-1ra
lect.:
Jr 1, 4-5.17-19
-Sal
70
-2da
lect.: 1Cor 12,31 - 13,13
-Evangelio:
Lc 4,21-30
Monición de
entrada
Este es el cuarto domingo del año
litúrgico. La primera lectura nos presenta la vocación
del profeta Jeremías, quien no fue bien recibido por su
pueblo. Cristo, el gran profeta del Nuevo Testamento,
fue también rechazado por su propia gente. San Pablo nos
dirá que, en medio de este mundo hostil, tenemos que
practicar una virtud esencial, la caridad. De pie para
recibir la procesión con el cántico de entrada.
Primera
lectura: Jer 1, 4-5.17-19 (Te nombré profeta de los
gentiles)
La primera lectura nos habla de la
vocación de un gran profeta: Jeremías. Su misión:
"elegido para que diga todo cuanto Dios le mande
proclamar". Su actitud interna: "no debe desmayar ante
los grandes de la tierra". Sus pruebas: las
persecuciones. Su esperanza: "no podrán contigo, pues
Yo, contigo estoy". ¿Realizamos así nuestra misión
cristiana en el diario vivir? Escuchemos.
Segunda
lectura: I Corintios 12, 31-13,13 (Jerarquía de los
carismas. Himno a la caridad)
En su primera carta a los corintios,
San Pablo compone un himno sublime al amor. Lo describe
como paciente, servicial, desinteresado, excusándolo
todo, creyéndolo todo, esperándolo todo y que perdurará
por siempre. El amor es un don del Espíritu Santo. Así
debe ser nuestra caridad.
Escuchemos.
Tercera
lectura: Lc. 4, 21-30 (Jesús no es enviado sólo a los
judíos)
Como Jeremías, en la primera lectura,
Cristo no es bien recibido en su propia tierra. Llenos
de ira arrojaron a Cristo fuera de la ciudad. Cristo
continuó su misión hasta el final. Se necesita valor,
fuerza, gracia y auténtico compromiso para seguir al
Señor. Escuchemos, con mucha atención, pero antes
cantemos el Aleluya.
Oración
Universal:
- Por los que
han recibido la misión de anunciar al Evangelio: para
que lo anuncien sin temor, denunciando el pecado,
llamando a la esperanza, consolando, iluminado,
roguemos al Señor.
- Por los que
cumplen la ardua tarea de educar a los demás: para que
enseñen con autoridad, con coherencia: con la palabra
y el testimonio de vida, roguemos al Señor.
- Por aquellos
a quienes les cuesta reconocer la palabra de Dios en
la envoltura de la palabra humana: para que sepan
aceptarla con fe y humildad, roguemos al Señor.
- Por nuestros
jóvenes: para que, escuchando la palabra de Dios,
descubran la alegría de seguir a Cristo Redentor en la
vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.
- Por nosotros:
para que no rechacemos la palabra de Dios que nos
interpela, incluso cuando contradice nuestra manera de
pensar y de vivir, roguemos al Señor.
Exhortación
Final
(Tomado de
B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo,
España, 1993, p. 512)
Hoy, Señor,
nuestra plegaria es de humilde conversión.
Porque hemos
confinado tu palabra a la medida estrecha
de nuestra
rutina y cálculos mezquinos, ¡Señor, ten piedad!
Porque has
venido a nuestra comunidad y te hemos rechazado
silenciando la
voz de tus profetas, ¡Cristo, ten piedad!
Porque te hemos
encerrado en nombres vacíos de significado,
sin dejarnos
interpelar por tu Espíritu, ¡Señor, ten piedad!
Oh, Señor, Dios
nuestro, sorprendente en tus venidas,
no permitas que
apaguemos tu Espíritu dentro de nosotros.
Convierte
nuestros corazones a tu amor y al de los hermanos,
y manténnos
siempre despiertos en la alabanza de tu nombre.
Amén.