Monición de Entrada
Buenos, días, (tardes, noches). Nos hemos
congregado hoy como pueblo de Dios, día del Señor, para escuchar la
Palabra de Dios y participar en la Eucaristía. Dios nos llama a
examinar nuestra actitud sobre los bienes materiales. Si el
cristiano no comparte sus bienes con los necesitados, no es
auténtico cristiano. Es duro el evangelio cuando habla de la suerte
del rico y del pobre. A veces, la mesa llena, el vestido púrpura y
los muchos dividendos impiden la conversión. Pero lo que parece
imposible a los ojos de los seres humanos, no es imposible ante
Dios. De pie, para cantar, dando inicio a nuestra celebración.
Primera lectura:
Amós 6, 1ª.4-7 (Se acabó la orgía de los disolutos)
El
profeta Amós continúa atacando las injusticias de su pueblo. Amós no
puede soportar el lujo de los ricos porque es un insulto a la situación
de miseria que viven los pobres. El profeta condena la falsa seguridad
de los ricos y les anuncia el castigo próximo. Escuchen atentos.
Segunda lectura: I Timoteo
6, 11-16 (Guarda el mandamiento hasta la venida del Señor)
San Pablo expone, en la segunda lectura, las
virtudes que debe poseer el servidor ideal. Las pautas de conducta que
señala San Pablo son aplicables a nosotros hoy, aquí y ahora. Y en
estos momentos históricos, tienen mayor vigencia. Pongan atención.
Tercera lectura: Lucas 16,
19-21 (Parábola del rico Epolón y el pobre Lázaro)
El
Evangelio de hoy nos trae la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro.
Los ricos parecen incapaces de recibir los bienes del Reino porque están
apegados a las cosas materiales. Los pobres muchas veces aparecen más
abiertos a Dios, porque escuchan su palabra y esperan la ayuda divina.
De pie, por favor, cantemos
el Aleluya.
Oración Universal:
1.
Por la Iglesia de Dios: para que anuncie sin cesar el Evangelio
de salvación a los seres humanos y sea congregada en la unidad.
Roguemos al Señor.
2.
Por todos los pueblos del mundo: para que disfruten de paz y
aumenten los lazos de unión y concordia. Roguemos al Señor.
3.
Por los más pobres y más necesitados: para que descubran que la
Buena Nueva de Cristo va dirigida especialmente a ellos, y la acepten
con alegría de corazón. Roguemos al Señor.
4.
Por nosotros, nuestros familiares y conocidos: para que sepamos
ser los servidores de los demás y consigamos un corazón humilde y
sencillo. Roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B.
Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 578)
Te
bendecimos, Señor, porque escuchas el clamor del pobre,
liberas al oprimido y sustenta al huérfano y a la viuda.
Tú
derribas del trono al poderoso y enalteces al humilde;
al
hambriento lo colmas de bienes y al rico lo despides vacío.
Cuando
nuestro corazón se cierre ignorando al necesitado,
abre,
Señor, nuestros ojos para que te veamos a ti en él;
cuando
el pobre tienda su mano hacia nosotros para pedirnos,
abre
nuestro corazón al gozo de compartir lo nuestro con él.
Ayúdanos, Señor, a romper la malla del egoísmo acaparador,
Liberándonos del afán de poseer y tener, gastar y consumir,
Para
que no nos habituemos nunca a las desigualdades.
Amén.