Monición de
Entrada
Tú y yo estamos
invitados a despojarnos del hombre viejo y a vivir las
bienaventuranzas. Te invito para que mires a Jesús que
ha salido vencedor y que te decidas a seguir confiado en
su amor.
Monición
a la primera lectura
Colosenses 3, 1–11:
Ustedes han muerto
con Cristo. Den muerte a todo lo malo que hay en
ustedes.
El fundamento de
nuestra vida es Cristo Jesús. Con Él hemos muertos los
poderes del mundo. Si hemos muerto con Cristo, como nos
ensaña san Pablo, es para resucitar con Él a una nueva
vida, a una nueva realidad. Esperando la manifestación
gloriosa del Señro.
Salmo
144: “El
Señor es bueno con todos”.
Monición al
Evangelio Lucas 6, 20-26:
Dichosos los pobres.
– ¡Ay de ustedes, los ricos!.
Escucharemos la
proclamación de las bienaventuranzas, esta vez narrada
por san Lucas. Las bienaventuranzas en boca de Jesús
son proclamación profética de la llegada del reino de
Dios, constituyen una contraseña de identificación
segura del discípulo de Cristo. Nos atrevemos a decir
que son un compendio del Evangelio de Jesús.
Oración
Universal
Oremos,
hermanos, al Padre, por nosotros y por todos los seres
humanos. Nos unimos a la oración diciendo:
Escúchanos, Padre.
- Para que la
Iglesia sea hogar de la misericordia para todos los
seres humanos. roguemos al Señor.
- Para que las
comunidades de religiosos y religiosas sean para todos
un ejemplo de entrega. roguemos al Señor.
- Para que los
que viven hundidos en el mal encuentren una mano amiga
que los ayude a levantarse. roguemos al Señor.
- Para que los
que, movidos por su afán de poder, provocan las
guerras y el hambre en el mundo, se conviertan y
aprendan a amar. roguemos al Señor.
- Para que los
fieles difuntos sean acogidos en la casa del Padre.
roguemos al Señor.
- Para que el
Señor perdone nuestros pecados y nos dé la gracia de
vivir como hijos suyos. roguemos al Señor.
Padre de
misericordia y de bondad: escucha las oraciones de tu
pueblo y concédenos tus dones. Por Jesucristo nuestro
Señor. Amén.
Exhortación
final
(Tomado del
libro La Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a
edición, autor: Basilio Caballero 536)
Gracias, Señor Jesús, porque, proclamándolos dichosos,
devolviste la dignidad, el Reino y la esperanza
a los que el mundo tiene por últimos e infelices:
los pobres y los humildes, los que lloran y sufren,
los que tienen hambre y sed de fidelidad a Dios,
los misericordiosos que saben perdonar a los demás,
los que proceden con un corazón limpio y sincero,
los que fomentan la paz y desechan la violencia,
los perseguidos por servirte a ti y al evangelio.
Tú eres el primero que realizaste este programa,
y tu ejemplo nos anima a seguirte hasta el final.
Tú eres nuestra fuerza. ¡Bendito seas por siempre,
Señor!