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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

XX Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Sábado, 25 de agosto de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

  Fuente: www.scalando.com

Monición de Entrada

El Señor nos invita a confiar en su grandeza y, sobre todo, en su amor infinito. Él quiere que utilicemos todos los dones y talentos al servicio de los demás.

Monición a la primera lectura Rut 2, 1-3.8-11; 4, 13-17: Dios te ha dado hoy quien responda por ti. Fue el padre de Jesé, padre de David.

La actitud de Rut ante su suegra le ayudó a tener un trato preferencial ante Booz, puesto que las buenas obras, al igual que las malas, corren veloz por sí solas. Dios siempre dirige la vida de las personas que actúan en justicia y se solidarizan con las tragedias de las personas necesitadas.

Salmo 127, 1-5: Esta es la bendición del hombre que teme al señor. 

Monición al Evangelio Mateo 23, 1-12: No hacen lo que dicen.

La religión es cuestión del corazón, tanto en relación con Dios como con el prójimo, sin embargo, en ocasiones, hay desigualdades, es lo que leemos hoy en este texto, los fariseos y letrados son expertos exigiendo, pero no siempre hacen. 

Oración Universal

Por el Papa, los Obispos, los Sacerdotes, Diáconos, Religiosos y Religiosas para que, siempre estén atentos a ser los primeros en dar testimonio con sus vidas de lo que dicen, oremos. 

Por los pueblos pobres, para que se unan, y se solidaricen mutuamente, de forma que puedan responder con sabiduría a la explotación y saqueo de los países ricos, oremos.

Exhortación final (Tomado del libro La Palabra cada día, Comentario y oración, 3.a edición,  autor: Basilio Caballero 505)

Oh Dios, nuestro Padre y nuestro único Señor,

nosotros somos los que decimos y no hacemos.

Líbranos de la hipocresía y del complejo de superioridad,

porque todos somos hijos tuyos y hermanos en Cristo.

Fortalece con tu gracia a los servidores de tu pueblo,

para que la palabra que anuncian se haga verdad en ellos.

Mantén en la fe a los más débiles y tentados de abandonar.

Haz que nuestro ejemplo evangélico de amor humilde

y de fraternidad sincera robustezca a los vacilantes,

para que, guiados por tu Espíritu, caminemos juntos

con el corazón ensanchado por el camino de tu verdad. 

Amén.


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