-1ra
lect.:
Is 6, 1-8
-Sal
137
- 2da
lect.: 1 Cor 15, 1-11
-Evangelio:
Lc 5, 1-11
Monición de
entrada
La liturgia del domingo pasado nos
refería la vocación del Profeta Jeremías. Las lecturas
de esta celebración, quinto domingo del tiempo
ordinario, nos presentan otra vocación y sus respuestas
generosas a la invitación de Dios. La Iglesia necesita
que cada uno de nosotros cumpla el compromiso de su
vocación cristiana y seamos testigos fieles de Dios ante
los hombres. Celebremos con profundo recogimiento y
alegría el día del Señor. Pónganse de pie para que
recibamos, cantando con entusiasmo, a los ministros de
esta celebración.
Primera
lectura: Isaías 6, 1-2a.3-8 (Vocación del profeta
Isaías)
La misión de Isaías no será fácil
porque deberá profetizar la ruina de Israel y Judá en
castigo a sus infidelidades. Dios purifica los labios
del profeta para que pueda cumplir su misión. Escuchemos
con atención.
Segunda
lectura: I Corintios 15, 1-11 (Evangelio de Pablo,
que recuerda su vocación)
San Pablo, que se considera indigno y
pecador, pero no ha defraudado la gracia que le ha sido
concedida, explica cuál ha sido el contenido de su
predicación. Que esta lectura ilumine nuestro diario
actuar para no defraudar la gracia que Cristo nos da.
Presten atención.
Tercera
lectura: Lc. 5, 1-11 (Vocación de los cuatro primeros
discípulos de Jesús)
La lectura del Evangelio de San Lucas
nos refiere una pesca milagrosa. Pedro se confiesa
pecador. En cambio el Señor llama a Pedro y a sus amigos
para hacerlos pescadores de hombres. No importa lo que
haya sido nuestra vida pasada, el Señor perdona y
olvida. Pero exige una conversión auténtica. Nos quiere
ahora santos a su servicio. De pie, por favor; cantemos
el Aleluya, para luego escuchar la Buena Nueva.
Oración
Universal:
Por la Iglesia,
santa y pecadora, purificada por el Espíritu de Dios y
necesitada siempre de conversión, roguemos al Señor.
Por los que
admiran Jesús de Nazaret y no han descubierto en Él al
Dios santo y misericordioso, que trasciende a todos y
está cercano a nosotros, roguemos al Señor.
Por los que
trabajan, como los discípulos, pescando en el lago
durante la noche: en la industria, en la tecnología, en
los hospitales, en los servicios públicos, roguemos
al Señor.
Por nuestros
hijos, para que como los discípulos, sepan descubrir a
Jesús, lo sigan y lo anuncien con valentía, roguemos
al Señor.
Por nosotros,
aquí reunidos; para que, acogiendo en nuestro corazón el
Evangelio de Cristo, sintamos su fuerza liberadora,
roguemos al Señor.
Exhortación
Final
(Tomado de
B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo,
España, 1993, p. 515)
Es justo
bendecirte, Padre, porque, como a los apóstoles,
Cristo nos llamó
por nuestro nombre a su seguimiento por la fe.
Por el bautismo
tú nos has incorporado al cuerpo de Cristo
y nos has hecho
templos del Espíritu y miembros de tu Iglesia.
¡Gracias, Señor!
Es hermosa nuestra vocación cristiana,
pero es también
vocación totalizante: en cuerpo y alma.
Ilumínanos,
Señor, con el Espíritu de tu verdad,
para que
entendamos qué es ser discípulo auténtico de Jesús.
Y haznos fuertes
para testimoniar los valores del evangelio
en medio de un
mundo que prefiere el desamor y la mentira.
Así
demostraremos que te pertenecemos para siempre.
Amén.