Monición de entrada
Nuestra
Iglesia nos propone para hoy la memoria de
san Antonio, abad. Este ilustre padre del
monaquismo nació en Egipto hacia el año 250.
Cuando murieron sus padres, Antonio tenía
unos dieciocho o veinte años, y quedó él
solo con su única hermana, pequeña aún,
teniendo que encargarse de la casa y del
cuidado de su hermana. Habían transcurrido
apenas seis meses de la muerte de sus
padres, cuando un día en que se dirigía,
según costumbre, a la Iglesia , iba pensando
en su interior cómo los apóstoles lo habían
dejado todo para seguir al salvador, y cómo,
según narran los hechos de los apóstoles,
muchos vendían sus posesiones y ponían el
dinero de la venta a los pies de los
apóstoles para que lo repartieran entre los
pobres; imbuido de estos pensamientos, entró
en la Iglesia , y dio la casualidad de que
en aquel momento estaban leyendo aquellas
palabras del Señor en el Evangelio: si
quieres ser perfecto, ve a vender lo que
tienes, dalo a los pobres, y tendrás un
tesoro en el cielo; luego ven y sígueme.
Entonces Antonio salio en seguida de la
Iglesia e hizo donación a los aldeanos de
las posesiones heredadas de sus padres.
Monición
a la primera lectura
1 Samuel 4, 1-11.
Este
texto nos presenta dos batallas entre
Filisteos e Israelíes. El arca de la Alianza
es la figura central de la narración. Hablar
del Arca es una manera de aludir a la
presencia de Dios en medio de Israel, pero
parece que no siempre el Arca está
acompañada de esa presencia divina.
Precisamente en este pasaje queda consignado
cómo Israel fracasa dos veces en la guerra
contra los filisteos, una vez porque sale a
la batalla sin ella, y la segunda, aunque ha
recurrido a ella y la llevan a la guerra, la
presencia de Dios sin embargo, no está ahí.
Es bueno que sepamos que lo presentado en el
trozo de esta lectura no se trata de una
ausencia real de Dios, es más bien la manera
como el narrador quiere enseñar que cuando
el pueblo se aparta de su Dios,
necesariamente sus empresas van al fracaso.
Salmo del salmo 43,
10-11.14-15.24-25: Redímenos, Señor, por tu
misericordia.
Monición al Evangelio
Marcos 1, 40-45.
Un
leproso se acerca a Jesús y suplicándole de
rodillas le dice que si quiere puede
limpiarlo. Jesús sintió compasión por la
condición de enfermedad de aquel hombre, lo
tocó y quedó sano; Jesús no le preguntó
nada; solo vio que era un pobre hombre
sentenciado a vivir en soledad y apartado de
todos, por una enfermedad superficial en la
piel.
Oración Universal
Por la
Iglesia , por el Papa y los obispos, por las
comunidades de cristianos en todo el mundo.
Oremos.
Por los
movimientos y grupos de jóvenes cristianos.
Oremos.
Por
todas las naciones, por sus go0bernantes y
políticos, por los que de distintos modos
trabajan por la justicia, la libertad y la
paz. Oremos.
Por los
pobres, por los enfermos, por los que más
sufren las consecuencias de la crisis
económica, de la violencia, de la injusticia.
Oremos.
Por
todos los difuntos, conocidos y desconocidos.
Oremos.
Por la
verdadera amistad de los cristianos. Oremos.