Monición de entrada
Buenas
noches, (días, tardes) hermanos en Cristo. Comenzamos un
nuevo año litúrgico, y es san Lucas quien con su
evangelio nos va a servir de guía en nuestro intento de
llegar a Jesús. Nuestro mundo actual está hecho de
violentos contrastes. Los maravillosos progresos de la
tecnología no van al paso con lo que parece ser un
estancamiento o retroceso de la cultura y la moral. Este
mundo podría ser mejor, pero sólo Dios le dará la
perfección total al fin de los tiempos, porque ni la
vida personal ni la manera de ver el mundo tiene sentido
si no damos cabida a Dios entre nosotros. Cristo vino
una vez como salvador y creemos que vendrá otra vez como
juez. Hasta entonces nos toca responder a las exigencias
y retos de la historia. El Señor nos manda a vigilar en
la oración para recibirle cuando venga. Vigilancia es
reflexión y oración, es fuerza. Pidamos unos por los
otros en esta Eucaristía, para poder prepararnos para
acoger al Señor en la intimidad del amor. De pie por
favor para recibir la procesión con esperanza y alegría
con el cántico de entrada.
Primera lectura:
Jr, 33:14-16 (Suscitaré a David un vástago legítimo)
Los reyes históricos decepcionaron
las esperanzas que en ellos había puesto el pueblo.
Pasaron sin establecer el reino de justicia y de paz
anhelado por todos. El Mesías esperado descendiente de
David, vendrá y revelará a Dios, que verdaderamente es
nuestra justicia. Escuchemos.
Segunda lectura:
1 Tes.3,
12-4.2 (El Señor los fortalezca para cuando vuelva
Jesús)
La esperanza cristiana se abraza con el
amor en su dimensión universal, llegando más allá de
toda frontera, de toda discriminación y de todo
condicionamiento. Presten
atención.
Tercera lectura:
Lc. 21. 25-28.34-36
(Se acerca su liberación)
La esperanza cristiana sobresale por
encima de todas las tragedias humanas. Los cristianos
debemos aprender a interpretar los momentos más
difíciles de nuestra historia como pasos que nos llevan
a la liberación. Tras ésta interpretación optimista,
debemos buscar afanosamente la manera concreta de
hacerla realidad. De Pie por favor.
Oración Universal
Por la Iglesia; para que, en medio de la
injusticia de este mundo, sepa anunciar al que viene: el
“Señor-nuestra-justicia”, Roguemos al Señor.
Por los gobernantes; para que,
procurando el bien común, defiendan los derechos de
todos y principalmente de los más débiles,
Roguemos al Señor.
Por los que están angustiados, en
trance de desesperación; para que encuentren junto a
ellos una mano amiga, que los levante, y sientan cercana
la liberación, Roguemos al Señor.
Por todos
los difuntos, especialmente los de nuestra parroquia;
para que pronto lleguen a la presencia de Dios vivo,
Roguemos al Señor.
Por los
jovenes de nuestras comunidades y parroquia; para que
sepan responder con generosidad a la llamada de Dios a
seguirle en la vida religiosa y sacerdotal,
Roguemos al Señor.
Por nosotros y
por todos los que comparten nuestra esperanza; para que,
amándonos unos a otros, procedamos siempre agradando a
Dios y, cuando venga el Señor Jesús, podamos
presentarnos santos e irreprensibles ante él,
Roguemos al Señor.
Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San
Pablo, España, 1993, p. 414)
Gracias,
Señor, porque al comienzo del adviento
nos das un
cariño y amigable toque en el hombro
a fin de
despertarnos de nuestra habitual somnolencia:
¡Estén
alerta porque es inmediata su liberación!
¡Gracias! Tú
eres la única esperanza que no nos defrauda.
Haznos
capaces de mantener cada día la tensión del amor
que vela
trabajando, sin permitir que se nos embote la mente
con el
vicio, el egoísmo, la soberbia y la ambición.
Queremos
vivir preparados, esperándote siempre alegres,
como si cada
día fuera el definitivo para tu esperada venida.
Así
aprobaremos el examen final del curso en marcha.
Amén.