Monición de Entrada
Muy buenas noches (días,
tardes), hermanas y hermanos, Estamos
celebrando el vigésimo tercer domingo del ciclo litúrgico a través
del año. Cristo, como los profetas, nos invita a seguirle. Su camino
hacia Jerusalén fue camino hacia su muerte. Nuestro camino no es
fácil. Para seguir a Cristo el único camino hacia la libertad
perfecta es la Cruz. Respondamos a Cristo con todo nuestro corazón.
Pónganse de pie, para que empecemos esta eucaristía cantando todos a
una voz el canto de entrada.
Primera lectura:
I Reyes 19, 16b.19-21 (El profeta Elías llama a Eliseo)
La
vocación de Eliseo es semejante a cualquier llamada de Dios. Eliseo
respondió a su vocación y continuó la misión de Elías. Escuchemos.
Segunda lectura: Gálatas 5,
1.13-18 (Su vocación es la libertad)
Cristo nos ha liberado. La libertad se
expresa y alcanza su plenitud en el amor, es la disponibilidad para la
gracia de Dios que supera la ley. El pecado esclaviza; la gracia nos
hace libres para amar. Pongan atención a san Pablo en su carta a los
Gálatas.
Tercera lectura: Lucas 9,
51-62 (Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén)
Los que
quieran seguir a Cristo, tal como lo propone el evangelio de hoy, tienen
que desprenderse de bienes materiales, romper las ataduras con el
pasado, incluyendo lo que más amamos, en caso que esto fuese obstáculo.
Sólo así estaremos disponibles y seremos libres para anunciar el Reino
de Dios. De pie, por favor, para entonar el Aleluya.
Oración Universal:
Por
la iglesia, para que sea fiel a Cristo y a su Evangelio. Roguemos al
Señor.
Por
todos los misioneros y por todos los evangelizadores que sufren por el
Reino de Dios, para que reciban el consuelo y el premio de Dios.
Roguemos al Señor.
Por
los que gobiernan las naciones, para que respeten la libertad de los
Hijos de Dios. Roguemos al Señor.
Por
los jóvenes, para que respondan con generosidad a la llamada del Señor a
servir a la iglesia como sacerdotes y religiosos. Roguemos al
Señor.
Por cada
uno de nosotros y por nuestras intenciones (una pausa), para que nos
sintamos animados a caminar siempre con Cristo en este mundo.
Roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B.
Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 539)
Con la alegría
que tu Espíritu infunde en nuestros corazones
te alabamos a
boca llena, Padre nuestro, porque nos llamaste
a la libertad
y a la confianza que nos da tu amor, mediante
la comunión de
destino con Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.
Concédenos tú,
Señor Jesús, hambre y sed de fidelidad
para seguirte
resueltamente y caminar fielmente a tu lado
win perder el
paso, hasta la meta final de la pascua eterna.
Para eso,
fortalécenos con tu Espíritu y purifícanos con su fuego
que consuma
nuestra escoria, nuestros miedos, nuestros egoísmos.
Haznos, Señor,
testigos de tu evangelio en un mundo difícil
que sufre
vacío de espíritu de amor y de esperanza.
Amén.