Monición de
Entrada
Estimados
hermanos y hermanas, muy buenos días (tarde, noche), las
lecturas del día de hoy nos invitan a reconocer que hay
hambre, hambre de justicia, de paz, de Dios. Ante tal
situación es necesario que cada día surjan trabajadores
incansables por la construcción del Reino del Señor
desde ya, en el ahora. Pensando en la importancia de las
vocaciones en nuestra Iglesia y orando por ellas nos
ponemos de pies para iniciar con el canto nuestra
celebración.
Primera lectura
G
énesis
41, 55-57; 42,5-7.17-24a (Estamos pagando el delito
contra nuestro hermano)
La noticia de
que el hambre y la carestía estaban por todas partes,
mencionadas en la lectura que escucharemos del libro del
Génesis, nos prepara para el arribo de los hermanos de
José a Egipto; con esos medios tan simples y cotidianos
Dios va ejerciendo su acción en la historia humana.
Escuchemos.
Salmo
32, 2-3. 10-11.18-19 (Que tu misericordia Señor, venga
sobre nosotros, como lo esperamos de ti).
Evangelio
Mateo
10,1-7 (Misión de los Doce).
Con el evangelio
de hoy
se
inicia el discurso apostólico apostólico de Jesús. Mateo
da la lista de los Doce apóstoles en la introducción a
este discurso misionero de Jesús, en el acto de su
primer envío por Cristo a la evangelización. Después de
mencionar a los Doce, el texto de hoy inicia el discurso
misionero de Jesús con dos consignas concretas: ir a las
ovejas descarriadas de Israel y proclamar que el reino
de los cielos está cerca. Nos ponemos de pies para
escuchar esta gran noticia.
Oración Universal.
A las peticiones responderemos,
escúchanos Señor.
Por el Papa, los
Obispos, los sacerdotes, los religiosos y religiosas,
por los laicos, para que sea testigo con sus palabras
y su estilo de vida demuestren que el Reino
verdaderamente esta en medio de nosotros, oremos.
Por los
gobernantes, para que sean prudentes con los bienes del
Estado, oremos.
Por las
vocaciones al servicio dentro de la Iglesia, oremos.
Exhortación final
(Tomada de la palabra cada día, comentario y oración,
autor: Basilio Caballero, Pág. 426).
Te bendecimos,
Dios de los apóstoles y profetas,
Por tu enviado
Jesucristo, que anunció el Reino
y fundó su
Iglesia sobre las columnas de los apóstoles.
Tú nos llamaste
a formar un pueblo compacto
que te sirva en
la unidad, la verdad y la santidad.
Te damos gracias
por la fe recibida de nuestros mayores
a través de una
larga cadena de testigos y creyentes.
No permitas que
la antorcha se apague en nuestras manos,
sino que
transmitamos su llama a las nuevas generaciones.
Haz Señor, de tu
Iglesia un hogar de amor y esperanza
Para un mundo
que camina en tinieblas buscando tu luz.