Monición de Entrada
Buenos,
días, (tardes, noches). Nuestra oración es habitualmente interesada.
Pensamos más en pedir que en adorar. En este domingo, la liturgia
nos habla de la fe que todo lo puede y nada espera a cambio. Algunos
cristianos se desaniman cuando sus peticiones no son contestadas
inmediatamente por Dios. La Palabra Sagrada nos enseña hoy que la fe
es un don gratuito de Dios. Sólo necesitamos ser fieles. De pie para
recibir la procesión con el cántico de entrada.
Primera lectura:
Baruc 1, 1.2-3; 2, 2-4 (El justo vivirá por su fe)
Nos
encontramos entre el año 605 y el año 597 antes de Cristo. La opresión
política parecía que no tenía solución. El profeta dirige su queja a
Dios por las injusticias que sufre el pueblo. Yavé responde a la queja.
Él salvará a su pueblo, pero mientras tanto necesitan ser fieles a Dios.
Oigamos.
Segunda lectura: II Timoteo
1, 6.8. 13-14 (No tengas miedo de dar la cara por Cristo)
Hoy los consejos de san Pablo a su discípulo
Timoteo se dirigen también a nosotros. Nosotros hemos recibido los dones
del Espíritu Santo para el bien de la comunidad. Con nuestra vida y
palabras debemos luchar por la "pureza de la fe". Presten mucha atención.
Tercera lectura: Lucas 17,
5-10 (Si tuvieran fe como un granito de mostaza…)
La fe es un don
completamente gratuito. Por eso hay que pedirla, como los apóstoles, y
actuar conforme a esa fe. Cantemos el Aleluya. De
pie, por favor.
Oración Universal:
1.
Por la Iglesia: para que, fiel a su Maestro,
aparezca ante el mundo como sal de la tierra y luz que alumbra en las
tinieblas. Oremos.
- Por la paz del mundo: para
que se alejen de los pueblos el hambre, las calamidades y las
guerras. Oremos.
- Por todos los seres humanos
del mundo que padecen hambre o enfermedades, por los emigrantes, los
desterrados, por los privados de libertad y todos los que sufren.
Oremos.
- Por nosotros mismos: para que
nuestras vidas se vayan transformando en testimonio transparente del
amor de Dios. Oremos.
Exhortación Final
(Tomado de B.
Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 581)
Gracias, Señor, Jesús, porque en el Evangelio de hoy
nos
muestras el poder incontenible de la fe auténtica.
Dios
uno y trino es el interlocutor con quien hablamos y en quien
creemos; y tú, Jesús, nuestro modelo en ese diálogo de la fe.
Concédenos, Señor, siquiera un granito de fe verdadera
para
dar paso a tus maravillas en nuestras vidas pequeñas,
para
tener luz y fuerza, optimismo y alegría, decisión y valentía
para
creer de verdad en estos tiempos difíciles que vivimos.
Haz,
Señor, que tu ternura providente despierte nuestra fe
dormida, y concédele la calidad y el empuje que tú quieres
¡Señor, creemos; pero aumenta más y más nuestra fe!
Amén.