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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

XXXI Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Lunes, 5 de noviembre de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

  Fuente: www.scalando.com

Monición de Entrada

El señor escucha a los que confiamos en Él. Ciertamente Dios nos escucha, esto debe inspirarnos a vivir para alabarle y darle gracias por todo lo que ha hecho por nosotros.  

Monición a la primera lectura Romanos 11, 29-36: Los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

En este texto Pablo afirma que Dios ha encerrado a todos en la desobediencia para apiadarse de todos. Ante este misterio de salvación, la única respuesta humana es la admiración, el reconocimiento y la alabanza.  

Salmo del salmo 68: Que me escuche, Señor, tu gran bondad.

Monición al Evangelio Lucas 14, 12-14: Elección de invitados.

Prosigue el discurso de sobremesa de Jesús en casa de un fariseo. Ayer hablaba Jesús de la elección de asientos y decía que el banquete de la vida, es decir, en las relaciones con los demás, hay que sabe ocupar el propio puesto con espíritu de humildad y servicio. Hoy trata de la elección de los comensales, diciendo a quienes debe convidar quien le ha invitado a Él: a los pobres, lisiados, cojos y ciegos. En las nuevas relaciones interpersonales que pide el reino de Dios, la ley no puede ser el intercambio interesado. No vale una actitud mercantilista: te invito para que tú me invites, te doy para que tú me des, te ayudo porque espero ser ayudado. 

Oración Universal

Por los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, para que no se dejen comprar por las invitaciones, regalos, donaciones que les hacen algunos ricos para lavar su conciencia, después de haber sido injustos con el pago a sus empleados, y hasta de haber robado a los pobres. Roguemos al Señor.

Por los católicos para que sepan escoger a sus invitados, tomando en cuenta el evangelio de hoy. Roguemos al Señor.    

Exhortación final (Tomado del libro La Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,  autor: Basilio Caballero Pág. 631)

Te bendecimos, Padre, Dios del amor gratuito,

porque en la mesa de tu Reino reservas el primer puesto

para los humildes, los marginados y los desheredados:

son precisamente los últimos en el banquete de la vida.

Allí has puesto la mesa para los pobres de la tierra

sin reparar en condición, raza ni situación social.

Conscientes de tu gratuidad absoluta, te alabamos

porque Cristo, tu Hijo, el primero de los pobres,

sacia a todos y nos enriquece plenamente con su pobreza.

Siguiendo el ejemplo de Jesús, concédenos, Señor,

tener parte con él celebrando la fiesta de tu Reino.

Amén. 

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