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Misioneros Redentoristas de la Provincia de San Juan

I Semana de Adviento - Ciclo A

Lunes, 3 de diciembre de 2007
Autor: Máximo de los Santos Otaño, C.Ss.R.

  Fuente: www.scalando.com

Monición de entrada

Hoy hacemos memoria de san Francisco Javier, un gran misionero nacido en España el año 1506, quien se unió a san Ignacio. Francisco Javier se dedicó a obras de caridad. Y durante diez años evangelizó  india y el Japón. Que la vida de Francisco Javier nos ilumine para que seamos más caritativos, no solo para dar, sino también para ser cuidadosos y respetuosos con los comentarios que hacemos de nuestros hermanos.

Monición a la primera lectura Isaias 4, 2-6.

La primera lectura de hoy es de estas que nos abruman por su narración. Claro, si nos limitamos a verla desde nuestra realidad actual, sin tomar en cuenta el contexto histórico, como suelen hacerlo algunas iglesias. En realidad el profeta Isaías narra una situación catastrófica, con esto pretende alertar al pueblo de Israel, el cual debe pasar por esta realidad como castigo purificatorio por haber sido infiel.     

Salmo del salmo 121, 1-9: Vamos alegres a la casa del Señor.

Monición al Evangelio Mateo 8, 5-11.

En el trozo del evangelio, correspondiente al día de hoy, se resalta la importancia de la fe para que Jesús actúe. El centurión que tiene un criado en cama, paralítico, nos das muestra de lo que es una verdadera fe. Solo así se hace posible el milagro de Jesús.   

Oración Universal

Por el papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, para con su fe, mostrada en lo que hacen y dicen, ayuden a los feligreses a profundizar su creencia en Jesús. Roguemos al Señor. 

Por los gobernantes, para que se dejen guiar por las señales de los más pobres del pueblo frente a su gabinete. Roguemos al Señor.

Por el aumento en nuestra Iglesia de una fe en Jesús. Roguemos al Señor.  

Exhortación final

(Tomada de B. Caballero.  La Palabra cada día, San Pablo, Madrid, España, 1990, 3ra. Edición, p. 11)

Te bendecimos, Padre nuestro, Dios de la promesa,

Dios de la esperanza, por este tiempo de gracia.

Estábamos hundidos en nuestra pequeñez mezquina

pero hoy levantamos los ojos hacia tu aurora.

Hoy es el día de tu visita, tiempo de tu misericordia.

Gracias, Señor, porque nos invitas a la mesa de tu Reino.

Haz que te respondamos con fe vigilante y amor despierto,

con esperanza gozosa, con disponibilidad plena.

Subiremos con alegría a la casa de nuestro Dios,

Porque tú eres quien da sentido a nuestra vida,

fuerza a nuestra flaqueza  y juventud a nuestros años.

Prepáranos tú mismo para tu gran venida.  Amén.


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