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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

XXXII Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

miércoles, 14 de noviembre de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

  Fuente: www.scalando.com

Monición de entrada

Nuestro Señor protege a todos sus hijos por igual, aunque tiene opción preferencial por los pobres, la razón la encontramos en que con frecuencia los que tienen el poder suelen ser injustos con los humildes. 

Monición a la primera lectura Sabiduría 6, 1-11.

Una invitación a ser sabios tiene el texto de hoy para todos los que tienen poder, todos tenemos algún tipo de poder,  nuestra sabiduría debe estar dirigida siempre a actuar según la voluntad de Dios, la voluntad de Dios es que nos amemos, quien ama no hace al mal.

Salmo del salmo 81, 3-4.6-7: Levántate, oh Dios, y juzga la tierra.

Monición al Evangelio Lucas 17, 11-19.

Da gracias al Señor el que es capaz de reconocer su pequeñez ante la grandeza de Dios, y quien sabe que merece poco. El Texto de Lucas muestra la compasión de Jesús dirigida a diez leprosos, les cura. Consecuencias, los que creían merecer todo siguieron su camino, como si nada hubiese ocurrido, mientras que el samaritano, el extranjero, vuelve a dar gracias ante la grandeza del gesto de Jesús.      

Oración Universal

Por el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, para que actúen desde el poder de acuerdo a la voluntad de Dios. Roguemos al Señor. 

Por los gobernantes, para que sepan agradecer al pueblo el gesto de votar por ellos, y tomen medidas en busca del bienestar real de la mayoría de compatriotas. Roguemos al Señor. 

Por un aumento de vocación a la vida religiosa y sacerdotal de jóvenes que se sientan agradecidos y deseosos de responder con generosidad a la invitación de Dios. Roguemos al Señor. 

Exhortación final (Tomado del libro La Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,  autor: Basilio Caballero Pág. 648).

Gracias, Padre, porque Jesús, curando a los leprosos,

mostró su predilección por todos los marginados

y cambió el llanto de los pobres en canto de liberación.

Encareciendo el gesto del leproso samaritano,

nos enseña Jesús a creer en ti y agradecer tus dones.

Señor, estamos deformados como leprosos debido a

nuestro orgullo, ansia de dominio, egoísmo y desamor;

pero una palabra tuya bastará para sanarnos.

Líbranos, Señor, del espíritu mezquino y mercantil

que contabiliza supuestos méritos de buena conducta,

confinando la salvación de Dios a cotos privados.

Cúranos del ritualismo estéril e introdúcenos en tu Reino.     Amén 


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