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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

XXXI Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Miércoles, 7 de noviembre de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

  Fuente: www.scalando.com

Monición de Entrada

Si queremos ser justos tenemos que empezar por respetar al Señor y amar  apasionadamente sus mandatos. Como cristianos debemos persistir en la generosidad puesto que al Dios que seguimos ha sido súper generoso al hacerse uno de nosotros, y experimentar nuestras fragilidades.   

Monición a la primera lectura Romanos 13, 8-10.

El principal de los mandamientos es el amor. Pablo nos recuerda hoy los mandamientos del Señor y nos invita a amar, quien vive para amar, vive para hacer el bien en todo momento, siempre está dispuesto a socorrer a quien le necesita.

Salmo del salmo 111, 1-2.4-5.9: Dichoso el que se apiada y presta.

Monición al Evangelio Lucas 14, 25-33: El Discípulo. 

Lo que nos dice Jesús en el evangelio de hoy es que el discípulo debe comenzar a construir un modelo de sociedad distinta: fraterna, solidaria, igualitaria, donde cualquier estructura, comenzando por la familia, esté al servicio de esta nueva sociedad y no al contrario; esa nueva sociedad exige que todos nos comprometamos con el proyecto del reino, y eso es labor de cada día. 

Oración Universal

Por el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, para que desde la fidelidad a su vocación promuevan el proyecto del reino de Dios, proyecto que exige un compromiso serio. Roguemos al Señor.

Por los gobernantes de nuestros países pobres, para que la riqueza que en vez de amasar riqueza a costa del pueblo, sean solidarios con el mismo, y promuevan una sociedad solidaria, de igualdad. Roguemos al Señor.

Por un aumento a la vocación sacerdotal y a la vida religiosa. Roguemos al Señor. 

Exhortación final (Tomado del libro La Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,  autor: Basilio Caballero Pág. 635-636)

Gracias, Señor Jesús, porque nos llamaste

a tu seguimiento mediante una ascesis liberadora.

Tú nos precedes con tu ejemplo y nos muestras

la vida que brota de la abnegación y la muerte.

Con san Pablo decimos, nuestra gloria es tu cruz.

Concédenos seguirte incondicionalmente

sin claudicar ante la dificultad y la incomprensión.

Ayúdanos a hacer nuestros tus criterios y actitudes

para no arruinar la vida presente y la futura,

para alcanzar el fruto de tu cruz salvadora,

para participar de tu condición gloriosa.  

Amén.  


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