Isaías 62, 1-5
I
Corintios 12, 4-11 Juan 2, 1-12
Monición de entrada
La intercesión e María, la madre del
Señor, adelanta la “hora” de Jesús, la realización del
milagro. En el cuarto evangelio María es mencionada al
principio y al fin: en Caná y al pie de la cruz. Dos
momentos glorificación de Jesús: el primero y el
último. La maternidad divina de María es la explicación
cumplida de su vida y misión; es su razón de ser, su
condicionamiento previo y posterior: concepción
inmaculada y asunción gloriosa, pasando por su
virginidad y su participación en los episodios de la
infancia, vida apostólica, pasión, muerte y resurrección
de Jesús, así como en la prolongación de éste en la vida
de la Iglesia por el Espíritu. Empecemos esta
celebración cantando, de pie, por favor.
Primera
lectura: Isaías 62, 1-5 (El marido se alegrará con su
esposa)
En esta primera lectura escucharemos,
del profeta Isaías, un gozoso anuncio de la salvación de
Dios. De la misma manera que una pareja de enamorados
se aman y están alegres por tenerse el uno al otro, así
Dios ama a su pueblo. Presten mucha atención, por
favor.
Segunda
lectura: I Corintios 12, 4-11 (Un mismo y único Espíritu
reparte los carismas)
Durante algunos domingos, hasta la
Cuaresma, estaremos leyendo en la segunda lecturas
trozos de la primera carta del apóstol san Pablo a los
Corintios, donde Pablo nos presenta aspectos básicos de
lo que es ser cristiano y de lo que es la comunidad. Hoy
nos hablará de la diversidad de dones y carismas que
hemos recibido y que provienen de un solo Espíritu.
Escuchemos.
Tercera
lectura: Juan 2, 1-12 (En Caná de Galilea Jesús comenzó
sus signos)
La escena evangélica de hoy se sitúa
en una boda celebrada en Caná de Galilea. Según san
Juan, el milagro de las bodas de Caná es el primero de
los que realizó Jesús. “Así manifestó su gloria y
creció la fe de sus discípulos en Él”. Ésta es la
intención primera y última del relato. Continuamos así
las “manifestaciones” de Jesús como mesías e hijo de
Dios: Epifanía, Bautismo, y hoy Caná. Escucharemos esta
buena noticia, pero antes, entonemos el Aleluya, de pie,
por favor.
Oración
Universal:
- Por la Iglesia;
para que atienda solícita a las necesidades de todos y
preste su voz suplicante a los que pueden hablar,
roguemos al Señor.
- Por la unión de
las iglesias; para que los sarmientos separados sean
injertados en al vid que es Cristo, roguemos al
Señor.
- Por los enfermos
y todos los que sufren; para que el vino del amor
fraterno endulce su amargura y mitigue su dolor,
roguemos al Señor.
- por los esposos;
para que no se vuelva agrio el vino de su amo,
roguemos al Señor.
- Por los jóvenes,
especialmente los de nuestra comunidad y parroquia;
para que sepan responder a la llamada del Señor a la
vida religiosa y sacerdotal, roguemos al Señor.
- Por nosotros,
invitados a la mesa del Señor; para que sepamos
ofrecer a todos el vino del consuelo y la alegría,
roguemos al Señor.
Exhortación
Final
(Tomado de
B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo,
España, 1993, p. 506)
En verdad eres
digno de toda bendición, Dios Padre,
porque nos diste
como madre a María, la Madre de Jesús.
Hoy la vemos a
su lado en funciones de intercesión maternal,
como acostumbra,
preocupada siempre del bien de los demás.
Ese vino de la
boda, que ella consigue, es anticipo festivo
el banquete de
la eucaristía a la comunidad del reino de Dios.
Tú, Señor, que
nos diste a María como modelo de creyente,
ejemplo perfecto
de discípula de Jesús, madre de la Iglesia
e imagen
esplendorosa de ésta misma en su plenitud final,
concédenos
caminar con ella, alegres en el seguimiento de Cristo,
y respondiendo
fielmente a nuestra vocación cristiana.
Amén.