Monición de
Entrada
Lo esencial de las
lecturas de hoy es el amor y la justicia. Debemos
reflexionar sobre el trato que damos a los inmigrantes y
hasta que punto somos justos con nuestros empleados, sin
importar el estatus o la posición del empleado,
entiéndase inmigrantes o nativos.
Primera
lectura Deuteronomio 10,
12-22: circunciden su corazón. Amarán al forastero,
porque forastero fueron.
Este texto recuerda
las exigencias del Señor al pueblo por el pacto hecho en
la Alianza. Esos compromisos son: honrar al Señor y sólo
a Él; seguir sólo por el camino que Él nos ha trazado;
amarlo de todo corazón; servirle sólo a Él. En la misma
línea de los compromisos, Israel es exhortado a que
circuncide su corazón, a reconocer la grandeza e
imparcialidad de Dios que es el único justo, que se
ocupa personalmente de los más pobres entre los pobres;
del huérfano, la viuda y el inmigrante.
Salmo
147, 12-15. 19-20
Evangelio
Mateo
17, 22-27: el impuesto del templo
En tiempos de Jesús
pagaban los impuestos los súbditos, no los hijos del rey.
Jesús, Hijo de Dios, no debió pagar los impuestos, sin
embargo, para contrarrestar la ley injusta por su
naturaleza de explotación y poco generalizada, se
solidariza con los pobres, ordenando a Simón que los
pague.
Oración
Universal
Para que nuestra
Iglesia se empeñe en promover los valores de justicia y
solidaridad, oremos.
Por los gobernantes,
para que los impuestos que cobran al pueblo los
devuelvan en bienestar y servicios eficientes, oremos.
Para que en nuestra
Iglesia continúen surgiendo hombres y mujeres con deseos
genuinos de promover los valores del reino,
contrarrestando las injusticias sociales y la corrupción,
oremos.
Exhortación
final
(Tomada de la
palabra cada día, comentario y oración, autor: Basilio
Caballero, Pág. 483).
Te
bendecimos, Padre, por Jesucristo,
que nos rescató de a muerte y nos hizo hijos tuyos,
libres en el Espíritu para amarte y amar a los demás;
porque amor es el impuesto que tú pones a tus hijos.
Somos, Señor, el pueblo que nació de la pascua,
de
la muerte y resurrección gloriosa de Jesús.
Como de Cristo, haz de nosotros tu templo santo
y
de nuestra vida el culto espiritual que te agrada.
Cristo nos ha redimido para vivir en libertad;
mantennos firmes,
Señor, para que no nos sometamos
de nuevo al duro
yugo de la esclavitud del pecado.
Amén.