La esperanza de
cada cristiano está en la conciencia que tenemos al
reconocer que el Señor es nuestra luz y nuestra
salvación. Ante las injusticias, la opresión, y la
persecución, Dios viene a instaurar el reino de la
justicia y de la santidad donde los ciegos verán, y los
sordos oirán. En las lecturas de hoy hay una gran
conexión, en la primera el profeta Isaías nos dice que
aquel día los ciegos verán, y los sordos oirán. Ese día
mesiánico se hace presente en el evangelio con la
persona de Jesús.
Monición
a la primera lectura Isaias 29,
17-24.
El profeta Isaías
anuncia que con la llegada del Dios encarnado oirán los
sordos, y verán los ciegos. El reino que viene a
instaurar Dios es el reino de la justicia y de la
santidad. Con el triunfo del Mesías solo existirá el
bienestar.
Salmo
del salmo 26, 1.4.13-14: El Señor es mi
luz y mi salvación.
Monición al
Evangelio Mateo, 9, 27-31.
El evangelio de hoy
resalta dos elementos muy importantes en nuestro caminar
cristiano, por una parte está la fe de los dos ciegos,
y el mudo, en ambos casos Jesús se compadece de ellos y
les cura. La fe es precisamente el tema del dialogo que
Jesús mantiene con los ciegos, la pregunta que hace
Jesús hace a los ciegos es clave, ¿creen que puedo
hacerlo?, dice Jesús.
Oración
Universal
Por el papa, los
obispos, los sacerdotes, los encargados de dirigir
movimientos dentro de nuestra Iglesia, para que
promuevan la importancia de la liberación, en un
ambiente de dialogo e igualdad. Roguemos al Señor.
Por nuestros
gobernantes, para que el anuncio de Isaías cale
hondamente en sus corazones, y descubran que, si se han
portado mal con su pueblo, se acerca el final de su
tiempo, y para que el pueblo les pague votando o dejando
de votar de acuerdo a lo que han recibido. Roguemos al
Señor.
Por una mayor
promoción y conciencia cristiana de la esperanza en
nuestra Iglesia. Roguemos al Señor.
Exhortación
final
(Tomada de B. Caballero. La Palabra cada día, San
Pablo, Madrid, España, 1990, 3ra. Edición, p. 19)
Te bendecimos, Padre, por el corazón de Cristo,
Que supo compadecerse de los dos ciegos del camino,
Imagen viva de la humanidad necesitada de tu luz.
Hacemos nuestros sus gritos de fe y de súplica:
Nos invaden, Señor, las tinieblas de la increencia
Y nos atenazan nuestras ruinas y supuestas seguridades.
Haz, Señor, que tu amor cure nuestra innata ceguera,
Despertando nuestra fe dormida, para poder verlo todo
Con los ojos que nos das: los criterios de Jesús.
Cólmanos de alegría y paz en este tiempo de Adviento,
Que es oportunidad de conversión a ti y los hermanos.