad
de Dios. Roguemos al Señor.
Por los
gobernantes, para que sepan agradecer al pueblo el gesto
de votar por ellos, y tomen medidas en busca del
bienestar real de la mayoría de compatriotas. Roguemos
al Señor.
Por un aumento de
vocación a la vida religiosa y sacerdotal de jóvenes que
se sientan agradecidos y deseosos de responder con
generosidad a la invitación de Dios. Roguemos al Señor.
Exhortación
final (Tomado del libro La
Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,
autor: Basilio Caballero Pág. 648).
Gracias, Padre,
porque Jesús, curando a los leprosos,
mostró su
predilección por todos los marginados
y cambió el llanto
de los pobres en canto de liberación.
Encareciendo el
gesto del leproso samaritano,
nos enseña Jesús a
creer en ti y agradecer tus dones.
Señor, estamos
deformados como leprosos debido a
nuestro orgullo,
ansia de dominio, egoísmo y desamor;
pero una palabra
tuya bastará para sanarnos.
Líbranos, Señor,
del espíritu mezquino y mercantil
que contabiliza
supuestos méritos de buena conducta,
confinando la
salvación de Dios a cotos privados.
Cúranos del
ritualismo estéril e introdúcenos en tu Reino. Amén