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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

XVIII Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Sábado, 11 de agosto de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

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Hoy celebramos el día de Santa Clara, quien nació en Asís el año 1193 e imitó a su conciudadano Francisco, siguiéndolo por el camino de la pobreza, fundó las religiosas llamadas Clarisas. Su vida fue de gran austeridad, pero rica en obras de caridad y de piedad.
 
Primera lectura Deuteronomio 6, 4-13: Escucha Israel: amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón.
 
El texto del libro del Deuteronomio nos habla del primer mandamiento: Escuchar, y, luego, continúa profundizando en torno al gran mandato del amor a Dios que el mismo Jesús califica como el más importante de todos los mandatos de Moisés y de los profetas, es decir, de todo el Antiguo Testamento.
 
Salmo 17, 2-4. 47-51: Yo te amo, Señor; Tú eres mi fortaleza.
 
Evangelio Mateo 17, 14-20: si tuvieran fe, nada les sería imposible. 
 
La función del relato de este Evangelio es instruir sobre la fe a partir de un hecho concreto. El milagro de sanación le sirve a Mateo para encuadrar el tema del poder de la fe. La fe autentica, aunque sea pequeña como un grano de mostaza, participa en el poder de Dios (Romanos 4, 17-21).
 
Oración Universal.
 
Para que el Señor aumente la fe en el Dios de la historia a los líderes de nuestra Iglesia, oremos.
Para que, como Santa Clara, cultivemos en nosotros la importancia de tener obras de caridad, y de vivir una vida austera, oremos.  
Para que creamos fielmente en el Dios que ha salido a nuestro encuentro a través de Jesús, oremos.
Por las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal de personas deseosas de vivir la austeridad y ansiosas de darse más al trabajo pastoral, oremos. 
 
Exhortación final (Tomada de la palabra cada día, comentario y oración, autor: Basilio Caballero, Pág. 480-481).
 
Gracias, Padre, porque en el evangelio
Jesús nos muestra hoy el poder de la fe suplicante.
Nos invaden, Señor, las tinieblas de la incredulidad
y nos atenaza nuestra obsesión de seguridad.
Tenemos miedo a creer y a fiarnos de ti.
Pero no te canses, Señor, de nuestra fe mezquina.
Concédenos siquiera un granito de fe autentica,
para dar paso a tus maravillas en nuestra vida.
Haz, Señor, que tu amor despierte nuestra fe
y concédele la calidad y hondura que tu quieres,
¡Señor, creemos, pero aumenta nuestra fe!
 
Amén.

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