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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

XXXI Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Martes, 6 de noviembre de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

  Fuente: www.scalando.com

Monición de Entrada

Como un niño se aquieta junto a su madre, algo así le sucede al creyente que se calma junto al Señor. Quien confía en Dios es capaz de renunciar a la altanería, y actúa con naturalidad; porque sabe que tiene al Señor, lo más importante, en su corazón y, por consiguiente, pone toda su confianza en él.

Monición a la primera lectura Romanos 12, 5-16a.

La grandeza del pueblo de Dios está en reconocer que las distintas funciones que realizamos deben estar siempre al servicio de los demás, y es que nosotros, siendo muchos formamos un solo cuerpo en Cristo. Se trata de vivir la solidaridad en su máxima expresión.

Salmo del salmo 13, 1-3: Guarda mi alma en la paz junto a ti Señor.  

Monición al Evangelio Lucas 14, 15-24: Parábola de los invitados al banquete. 

El banquete que presenta el evangelio de hoy, abierto a todos, es signo del amor gratuito de Dios, la parábola muestra la vocación universal al reino de Dios, que, de acuerdo con la tradición profética se describe como un festín; dicha parábola tiene una referencia sacramental a la eucaristía, que es el gran signo del banquete del Reino y anticipa el eterno festín mesiánico.  

Oración Universal

Por los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, para que promuevan un ambiente accesible  en su entorno, de forma tal que sean muchos los que se motiven y se reconozcan invitados a participar del banquete propuesto por Dios. Roguemos al Señor.  

Por los gobernantes, para que echen a un lado las ambiciones mezquina y personalista, y promuevan desde el poder un ambiente en donde todos tengamos acceso a los alimentos, a la educación y a la salud. Roguemos al Señor.  

Por los laicos y laicas de nuestros pueblos pobres para que, al igual que como se hacía antes, compartan el uno con el otro lo que tiene. Roguemos al Señor.   

Exhortación final (Tomado del libro La Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,  autor: Basilio Caballero Pág. 633-634)

Te bendecimos, Padre, con los pobres de la tierra,

porque nos reservaste un puesto en la vida.

Y en la mesa abierta del banquete de tu Reino,

donde el cuerpo de Cristo es nuestro alimento.

Bendito seas, Señor, por Jesús, tu hijo, que es

el novio de tus bodas con la humanidad y la Iglesia.

Líbranos de la locura de rechazar tu invitación

con las ridículas excusas de nuestra miope insolidaridad.

Revístenos de la condición de nuestro bautismo,

del hombre nuevo nacido en Cristo por el Espíritu,

para ser dignos de sentarnos a tu mesa para siempre.

Amén. 

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