1ra
lect.: Sof 3,14-18ª Sal Is 12,2-6.
2da lect.: Flp 4,4-7 Evangelio: Lc 3,10-18
Monición de entrada

Buenas noches, días (tardes) hermanos en
Cristo. El mundo va en busca de la alegría, pero no
todos la alcanzan de igual manera. A muchas personas les
resulta muy difícil creer que el cristianismo es fuente
de alegría. La liturgia de hoy nos exhorta a estar
alegres. Porque el Señor está cerca. Ya viene.
Expresemos nuestra alegría cristiana celebrando con
júbilo ésta eucaristía. De pie, por favor, para recibir
a los ministros cantando con esperanza y alegría.
Primera
lectura:
Sof. 3,
14-18ª (el Señor se alegrará en ti)
El canto jubiloso del profeta
Sofonías, anuncia la restauración de Jerusalén. El
profeta ve a Jerusalén libre de su condenación.
Escuchemos.
Segunda
lectura:
Fil.4,
4-7 (Estén siempre alegres en el Señor; Él está cerca)
La exhortación de San Pablo a los
filipenses, nos permite continuar celebrando una
liturgia alegre. El cristiano vive la alegría de un
mundo nuevo. La certeza de la venida del Señor debe
quitarnos toda inquietud.
Presten atención.
Tercera
lectura:
Lc.
3.10
-18 (¿Qué hemos de hacer?)
San Lucas, nos trasmite las normas de
conducta que San Juan Bautista presentaba para recibir
la inmensa alegría del perdón y las promesas mesiánicas.
Para encontrarse con Jesús no hace falta huir del
trabajo, ni de la vida diaria. La alegría cristiana
consiste en compartir con el prójimo lo que hemos
recibido de Dios. De Pie por favor, para escuchar la
Buena Nueva, pero antes entonemos el Aleluya.
Oración Universal
Por nuestra Santa Madre Iglesia, para
que siempre manifestemos la alegría de los hijos de
Dios, Roguemos al Señor.
Por los que gobiernan las naciones, para
que cada uno sepa descubrir y ponga en práctica la parte
que le corresponde en la construcción de un mundo mejor,
Roguemos al Señor.
Por Puerto Rico y sus habitantes, para
que este Adviento sea tiempo de gracia, de paz y de
tranquilidad, Roguemos al Señor.
Por los enfermos y ancianos,
especialmente los de nuestras familias y los de la
parroquia, para que su enfermedad sea oportunidad para
crecer en la fe, esperanza y amor de Dios, Roguemos
al Señor.
Por un aumento en las vocaciones en
la vida sacerdotal y religiosa,
Roguemos al Señor.
Por nosotros
aquí reunidos en esta celebración eucarística, para que
vivamos nuestro cristianismo con alegría, no sólo en
nuestro corazón, sino también en nuestros hogares y
comunidad, Roguemos al Señor.
Exhortación
final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San
Pablo, España, 1993, p. 420)
Hoy, Señor, te bendice a boca llena el canto gozoso
De nuestros corazones convertidos a tu amor y tu
justicia.
Éramos tierra yerma y erial calcinado por el egoísmo,
Pero tú eres capaz de hacer florecer el desierto.
Una aurora de paz despierta la raya de nuestro
horizonte,
Y la alegría es nuestro lote en la herencia del Señor.
Enséñanos a vivir en tu presencia y alabarte siempre
Con el corazón alegre por tu amorosa gratuidad de Padre,
Porque todo es presencia y gracia, ternura y cariño
tuyo.
Conviértenos, Señor, a la alegría, el amor y la
justicia;
Y regenerados por ti, manténnos en la fidelidad.
Amén.