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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

XXIII Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Miércoles, 12 de septiembre de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

  Fuente: www.scalando.com

Monición de Entrada

Tú y yo estamos invitados a despojarnos del hombre viejo y a vivir las bienaventuranzas.  Te invito para que mires a Jesús que ha salido vencedor y que te decidas a seguir confiado en su amor.

Monición a la primera lectura Colosenses 3, 1–11: Ustedes han muerto con Cristo. Den muerte a todo lo malo que hay en ustedes.

El fundamento de nuestra vida es Cristo Jesús.  Con Él hemos muertos los poderes del mundo.  Si hemos muerto con Cristo, como nos ensaña san Pablo, es para resucitar con Él a una nueva vida, a una nueva realidad.  Esperando la manifestación gloriosa del Señro. 

Salmo 144: “El Señor es bueno con todos”.

Monición al Evangelio Lucas 6, 20-26: Dichosos los pobres. – ¡Ay de ustedes, los ricos!.

Escucharemos la proclamación de las bienaventuranzas, esta vez narrada por san Lucas.  Las bienaventuranzas en boca de Jesús son proclamación profética de la llegada del reino de Dios, constituyen una contraseña de identificación segura del discípulo de Cristo.  Nos atrevemos a decir que son un compendio del Evangelio de Jesús.

Oración Universal

Oremos, hermanos, al Padre, por nosotros y por todos los seres humanos.  Nos unimos a la oración diciendo: Escúchanos, Padre.

 

  1. Para que la Iglesia sea hogar de la misericordia para todos los seres humanos.  roguemos al Señor.
  2. Para que las comunidades de religiosos y religiosas sean para todos un ejemplo de entrega.  roguemos al Señor.
  3. Para que los que viven hundidos en el mal encuentren una mano amiga que los ayude a levantarse.  roguemos al Señor.
  4. Para que los que, movidos por su afán de poder, provocan las guerras y el hambre en el mundo, se conviertan y aprendan a amar.  roguemos al Señor.
  5. Para que los fieles difuntos sean acogidos en la casa del Padre.  roguemos al Señor.
  6. Para que el Señor perdone nuestros pecados y nos dé la gracia de vivir como hijos suyos.  roguemos al Señor.

 

Padre de misericordia y de bondad: escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos tus dones.  Por Jesucristo nuestro Señor.  Amén.

Exhortación final

(Tomado del libro La Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,  autor: Basilio Caballero 536)

Gracias, Señor Jesús, porque, proclamándolos dichosos,

devolviste la dignidad, el Reino y la esperanza

a los que el mundo tiene por últimos e infelices:

los pobres y los humildes, los que lloran y sufren,

los que tienen hambre y sed de fidelidad a Dios,

los misericordiosos que saben perdonar a los demás,

los que proceden con un corazón limpio y sincero,

los que fomentan la paz y desechan la violencia,

los perseguidos por servirte a ti y al evangelio.

 

Tú eres el primero que realizaste este programa,

y tu ejemplo nos anima a seguirte hasta el final.

Tú eres nuestra fuerza. ¡Bendito seas por siempre, Señor!

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