-1ra
lect.:
Hch
14,20-26
-Sal
144
-2da
lect.: Ap 21,1-5a
-Evangelio:
Jn 13,31-35
Monición de Entrada
Hermanos en Cristo, muy buenos días,
(tardes, noches): Estamos celebrando el
quinto domingo de Pascua, tiempo de alegría en el Señor.
Nuestro gozo ha empezado aquí, pero Cristo, nos revela que
habrá una nueva creación al fin del mundo. Mientras, tenemos
que continuar la misión de Cristo aquí en la tierra, amándonos
unos a otros. Unidos con Cristo roguemos por una unión más
profunda entre nosotros al empezar esta eucaristía. De pie,
por favor, para recibir la procesión con el cántico de entrada.
Primera lectura: Hc 14,
21b-27 (Pablo y Bernabé vuelven de su primera misión)
Escucharemos el relato de la primera misión de
Pablo y Bernabé. Ellos regresaron a su gente exhortándolos a
perseverar en la fe y subrayando las tribulaciones que vendrán.
Pero sobre todo, ellos contaron lo que Dios había hecho por medio de
ellos y que es importante en la vida de la comunidad. Escuchemos.
Segunda lectura:
Ap. 21, 1-5a
(Dios enjugará las lágrimas de sus ojos)
En el libro del Apocalipsis, san Juan ve un cielo
nuevo y una nueva tierra, que es la Iglesia triunfante. Ese triunfo
comienza en la tierra. Dios convive con nosotros y espera el fin de
nuestra noche en la tierra para llenarnos de alegría. Si
participamos, si sentimos y vivimos con la Iglesia aquí, gozaremos
en el cielo. Presten mucha atención a esta
revelación.
Tercera lectura: Jn 13,
31-35 (Les doy un mandamiento: que se amen)
El evangelio de hoy es parte del discurso de
despedida del Señor en la última Cena. Cristo fue glorificado a
través de su pasión y muerte, lo mismo va a pasar con su Iglesia.
Cristo nos da un nuevo mandamiento, el amor mutuo.
Puestos de pie, entonamos el Aleluya y escuchamos la Buena Nueva.
Oración Universal
- Por nuestra la Iglesia, para
que continúe practicando la caridad con los más necesitados.
Roguemos al Señor.
- Por los misioneros, para que
no sientan temor de predicar públicamente el nombre de Jesús.
Roguemos al Señor.
- Por los que abandonaron la
Iglesia, para que experimenten el amor de Cristo y de sus hermanos
y regresen al redil. Roguemos al Señor.
- Por el amor, la
comprensión, el diálogo y la caridad entre los jóvenes y los
adultos, entre maestros y alumnos, para que nos amemos todos como
quiere Dios. Roguemos al Señor.
- Por nuestra diócesis,
para que surjan las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal.
Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros aquí
reunidos alrededor del altar y en el amor de Cristo, para que
crezcamos en su amor, especialmente en nuestros hogares.
Roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España,
1995, p. 483)
Señor Jesús, que al despedirte de tus discípulos dijiste:
“Ámense como yo los he amado; así los reconocerán como de los míos”
,
perdona nuestra falta de seriedad. Te dejamos mal muchas veces,
porque no nos amamos unos a otros como tú mandaste en la cena.
Después de tantos años de cristianismo todavía no hemos aprendido
la
lección. Suspenso anual durante siglos y siglos.
Cambia, Señor, nuestro corazón de piedra por otro de carne.
Transvasa tu Espíritu de amor a nuestro interior anquilosado.
Y
cuando hayamos desterrado por completo de nuestro estilo
el
egoísmo, la soberbia, el desdén, la frialdad y la revancha,
entonces los demás nos reconocerán como tus discípulos.
Amén.