-1ra
lect.:
Jr 17, 5-8
-Sal
1
-2da
lect.: 1Cor 15,12.16-20
-Evangelio:
Lc 6,17.20-26
Monición de
entrada
Nuestra sociedad confía demasiado en
las cosas materiales y en la comodidad. En nuestros
tiempos las personas del mundo se esfuerzan por sacar a
Dios, su presencia e influencia de la vida pública y la
cultura. Se trata de quitarle el lugar a Dios y dárselo
a la materia, a las cosas, al dinero. Los creyentes,
hijos de esta sociedad, podemos caer en la tentación de
dejarnos llevar por la corriente, y sacar a Dios del
centro de nuestras vidas. Pongamos todos nuestros
sentidos a esta celebración. De pie para recibir la
procesión con el cántico de entrada.
Primera
lectura: Jeremías 17, 5-8 (Bendito quien confía en el
Señor)
Jeremías medita las máximas
de los sabios de su pueblo Israel. Los jefes están
confiados en su pacto con potencias humanas, pero
fracasan por no apoyarse en la alianza con su Dios. El
ser humano siempre tiene ante sí ese dilema: seguir el
bien u obrar el mal. Es una tentación que hay que
vencer. Confiar en las fuerzas humanas, solamente, está
encaminado al fracaso. Escuchen atentos.
Segunda
lectura: I Corintios 15, 12. 16-20 (Si Cristo no
resucitó, vana es nuestra fe)
San Pablo advierte que negar la
resurrección de los muertos es negar la Resurrección de
Cristo. En la resurrección se basa toda nuestra fe. Sin
resurrección nada tiene sentido. Cristo fue el primero
de todos. Como Él resucitó resucitaremos también
nosotros. Presten atención.
Tercera
lectura: Lc. 6, 17. 20-26 (Bienaventuranzas e
imprecaciones)
San Lucas nos presenta hoy cuatro
bienaventuranzas y cuatro maldiciones o malaventuranzas.
Las bienaventuranzas que Jesús proclama exponen el
espíritu del Reino de Dios. Nuestra actitud ante las
cosas del mundo nos da la medida de nuestra creencia en
Dios y en su Palabra. De pie por favor, entonamos el
Aleluya y luego escucharemos la proclamación de la Buena
Nueva de hoy.
Oración
Universal:
Por la Iglesia; para que acierte en
dar a sus bienes un destino pastoral y social,
roguemos al Señor.
Por los que acumulan riqueza,
insensibles al mundo de la pobreza; para que al menos
sepan que los pobres están a la puerta y aguardan las
migajas de su banquete, roguemos al Señor.
Por los pobres, los que pasan hambre,
los que lloran, los despreciados; para que puedan
entender las bienaventuranzas, roguemos al Señor.
Por los que dedican su vida a los
necesitados; para que su dicha sea comprendida y su
abnegación sirva de estímulo, roguemos al Señor.
Por nosotros, aquí reunidos; para que
no caigamos en la tentación de confiar en el dinero,
como supremo valor, roguemos al Señor.
Exhortación
Final
(Tomado de
B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo,
España, 1993, p. 518)
Gracias, Señor
Jesús, porque, proclamándolos dichosos,
Asignas el reino
de Dios y devuelves la dignidad y la esperanza
A todos los que
el mundo tiene por últimos e infelices:
Los pobres y los
humildes, los que lloran y los que sufren,
los que tienen
hambre y sed inagotables de fidelidad a Dios,
los
misericordiosos que saben perdonar a quienes les
ofenden,
los que proceden
con un corazón limpio, noble y sincero,
los que fomentan
la paz en torno y desechan la violencia,
los que son
perseguidos por servir a Dios y al evangelio.
Tú fuiste, Señor
Jesús, el primero en realizar tal programa.
Tú eres nuestro
ejemplo y nuestra fuerza. ¡Bendito seas, Señor!
Amén.