Hoy hacemos memoria
de san Francisco Javier, un gran misionero nacido en
España el año 1506, quien se unió a san Ignacio.
Francisco Javier se dedicó a obras de caridad. Y durante
diez años evangelizó india y el Japón. Que la vida de
Francisco Javier nos ilumine para que seamos más
caritativos, no solo para dar, sino también para ser
cuidadosos y respetuosos con los comentarios que hacemos
de nuestros hermanos.
Monición
a la primera lectura Isaias 4,
2-6.
La primera lectura
de hoy es de estas que nos abruman por su narración.
Claro, si nos limitamos a verla desde nuestra realidad
actual, sin tomar en cuenta el contexto histórico, como
suelen hacerlo algunas iglesias. En realidad el profeta
Isaías narra una situación catastrófica, con esto
pretende alertar al pueblo de Israel, el cual debe pasar
por esta realidad como castigo purificatorio por haber
sido infiel.
Salmo
del salmo 121, 1-9: Vamos alegres a la
casa del Señor.
Monición al
Evangelio Mateo 8, 5-11.
En el trozo del
evangelio, correspondiente al día de hoy, se resalta la
importancia de la fe para que Jesús actúe. El centurión
que tiene un criado en cama, paralítico, nos das muestra
de lo que es una verdadera fe. Solo así se hace posible
el milagro de Jesús.
Oración
Universal
Por el papa, los obispos, sacerdotes,
diáconos, religiosos y religiosas, para con su fe,
mostrada en lo que hacen y dicen, ayuden a los
feligreses a profundizar su creencia en Jesús. Roguemos
al Señor.
Por los gobernantes, para que se dejen
guiar por las señales de los más pobres del pueblo
frente a su gabinete. Roguemos al Señor.
Por el aumento en nuestra Iglesia de una
fe en Jesús. Roguemos al Señor.
Exhortación
final
(Tomada de B. Caballero. La Palabra cada día, San Pablo,
Madrid, España, 1990, 3ra. Edición, p. 11)
Te
bendecimos, Padre nuestro, Dios de la promesa,
Dios de la esperanza, por este tiempo de gracia.
Estábamos hundidos en nuestra pequeñez mezquina
pero hoy levantamos los ojos hacia tu aurora.
Hoy
es el día de tu visita, tiempo de tu misericordia.
Gracias, Señor, porque nos invitas a la mesa de tu
Reino.
Haz
que te respondamos con fe vigilante y amor despierto,
con
esperanza gozosa, con disponibilidad plena.
Subiremos con alegría a la casa de nuestro Dios,
Porque tú eres quien da sentido a nuestra vida,
fuerza a nuestra flaqueza y juventud a nuestros años.
Prepáranos tú mismo para tu gran venida. Amén.